Las humedades atacan a la catedral de Ourense

Jesús Manuel García OURENSE/LA VOZ.

OURENSE CIUDAD

Patrimonio está avisado pero no da señales de actuar y el cabildo señala que el problema se ha agrandado

12 ene 2011 . Actualizado a las 13:56 h.

Son más de diez los puntos de filtración de aguas en el interior del primer monumento ourensano. El agua entra en la sacristía del Santo Cristo. Se filtra por parte de una bóveda y rezuma bajo la cajonería de madera. Las paredes caleadas denotan también humedad. En la girola, hay agua ante la capilla de San Pablo y la del Cristo dos Desamparados.

El muro de piedra que envuelve el ábside mayor tiene humedad que baja hasta la mitad. Los pilares que sostienen el cimborrio rezuman agua. En el del Evangelio emana líquido entre las piedras de la basa de una de las columnillas adosadas. Baja humedad hacia la tarima del presbiterio, hacia la cátedra episcopal y hacia la nave sur. Hay humedad en la mesa del retablo de San Miguel, agua que baja haciendo un reguero en el muro. Los tableros de juegos del bancal de la nave sur están empapados. Por si fuese poco, el recién restaurado retablo renacentista de la Quinta Angustia tiene su mesa húmeda. Hay filtraciones entre la torre de San Martiño y la nave sur, también en el archivo y en uno de los sepulcros artísticos de la citada nave.

Por efecto de la humedad se ha desprendido de la bóveda del brazo norte del crucero un trozo de mortero de 10 por 5 centímetros. Por fortuna no causó daños personales. La situación es preocupante. Habrá que revisar la cubierta del cimborrio y las terrazas que lo rodean y otras zonas de la cubierta del edificio que estarán tupidas de excrementos, hierbas y plásticos.

Ave incluida

Por dentro de la basílica revolotea un pájaro que anida dentro del cimborrio y echa sus excrementos por doquier, incluida la mesa del altar mayor. Al tratarse la catedral de un BIC, corresponde actuar a Patrimonio, que ya está informado. Pero ante el silencio, el canónigo Miguel Ángel González dice que llamarán a albañiles. «Las cubiertas las revisamos en septiembre pero el problema se ha agrandado. Yo salgo deprimido de aquí», dice.