El espectáculo de monólogo que Piedrahíta realiza el fin de semana en La chocita del Loro de Madrid es un éxito de público. Su equilibrio para provocar al espectador, sin que este se ofenda, y esa entrega a observar de un modo delirante las pequeñeces del día a día lo han convertido en un referente humorístico en nuestro país.
-¿El monólogo es una moda?
-El monólogo se importó de América cuando empezó El club de la comedia, al que yo me presenté justo al acabar la carrera, pero como guionista. Mandé un guión sobre los bombones, les gustó y luego me llamaron para realizarlo y gané. A mí la estética americana me interesa poco, me interesa mucho más la española, Gila, Tip y Coll, toda la gente de La codorniz, Tono... También Ramón Gómez de la Serna, Jardiel Poncela, Julio Camba, Fernández Flórez. Me parecen humorísticamente mucho más interesantes. Pero es verdad que en la televisión se ha puesto de moda, es una fórmula que no es muy difícil, aunque destacar no es fácil.
-A usted le inspira lo cotidiano, ¿por qué?
-Me es rentable porque no tengo que invertir palabras en un escenario o un set up. Hablo de lo reconocible. No tengo que decir: va un alemán alto, con un loro aquí y entra en un restaurante de chinos, con las puertas más bajas... [risas] Vas a lo que todo el mundo sabe: ¿cada cuánto se echa a lavar un pijama? Pues no se puede decir más con menos. A mí lo que me interesa es eso como comienzo para llevar a la gente al surrealismo.
-¿Qué le sugiere esa frase de «tiene un humor muy inteligente»? ¿Hay humor sin inteligencia?
-Es difícil de definir. El humor vive de lo inesperado, siempre y cuando eso no tenga una consecuencia funesta. Pero risa y humor no siempre van unidos. Si te emborrachas y te da la risa, no es humor. La risa histérica o nerviosa tampoco. Y el chiste de Forges, o de Mingote, o de El Roto es una sonrisa del cerebro. No te ríes, solo piensas ?qué cabrón este tío?. Pero el espectáculo que yo hago está pensado para que haya mucha risa, por eso es a esta hora [las 19.30], por eso hay esta luz...
-No le interesa meterse con el otro.
-No. Me interesa el humor más poético, más de la imaginación.
-¿Y a la hora de escribir sus monólogos piensa en lo distinto que es el público, unos andaluces, otros gallegos, otros madrileños...? ¿Piensa en cómo unirlos?
-No. Porque yo además tengo una forma de pensar, de construir el humor muy de La Coru de toda la vida, esa es la forma en que yo hago mis monólogos y los momentos del show del teatro. Y la gente lo valora, al final da igual de dónde seas, lo que importa es lo que cuentas y cómo lo cuentas.
-¿Se imaginó alguna vez este éxito?
-El éxito no debe perseguirse, es una consecuencia. Yo siempre he buscado hacer lo que me gustaba.
«A mí la estética americana del monólogo me interesa poco, me interesa mucho más la española: gila, tip y coll... O TODOS LOS DE ?LA CODORNIZ?»