Michelle Jenner: «Anda que no he currado yo agostos, y me siento afortunada»

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Michelle Jenner estrena «El nido».
Michelle Jenner estrena «El nido».

«Muchas veces el terror no está fuera, está dentro de casa, en la familia», advierte la actriz que nos atrapó como Sara, la hija de Paco. Esta reina más humana que católica avanza el estreno de «El nido», escribe su primer guion y confiesa su debilidad por Galicia

07 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El arte del cine le viene de cuna. Hija de actriz y bailarina y de un consagrado actor de doblaje español, Michelle Jenner (Barcelona, 14 de septiembre de 1986) dice que en su casa «siempre se ha respirado creatividad, amor y respeto por el arte». «Mis padres han hecho que lo ame desde niña», asegura la actriz, que estrena el 11 de septiembre El nido, un thriller psicológico de Hugo Stuven que nos recluye en el hogar de una madre sobreprotectora completamente aislada del mundo. Michelle pasó a ser parte de la gran familia del público televisivo español como Sara en Los hombres de Paco, como Isabel se marcó a una reina más humana que católica, capaz de gobernar un mundo solo de hombres, nos llevó de la cocina al romanticismo que desarma diferencias de clase con su masa de azúcar en La cocinera de Castamar, acarició el Goya como actriz revelación con el drama No tengas miedo, y los jóvenes de la casa no dejan de recordarla como Hermione en Harry Potter. «Ser actriz de doblaje es otra rama de la interpretación. Cuando estás en una sala a oscuras, tú desapareces. Desaparecer en la oscuridad de una sala haciendo simbiosis con otra actriz sin que se sepa que eres tú especial. Esta es una profesión mágica, que me ha permitido aprender cosas que luego he utilizado mucho en mi trabajo como actriz», cuenta. ¿Te dicen mucho esa frase de Hermione de...? «Lo estás diciendo mal, es leviosa, no leviosááá», se ríe. Cuando vio la primera película de la saga de Harry Potter, ya era fan de los libros del niño mago creado por la superventas J. K. Rowling.

La magia la sigue sintiendo en cada interpretación a la que dice que sí.

—En una entrevista en el 2018, al hilo del estreno de «La catedral del mar», nos decías que las «malas son atractivas». Estamos en un momento de revisión de estereotipos. «El nido» invita a hacer ese ejercicio, a ver la familia y la maternidad de otra manera.

—Sí. La película te pone como espectador en una situación incómoda, y eso me gusta. Tenemos tendencia a juzgar sin conocer, a posicionarnos. Al principio, ella [Marta, la madre a la que interpreta Michelle] da una imagen que dices: «Es mala». Enseguida la juzgas. Pero esta película todo el rato va dando la vuelta y dándote cada vez más piezas para comprender a este personaje, para entender por qué es así. Piensas: «Al principio pensé que era una cosa y es otra». Es algo que me gusta de El nido.

—¿«El nido» da otra perspectiva del instinto protector de las madres? Vemos al niño, pero también vemos a la madre como una criatura herida.

—Absolutamente. Ella es una criatura herida. Y muestra también el poder que tienen las creencias sobre las cosas que hacemos en la vida. Desde fuera, estás juzgando a esta mujer, pero cuando te metes en su piel comprendes el porqué de todo ese miedo, de esa protección que a ella le sale como si fuese una loba. Ella hace lo mejor que puede con lo que tiene. Y lo único que tiene en su vida es este niño, al que quiere cuidar por encima de todo.

Jenner en una escena de «El nido».
Jenner en una escena de «El nido». Xavier Farré

—Impresionante la interpretación de Dylan Radley. ¿Difícil rodar con niños?

—Dylan ha sido un descubrimiento para todos. Es todo amor y ha sido tan fácil trabajar con él... Es tan buen actor, tan buen compañero... Con este niño no es nada difícil trabajar. Al contrario, me tenía alucinada. Todo el rato buen rollo, lo pasaba superbién, le encantaba estar ahí, ¡y mira que he tenido secuencias complicadas con él! Yo le decía: «Ahora voy a hacer esto, pero es todo mentira. Yo te quiero mucho», y él a veces me miraba como diciendo: «Qué tonta, ¡si ya lo sé!». Estaba todo adaptado a su edad. Había partes del guion que él no conocía. El gran secreto, de hecho, él lo descubrió al final, en las últimas escenas. Primero, por su edad, y luego porque era guay que no las supiera para interpretar de otra manera.

—Es singular la mirada sobre el niño, sobre las relaciones madre-hijo no como si fuesen de igualdad.

—Sí, y es que hay momentos en los que en ella ves a la niña, que solamente surge cuando está a solas con su hijo. Porque es una mujer con partes oscuras y que en muchos momentos tiene que ser dura. Pero sigue habiendo en ella una cosa infantil y vulnerable, y es la que sale cuando está con el niño.

—Aquí está otra cara de la romantización de la vida en el campo y de la idealización del concepto de familia. ¿La familia es zona de guerra?

—Puede serlo, claro. El terror puede ser algo que no está fuera, sino dentro. En tu casa. En tu familia. En tu nido. A lo mejor es ahí donde reside la maldad.

—Lo que pasa en casa no debería quedarse en casa, podríamos decir. ¿El reto de Marta es soltar el lastre familiar, lo que la encadena al miedo?

—Sí. Al final en esa familia todos tienen sus mochilas, todos van arrastrando esas mochilas, que pasan a la siguiente generación. Mi personaje libra esa lucha por no pasarle ciertas cosas al niño.

—Seis semanas de rodaje en Barcelona. La localización recuerda a aldeas de Galicia. ¿Qué tal la experiencia, fue muy intensa?

—Fue un rodaje concentrado, muy intenso, con dos escenarios. Recuerdo el primer día que pisé ese decorado. ¡Me impregné de cada esquinita de esa casa! El rodaje fue fantástico; todo el equipo tanto técnico como artístico estaba totalmente volcado. Tuve de nuevo la oportunidad de trabajar con el gran Derqui; a Luisa Gavasa la admiro tantísimo, con el niño ha sido una gozada... Y repetir con Hugo [Stuven] tras hacer la serie Dime tu nombre, una maravilla.

 «Tenéis playas en Galicia que parecen el Caribe»

—¿Te ha removido como madre interpretar a una madre tan especial?

—Sí. Ha sido un personaje duro. Es importante el trabajo previo, porque luego los rodajes son muy rápidos e igual no encuentras el tiempo para integrar ciertas cosas y que salgan. El trabajo previo fue exhaustivo. Incluso vi entrevistas y documentales de gente que había crecido en situaciones similares, cómo eran, cómo hablaban... Los hay, hay muchas historias de terror en casa, muchas más de lo que pensamos. Algunas escenas me supusieron un desgaste emocional muy grande. Pero como el personaje estaba integrado en ese trabajo previo, podía permitirme entrar y salir, respirar, reírme con el equipo...

—¿Es clave ese buen rollo?

—Para mí es muy necesario. No puedo estar 24 horas en personajes tan intensos. Se me agota la energía.

—¿Aún te gusta ponértelo difícil después de años de oficio?

—Como actriz lo que a una más le gusta es lo difícil, lo complicado, lo diferente, lo que no has hecho hasta ahora. Es el reto de lo diferente lo que te pone el nervio y el gusanillo, ¿no?

—Con menos de 40 tienes una larga carrera, diversidad de registros. ¿Alguna espinita? ¿Qué te queda por hacer?

—Siento que me queda mucho. No creo en eso de llegar a un sitio, en que llegas y ya está hecho. Para mí esto es un trabajo y un aprendizaje constante. Vives en la incertidumbre. Y yo me siento afortunada porque no he parado, pero siento siempre que me queda mucho por aprender. Es algo que me gusta de mi trabajo, un trabajo de equipo. Esa es la magia. Y ahora lo que estoy haciendo por primera vez es escribir, que no lo había hecho y me apetecía mucho. Estoy escribiendo un guion con Hugo. Es importante saber esperar a que las cosas lleguen...

—¿Has dicho que no a algún papel?

—¡A muchos! Me siento muy privilegiada por poder decir que no, y no siempre se puede. Una tiene que vivir y ganarse los dineros. Pero me he sentido con el privilegio de poder rechazar algunas cosas para poder esperar otras que me moviesen más. Es muy valioso tanto saber decir que sí como saber decir que no.

—¿Y cómo te decides por sí o no?

—Nadie tiene el código. Yo me muevo mucho por las tripas.

—¿Qué tal de vacaciones?

—¡Pocas! He aprovechado mucho el tiempo para escribir, pero ha habido tiempo para descansar un poco también.

—El verano también es para trabajar...

—¡Anda que no me ha tocado a mí currar en agosto! Muchos, muchos... Esta profesión es así, te da vacaciones sobre la marcha. A veces sobre la marcha suceden cosas muy buenas.

—¿Tienes vínculo con Galicia?

—Soy una enamorada de Galicia desde que rodé La sombra de la ley con Dani de la Torre. Pontevedra es una ciudad que me encanta. Dani nos enseñó muchos sitios.

—¿Y la zona de costa?

—Espectacular. También la conocí a raíz de ese rodaje. Tenéis unas playas que son preciosas, de aguas cristalinas, que parecen el Caribe.