La España cañí está que se sale

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

12 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTÁ que se sale la España cañí y tiene para exportar a la globalización del mundo mundial. Nuestro Producto Nacional Bruto va viento en popa y es de temer que le coma el terreno al Producto Nacional Fino, si no escampa. Veamos. Un conspicuo petrucio dice y escribe que no le va la « jerga» castellana -tal cual, la jerga ¡ahí queda eso!- pero que alguna la vez la practica para hacerse oír y entender de los que no le atienden o no lo entienden, o ambas cosas, en la lengua que él habla. Y es que él tiene lengua propia y no le ocurre lo que, por ejemplo, a los andaluces, generosamente compadecidos por otro conspicuo del nueve largo, Maragall, que les reconoce, sin embargo, un cierto tono cultural. Un militar dice lo que no debería decir en el ejercicio de la autoridad que se le encomienda. Lo de menos es si te parece bien o mal lo que dice. Lo de más ya se lo han hecho notar: cuando pase a la reserva puede explayarse a gusto en sus opiniones, tanto da sublimes como futrosóficas. Y lo grave también está dicho, pero tiene que estar en la Constitución y con bastante más prisa que los tejemanejes sucesorios de niño o niña. La Constitución es civil, política y sin otros vigilantes que los ciudadanos con sus votos, capaces incluso de anularla. Eso sí, si por el horizonte aparece la polvareda de los tártaros o se nos viene encima una de extraterrestres, ahí tiene el militar campo para ocuparse y que se lo agradezcamos. Y un recuerdo emocionado, Castelao en mano, a aquél que llegó a Excelentísimo Señor por riguroso turno de antigüedad. Por ejemplo, a presidente del Tribunal Supremo para que le pregunten y se luzca con una ingeniosa y equilibrada analogía entre ejercer en Cataluña y hablar catalán e ir a Sevilla y bailar sevillanas. Tan fina y culta ponderación debería servirle a Maragall para, además de pedir rectificaciones, hacer reflexión sobre su merluzada de que los andaluces no tienen lengua propia . Bueno, lo de merluzada se nos queda ahora corto y con lo de hablar catalán / bailar sevillanas el Excelentísimo Señor Jurista nos ha dejado el Atlántico sin faneca ni jurel. Queda apuntado a las diez tonterías más gordas de la Historia de España y a sus herederos puede quedarles un momio de derechos de autor muy considerable. En la España cañí todo se da la mano con todo, es un sistema «où tout se tient», que dicen por Francia, un sistema de «velas vir», que decimos por aquí. La comparación de hablar catalán con bailar sevillanas no es incoherente con la pretensión de que las lenguas son de los países y no de los paisanos y, por tanto, se te puede expedientar y sancionar ... ¡normalizar! ... para que hables tu lengua. En definitiva, sería bueno que el mismo respeto pleno y público que se debe tener a quienes hablan catalán en Cataluña se les tenga a los que allí hablan español y no lo hacen en plan de minoría borde de infiltrados. En las oposiciones, además de temarios gordos, debería haber algún test psicotécnico.