Si

Fernando Salgado
Fernando Salgado LA QUILLA

OPINIÓN

10 dic 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Los manuales de estilo periodístico proscriben el uso de verbos en modo condicional a la hora de titular. La prohibición, muchas veces vulnerada, está más que justificada. No hay ninguna noticia detrás de encabezamientos de este tenor: Pilar Farjas podría ser nombrada ministra de Sanidad / Mañana podría registrarse un terremoto en Coirós / Feijoo podría dimitir el viernes. Podría o no podría: ambas opciones son posibles, aunque admito que el grado de probabilidad es distinto en cada caso. Pilar Farjas no fue ministra, el terremoto será o no será noticia mañana y lo de Feijoo lo sabremos por el periódico del sábado.

No solo los periodistas incurrimos repetidamente en ese error. Mariano Rajoy, deseoso de sembrar optimismo en vísperas electorales, acaba de tropezar en la misma piedra al emitir su mensaje central en la pasada Cumbre Iberoamericana. La economía española podría crecer más del 2 % el año próximo, dijo. Podría hacerlo y podría no hacerlo. El propio presidente, curándose en salud, ha desgranado algunas de las condiciones necesarias para que no descarrile su titubeante profecía. Entre el deseo y su materialización solo se interpone la conjunción condicional si (no confundir con el adverbio afirmativo sí, cuya tilde lo cambia todo) y su capacidad de multiplicarse en estos tiempos convulsos.

Si el precio del petróleo, que bajó un 40 % desde mediados de junio, se mantiene por debajo de los 70 dólares por barril. Si el euro, situado en su cotización más baja desde agosto del 2012, continúa depreciándose con respecto al dólar. Si la prima de riesgo sigue nadando en las plácidas aguas actuales, a pesar de la colosal bola de nieve del endeudamiento público. Si los países socios, y en especial Alemania, Francia e Italia, eluden la tercera recesión y logran salir del estancamiento. Si Estados Unidos no cancela abruptamente sus políticas expansivas y no sube los tipos de interés. Si el Plan Juncker consigue finalmente multiplicar los panes y los peces, y distribuirlos equitativamente entre quienes más los necesitan. Si Bruselas abandona su manía obsesiva de imponer nuevos ajustes. Si todo eso y alguna cosa más se cumplen, habemus fumata blanca e incienso para Rajoy.

Un poema de Rudyard Kipling, cuidadosamente enmarcado y colgado en la sala noble, reflejaba el ideario del colegio lucense que cobijó mi adolescencia. Se titulaba como este artículo -Si- y establecía trece requisitos para alcanzar la meta. De cumplirlos, concluía, «tuya es la Tierra y todo lo que hay en ella, y lo que es más: serás un hombre, hijo mío». ¿Qué nos exigía el poeta a los imberbes colegiales para acceder a la gloria? Cosas como estas: «Si puedes conservar la cabeza cuando a tu alrededor todos la pierden [...] Si puedes confiar en ti mismo cuando los demás dudan de ti [...] Si puedes soñar y no dejar que los sueños te dominen». Cinco décadas después, aún me pregunto qué condiciones no habré cumplido. Pues si bien me hice un hombre, al menos a mi manera o a la de Sinatra, parece obvio que ni la tierra ni lo que hay en ella son míos. Ojalá, por nuestro bien, no le ocurra lo mismo a Mariano Rajoy.