Enfermeras equipadas con botas de siete leguas

Jaime Velázquez

PONTEVEDRA

Las diplomadas hacen las visitas a domicilio a pie por falta de transporte

12 feb 2008 . Actualizado a las 11:01 h.

Son las doce de la mañana. La enfermera Isabel Meijome debe realizar una cura a domicilio. Igual que el resto de sus compañeras hará el camino a pie. Las trabajadoras del ambulatorio Virgen Peregrina realizan los trayectos de esta manera desde el pasado 1 de febrero. El motivo; la falta de un medio de transporte facilitado por el Sergas.

Los itinerarios, a veces, no exceden de los diez minutos. Otras, se prolongan hasta más de una hora. Hoy toca ir hasta el barrio de Estribela, junto a Marín, a cinco kilómetros de Pontevedra. Meijome empleará algo más de una hora en recorrer esa distancia; la cura no le llevará más de quince minutos.

La enfermera lleva zapatos planos, pantalones, chaqueta y el abrigo en la mano. «Hoy es hasta agradable. Lo malo será cuando llueva y haga frío», vaticina Meijome. Al brazo lleva un maletín con los materiales necesarios para atender al paciente. Gasas, suero, hidrogel para las quemaduras, bisturí, pinzas, apósitos y un fonendo. Peso total, unos dos kilos.

Desde el ambulatorio Virgen Peregrina hay que descender hasta As Corbaceiras para enfilar hacia Marín. Además de la de Estribela, Meijome tendría que realizar hoy una cura más. Con todo el camino que aún le queda por recorrer, no le dará tiempo. «Ya le llamé y le dije que tendría que ir por la tarde, aunque se haya termina mi jornada laboral. Nosotros las curas y las extracciones no las vamos a dejar de hacer, pero está claro que no nos da tiempo a hacerlas todas si vamos caminando a los sitios».

A saltos por la mediana

El camino es no es fácil. Primero hay que caminar por el arcén para sortear los coches aparcados en la Avenida das Corbaceiras. Después, la calle se convierte en el ramal de salida de la autopista. Hay que cruzar los dos carriles del vial. Saltar la mediana y cruzar la otra calzada. Los coches pasan a gran velocidad mientras se camina por el arcén.

Las enfermeras de atención domiciliaria llevan años reclamando al Sergas que ponga a su disposición un vehículo para realizar las salidas. «Yo entregué un escrito a la gerencia hace ya siete u ocho años. Entonces me respondieron que el transporte debíamos pagarlo nosotros. También se lo hemos planteado esta nueva consellería. En diciembre decidimos empezar a parar durante diez minutos todos los jueves para reivindicar el transporte, y dimos de plazo hasta el 1 de febrero. Como no ha habido ningún avance, pues decidimos hacer la visitas a pie», explica Isabel Meijome, contemplando ya las chimeneas de la factoría de Ence.

La enfermera ha recorrido ya la mitad del camino. Es la una menos cuarto. Aún quedan unos dos kilómetros y medio para el destino. «Esto es bastante llevadero. Lo malo es cuando tienes que ir a Tomeza, Ponte Bora o a A Canicouva, donde que tengo ir esta semana. La señora me decía «¡Ay! ¿E ti poderás chegar ata aquí co que hai que subir? Que para baixar axudas os Santos, pero para subir?». «Tranquila que se axudan para baixar han de axudar para subir, le decía yo».

Los enfermos y familiares son los que más acusan la falta de transporte de las enfermeras. En muchos casos los usuarios se ofrecen a recogerlas en coche para llevarlas hasta su domicilio. «Hay veces que nos dicen que nos pagan ellos un taxi; pero eso no puede ser, porque no son ellos quienes tienen que pagar el transporte; se supone que la sanidad es gratuita».

Un euro por paciente

Las diplomadas aseguran que el Sergas no les da las facilidades de transporte que debiera. «Dicen que ya nos dan un plus de dispersión, que es de unos doscientos euros. Pero que yo sepa en mi nómina no hay ningún concepto que ponga 'transporte'. Al final tienes que ir en tu coche, si lo tienes, y pagar tu la gasolina, el seguro...», explica la enfermera.

«Y lo de los taxis tampoco ?-continúa-. Nos dan un euro por cada paciente. Al final haces al mes unos 27 euros. No te llega ni para un viaje. Nosotros lo que queremos es que el Sergas llegue a un acuerdo con una empresa de taxis y que nos ponga vehículos, como los usan para llevar los análisis de los centros de salud de la comarca a Montecelo».

Tras alcanzar el paseo de madera el camino se hace más fácil. Meijome llega finalmente a Estribela a la una y cuarto de la tarde. Tras realizar la cura, emprende el regreso. «La mujer me ha dicho que cómo se me ocurre venir andado. 'A cura voi ter que facertela eu a ti', me ha dicho».