Un carné de conducir para una abuela coraje

OURENSE

María Sanz Alonso, con 71 años, logró en un año y tres meses superar el exámen

03 jun 2008 . Actualizado a las 11:13 h.

Un romántico diría que el carné de conducir de María es el triunfo del amor. De hecho comenzó las clases en la autoescuela el 14 de febrero del 2007 y lo hizo porque su marido, Benito Álvarez, apenas puede caminar -y tampoco conducir- desde que hace dos años fue operado de la espalda.

Aunque tienen piso en A Valenzá, María y Benito son de la pequeña localidad de Ferreiro de Alén, en la parroquia de Grou de Lobeira. Allí pasan varios meses al año atendiendo sus fincas y compartiendo los días con sus únicos dos vecinos fijos: María Rodríguez y Manuel Dacosta. El problema es que «aquí a línea pasa dóus días á semana, o luns e o venres, e él ten que ir varias veces ó mes ao médico».

Así que, romanticismos aparte, el logro de María Sanz Alonso es fruto del coraje de esta mujer a la que la vida nunca le ha regalado nada. «Marchei a buscar a vida polo mundo adiante con tres fillos pequenos e un marido enfermo, e traballei vinte anos como unha negra en Venezuela limpando oficinas para sacalos adiante» cuenta emocionada, sobre todo por el recuerdo del primer marido y el hijo que perdió. Sus vecinos la animan, y no dudan en matizar «e fixo máis que moitos homes».

Curiosamente el exámen teórico lo pasó a la primera «e fun a que saiu antes dos sesenta que estábamos ese día», comenta María entre risas. También se sonríe cuando recuerda que el director de la autoescuela sospechaba que copiaba los test que hacía en casa «con moito esforzo e quedándome ben tarde, que ata o meu home rifaba conmigo».

Bastante más le costó el práctico, del que ayer hacía la sexta convocatoria. «Non me entendía co primeiro monitor que tuven e a examinadora das primeiras veces tamén era moi rabuda», afirma. A ello hai que sumar que «non iba de seguido á clase, pero ao final dixen, nin patacas, nin viñas, póñome solo a esto, e vouno sacar». Y el esfuerzo valió la pena. Ayer María estaba casi más contenta por la sorpresa y la alegría que llevaron su cinco nietos, su hijo -que reside en Venezuela- y su hija, que por ella misma. «Cando empezei, a nena, que vive na Coruña, díxome que non me metese neste lío a estas alturas, que eu era moi nerviosa, pero mira, aquí estou», recordaba ayer.