Son vascos, catalanes o brasileños de nacimiento y regresan a la tierra de sus padres buscando un futuro mejor
14 may 2009 . Actualizado a las 23:42 h.En la década de los setenta sus padres abandonaron Galicia en búsqueda de un futuro prometedor. Madrid, Barcelona, Bilbao, o ciudades de Europa fueron algunos de los destinos escogidos. Treinta años después, sus hijos hacen el camino a la inversa. Holandeses, alemanes, vascos o catalanes de nacimiento retornan a la tierra que vio nacer a sus progenitores anhelando mejorar su calidad de vida.
Mientras algunos han decido formar parte de la plantilla de empresas, otros muchos han plantado la semilla de su propio negocio, como en el caso Salomé Lopezosa, que dejó su Badalona natal para instalarse en Verín y abrir un local de comidas preparadas, A Cociña da Pepa. «Necesitaba un cambio en mi vida, empezar de nuevo y disfrutar de las pequeñas cosas», asegura esta joven emprendedora.
Negocios propios
«Por circunstancias personales, hice las maletas y me embarqué en este proyecto con mi madre, es cierto que los cambios cuestan, porque dejas atrás a tu familia y amigos, pero merece la pena». Una opinión que también comparte María Belén García, que dejó Holanda, el país al que llegó con seis años, para retornar a la comarca con su marido e hija. Tras inaugurar una tienda especializada en niños, mira hacia el pasado y sonríe asegurando que está encantada con el regreso, ya que «necesitaba romper la cadena de la emigración», y añade que «de este modo he formado mi propio negocio, en un campo que me gustaba mucho, y en el que he logrado tener clientes no sólo de Verín sino también de otros puntos de provincia e incluso de Portugal».
Ayuda de domicilio
La consolidación de una idea convertida en un proyecto exitoso es una cuestión que también busca Milagros Vázquez. Tras regresar de Alemania hace sólo nueve meses, ya está trabajando en la construcción de una empresa de ayuda a domicilio para «ofertar un servicio durante las veinticuatro horas todos los días del año a la gente mayor».
Sus historias no son más que la punta del iceberg de muchas vivencias similares. Mientras Antonio Justo abandonó Bilbao, Abilio Cañizares dejó Brasil, su patria, a la que emigraron sus abuelos hace varias décadas y al igual que ellos entonces, tiene la esperanza de una vida mejor. Una situación que la administración local conoce, y en la que lleva trabajando desde hace más de un año, tal y como reconoce la teniente de alcalde Carmen Pardo «a través de la puesta en marcha del plan director municipal de incentivo al emprendedor», en el que existen líneas de financiación específicas en forma de microcréditos, banco de alquiler empresarial o subvenciones del 100% del importe del impuesto de bienes inmuebles, por un período de tres años a quienes adquieran locales para su actividad económica.