La polémica rodea la versión escénica del famoso cómic de Marvel, una producción con banda sonora de Bono y The Edge que costará más de 65 millones de dólares
24 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Son las cinco de la tarde y en la avenida Broadway de Nueva York un niño llamado Mike juega a lanzar telarañas ficticias al aire. Acaba de asistir a una de las sesiones previas de Spiderman: Turn off the Dark, el último musical de esta famosa avenida y el más caro de toda su historia, con más de 65 millones de dólares invertidos en el montaje y una banda sonora compuesta por los miembros de U2 Bono y The Edge.
La inesperada muerte en el 2004 del productor de la obra, Tony Adams, dejaba huérfano a un musical con el que había soñado hace ahora ocho años. Su idea, no obstante, ha conseguido sobrevivir a numerosos desastres, como el abandono hace unos meses de sus dos protagonistas; la crítica encarnizada de la prensa especializada o los interminables retrasos, la mayoría de ellos atribuidos a complicaciones técnicas por los responsables del montaje.
Descrito por sus productores como «un desafío a la gravedad», Spiderman: Turn off the Dark pretende hacer historia no solo por su elevado coste, sino por sus sofisticados efectos especiales, que incluyen decenas de números acrobáticos que han desatado las alarmas en algunos sindicatos de actores, que consideran demasiado arriesgadas las exigencias del guión. El augurio se cumplía el pasado lunes, después de que Christopher Tierney, uno de los secundarios de esta superproducción, se cayera en plena función desde más de diez metros de altura por culpa de un arnés defectuoso.
El accidente, que ha dejado al actor con varias costillas rotas y una hemorragia interna, ha obligado a los productores a revisar y reforzar las medidas de seguridad, pero no ha detenido el espectáculo, que continúa estos días con sus pases previos.