Muchos más seguidores de lo habitual en las gradas de O Couto contagiaron a un Ourense que también mostró su mejor imagen con motivo de la visita del Real Madrid Castilla. El fútbol, en todo caso, es a veces demasiado cruel y los rojillos perdieron su mejor partido de la temporada, el de las llegadas más claras a la meta rival y el de fútbol más fluido, hasta que pagaron finalmente el esfuerzo.
Lozano ya sobresaltó a los asistentes en menos de dos minutos, tras el primer servicio de un voluntarioso Jaime Moreno, pero al contrario, un balón suelto en el área local lo aprovechó Gary para adelantar a los merengues poco después. El mazazo no hizo más que espolear a un combinado ourensanista que acumuló oportunidades de Jaime y Anxo en el cuarto de hora inicial, mientras que Moreno tampoco supo remachar otra vertical incursión del estilete rojillo.
Sólo en el ecuador de este primer tiempo reapareció el filial madridista y enseñó sus garras el mediático José Callejón. El de Motril cabeceó alto un buen pase desde la derecha, después se encontró con el pie de Taranilla, al culminar una buena triangulación por la izquierda y, a la tercera, no perdonó tras una magnífica asistencia de Mosquera.
Parecía que los anfitriones se estrellaban contra un muro y aún así no bajaron los brazos, porque casi a renglón seguido, Anxo volvió a ser un puñal en la entrada al área y Felipe tuvo que deterner su galopada con una pena máxima que sancionó Nanclares Centeno, pero sólo dejó en tarjeta amarilla al guarmeta pese a impedir con su falta una acción manifiesta de gol.
Al de Laxe no le tembló el pulso y recortó distancias, justo antes de que llegaran otras buenas opciones para marcar, por parte de Lozano y Jaime, ambas perdidas por encima del larguero.
Se mascaba que el Ourense estaba vivo y así lo ratificaron tanto Lozano como el omnipresente Anxo, que ensayó desde más de cuarenta metros, con apurada réplica del meta forastero. Ese empeño, sin embargo, terminó de modo abrupto por la expulsión de Oli, que vio su segunda cartulina amarilla en el minuto 58. Además del esfuerzo físico realizado, la misión de acorralar a un rival plagado de jóvenes de sobrada movilidad se antojaba imposible.
Incluso parecía más cercana la puntilla madridista, en las contras que buscaban a Callejón y en la presencia de Nieto por la banda derecha, donde sólo se encontraba a un esforzado Jaime Moreno al que se le amontonaban las tareas. Pero los de Mandiá tampoco mataron el partido, se limitaron a dormirlo, con el riesgo de alguna acción esporádica, como el disparo de Yebra que atajó bien Felipe y otro del mismo Moreno que se marchó rozando la madera.
Los minutos jugaban a favor de un Castilla que tocaba y retocaba, comprobando de paso que las fuerzas de su rival se agotaban de modo paulatino. Un duro castigo para un Ourense que se mostró ambicioso y no tuvo recompensa, esa fortuna del campeón que sí parece acompañar a la aureola del conjunto merengue.