El estreno de «Eclipse», tercer filme de la saga «Crepúsculo», convocó a decenas de fans. Todas coinciden: adoran a Edward
01 jul 2010 . Actualizado a las 13:44 h.El amor eterno continúa siendo la meta. Los jovencísimos fans de Crepúsculo, la saga de novelas de Stephenie Meyer, desechan la cultura de lo efímero. Rechazan frontalmente los agujeros que la generación de sus padres dejó en forma de divorcios, cuernos y egoísmo. Ellos sueñan con fundir su corazón con otro corazón. Y que permanezcan juntos toda la vida, envueltos en el romanticismo total, el del nosotros dos contra el mundo. Cualquier otra forma de relación es un fracaso.
«Yo creo que lo que le atrapa a la gente es que el amor entre Bella y Edward es para siempre y supera a todo. Es algo fortísimo, que no se rompe nunca. Eso es algo no se ve hoy en día». Quien habla es Iria Sánchez y se refiere a los protagonistas de la novela, la pareja que se ha convertido en el modelo de toda una generación. Todas quieren ser Bella. Y todas quieren que las ame Edward, el rostro que ha conquistado los pósteres, las carpetas y los fondos de pantalla de todas estas chicas.
Iria acaba de cumplir 22 años y luce un colgante y una camiseta del filme. Aguarda su turno en la cola de los cines Yelmo del centro comercial Espacio Coruña. Va a asistir a un maratón de siete horas. Objetivo: ver todas las películas de la saga, incluido el estreno de Eclipse, la última de ellas. «Por mí como si fueran 15 horas», comenta. Con ella acude Lorena Martínez. Se conocieron en una quedada de fans de la serie convocada por Internet. «Yo soy la más friki del mundo en este tema», confiesa riéndose. «Tengo de todo: colgantes, pulseras, camisetas, pósteres... me encanta la historia y sobre todo ese amor tan bonito y puro. Él es un vampiro, ella una chica humana, se encuentran y se mantienen para siempre. Engancha».
Ese amor rocoso y resistente a todo es el primer abrazo. Pero el hecho de que esté protagonizado por frágiles jóvenes cuya tez blanca la resaltan con ropa negra también se revela como otra de las claves. «La iconografía de Crepúsculo es muy lograda, por eso se han hecho tan famosos. Cuando yo leía los libros no había tantísimas fans, pero poco a poco ha desembocado en un fenómeno», dice Lorena, con 20 primaveras y romanticismo a raudales.
En toda la cola no hay nadie que no haya leído los libros de Stephenie Meyer. El veredicto se repite: «Me leí todos los libros, los prefiero a las películas», dice Paula Teijido, de 14 años. Tamara Rodríguez, con 28, piensa lo mismo: «Yo fundamentalmente soy fan de los libros. Desde que leí el primero me enganché totalmente. Las películas están bien, pero no son lo mismo. Tú siempre te imaginas las cosas de otra manera».
Chicos y adultos
Observando el bullicio a la puerta de los cines se puede hacer una radiografía inicial del público de Crepúsculo: chicas jóvenes de entre 14 y 28 años. «Sí, no es solo una cosa para adolescentes. Yo conozco hasta un club de fans de madres», comenta Iria Sánchez, fan con galones: hace dos meses se hizo con el premio de un concurso de preguntas sobre la serie en la Fnac de A Coruña.
Llama la atención la ausencia de chicos. «Es que les da vergüenza reconocerlo -opina Lorena Martínez-. A mi hermano le encanta, pero luego no lo admite en público». Iria va más allá: «A todos los chicos que conozco que leyeron el libro les gustó, porque lo sé. Otra cosa es que lo reconozcan delante de sus amigos. Les gusta tanto como a nosotras».
La cola avanza y la excitación colectiva dirige sus pasos a la butaca. Antes, muchas optan por hacerse una foto con el cartel del filme. Iria se coloca el lado de Edward. Le da un beso. «Es sumamente perfecto», dice suspirando. Parece una niña a la que salen corazoncitos de los ojos. Sí, como las enamoradas de los dibujos animados.