Vehículos que paran o estacionan en zonas prohibidas provocan parte de los embotellamientos
24 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Coger el coche en la capital ourensana cuando la Navidad está llamando a la puerta es de valientes. O de pacientes. La ciudad ya ha adquirido los vicios de las grandes urbes en lo que a tráfico se refiere. Y llevándole la contraria a lo que sería lógico: que esos problemas no deberían existir en Ourense, una ciudad para caminar en la que los puntos más distantes del centro están comunicados por un razonable servicio de transporte urbano. De este modo, en determinados momentos, se producen atascos que viene provocados no solo por un parque móvil que crece cada año sino también porque, en el fondo, la ciudad sigue siendo un pueblo. De ahí que a muchos conductores no le duelan prendas en subir un coche a una acerca, dificultando el tránsito a los peatones, o dejarlo en un carril derecho (sirven como ejemplo la avenida de la Habana o Ervedelo pero ocurre en diferentes puntos de la capital) ralentizando la circulación. Parar el coche frente lugar de destino, aunque no esté permitido aparcar, acaba teniendo un efecto embudo para el resto de conductores.
Peor con la lluvia
Todas estas circunstancias se elevan a la enésima potencia cuando hace mal tiempo y en fechas señaladas. Ahí la Navidad se lleva la palma. A lo largo de esta semana la circulación en el centro y en algunos accesos, como los próximos a los centros comerciales, se ha convertido en una tortura. Y en muchos casos no por la densidad -que también y entra dentro de lo previsto- sino por la comodidad. Por la comodidad de unos pocos.
Un coche aparcado frente a una tienda de juguetes en plena avenida de la Habana a las siete de la tarde provocaba ayer un embotellamiento en el cruce de esta calle con Valle Inclán. Es solo un ejemplo.
También está la doble fila que puede hacer que un coche se quede atrapado en un aparcamiento, por dos vehículos estacionados de forma irregular mientras sus propietarios están en una cafetería próxima. Y no hablamos del centro. Ocurrió ayer en el barrio de O Couto. Otro ejemplo más.
La Policía Local extrema el control en los accesos a los centros comerciales y en zonas de especial intensidad del tráfico. Pero el trabajo que realizan los agentes choca, demasiado a menudo, con los comportamientos incívicos al volante. Y eso que es Navidad. O precisamente por eso.