Miriam Hernández, 25 años, lo sabe todo sobre Corea: «Quedé entre las diez primeras en el concurso mundial»
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Esta canaria de 25 años estaba pasando un mal momento cuando el algoritmo de Netflix «la salvó». Aterrizó en un k-drama por casualidad, y la cultura coreana la atrapó. Confiesa que ya ha visto cerca de 300, lleva seis años estudiando coreano y planea mudarse allí
07 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Lo sabe todo de Corea del Sur. Se ríe ante esta afirmación, pero no solo sabe que es así, sino que confiesa que se lo dicen de vez en cuando. «Fue gracias a Quiz on Korea, un concurso mundial de cultura de la KBS, la mayor cadena de radiodifusión pública de Corea del Sur, en el que representé a España, y quedé entre los diez primeros, pero siempre digo que me queda mucho por aprender», dice Miriam Hernández (Las Palmas, 2000), que acaba de publicar Todo es K. De los k-dramas al k-pop: el sueño de un futuro que ya es nuestro.
Este idilio coreano comenzó una tarde de agosto del 2019. Miriam estaba pasando una etapa personal un poco complicada, no le apetecía salir mucho de casa, se puso Netflix para pasar la tarde, y entonces: «El algoritmo me salvó. Porque me recomendó una serie coreana. Hasta ese momento, yo no había pensado en Corea en ningún momento de mi vida, sabía dónde estaba, pero no había tenido interés más allá. Y recuerdo que al acabar el primer capítulo, algo cambió dentro de mí. Se originó un efecto mariposa que continúa a día de hoy», relata esta joven canaria de 25 años. A esa serie le siguió otra, y otra, y otra. Dice que ha visto unas 200, antes de confesar que «debe de haber visto unos 300» k-dramas, como se llama a las series de origen coreano. Ella ya llevaba unos meses sumergida en la cultura coreana cuando llegó la pandemia, y, aprovechando el confinamiento y que en el Instituto King Sejong de Las Palmas daban clases de coreano gratis, se apuntó para no depender de los subtítulos.
Lleva seis años estudiando coreano, y, en su equivalencia con el inglés ahora mismo tendría entre un B1 y B2, es decir, puede mantener conversaciones fluidas, pero dice que le queda mucho por aprender para llegar a un nivel nativo. Ella se iba formando a la vez que los astros se iban alineando, porque después de años sin que España participara en el concurso Quiz on Korea, una competición televisiva sobre cultura coreana, el consulado de la República de Corea en Las Palmas solicitó organizar la fase previa. Sobra decir que se presentó y ganó, por eso en el 2024 viajó a Corea para representar a España. «Éramos 20 representantes de países de todo el mundo, y yo quedé en el top 10, creo que de octava», cuenta Miriam, que ya ha estado en el país cuatro veces, y planea una quinta para este verano. Cada año, cuenta, descubre algo diferente. Por ejemplo, el año pasado fue por primera vez a la isla de Jeju, uno de los principales destinos vacacionales, y este, además de pasar unos días en la capital, —«al final, Seúl siempre te absorbe», apunta— tiene pensado ir a Busán. Para ella, esta ciudad costera, la segunda del país, es uno de los imprescindibles a visitar junto con Jeonju, Jeju, y, por supuesto, Seúl.
La primera vez que puso un pie en Corea fue en el 2023. Se fue a estudiar un programa de coreano en la Universidad de Sogang, donde conoció a muchos estudiantes con los que a día de hoy sigue en contacto —por videollamada para poder practicar su coreano, y en persona cada vez que va—. Después de haber visto tantas series y de haber escuchado tanta música, cuando aterrizó por primera vez no se produjo ese choque entre lo que imaginaba y la realidad, porque se lo encontró tal cual estaba en su cabeza. «Caminando por las calles de Seúl me sentí como los protagonistas de mis series favoritas, fue una sensación superfamiliar, como si fuera mi casa, como si hubiera estado mil veces... La cultura es superbonita, tiene unos valores de respeto increíbles en los lugares públicos, como el metro y la guagua (el autobús) que son de admirar... y que me gustaría que algún día se fueran expandiendo por todo el mundo. Y la gente es supercercana, tú decías que venías de España, incluso de Canarias, y te reconocían por toda la relación que ha habido históricamente entre el archipiélago y Corea».
Pero si hay algo que Miriam destaca por encima de todo es el respeto y la sensibilidad de la gente, con la que se sintió identificada. «Es una mirada más parecida a la mía —apunta— que la que puede tener otra parte de Occidente, porque cuando tú ves un k-drama percibes esa parte emotiva, otorgan un valor a los pequeños detalles que en otros lugares no se da, y creo que es una manera muy romántica de ver la vida y de experimentarla, y eso es lo que más me gusta». Recuerda que cuando estuvo en el 2023 iba todos los días a comer a un restaurante y siempre pedía el mismo plato. Le llegó a coger mucho cariño a la mujer que gestionaba el negocio, que cada vez que la reconocía le servía «un poquito más de acompañamiento». «Me trataba como si fuera su nieta, son pequeños detalles, pero que yo decía: “¡Dios mío, es superbonito!”, y de hecho hablo en el libro de estos conceptos: Han, Seung y Jong. Este último habla de ese sentimiento de altruismo, de amor al prójimo», explica.
LA CULTURA DEL ESFUERZO
Lo que más le ha llamado la atención a Miriam es el silencio que se percibe al viajar en metro. «Además, yo estoy acostumbrada a Canarias, que hablamos superalto, somos superescandalosos, y que te subes a la guagua y una persona que no conoces de nada te dice: “¿Qué pasó, mi niña?, ¿cómo estás?”, pero allí es un lugar de calma y de reposo, y es una norma social que no está escrita, pero que una vez que empiezas a darte cuenta ya no te sale hablar alto», indica Miriam, que mientras que en Canarias disfruta de ir hablando con sus amigas en el autobús, en Corea no deja de ser ella, pero trata de amoldarse a la cultura del país. Como gran conocedora de la región, cree que hay determinadas cosas que no se entienden bien fuera de allí, como la cultura del esfuerzo, que, asegura, tiene sus luces y sombras. «Al final, es un país que sufrió la crisis, que estuvo partido en dos con una guerra civil, y a día de hoy, realmente siguen en guerra, aunque no lo parezca. Por todo lo que vivieron y han sufrido es normal que esa cultura del esfuerzo se siga manteniendo y puede que tenga su parte negativa por esa competitividad, esa presión académica y laboral que hay, pero también evidencia que son un país, una comunidad, que se ha dado cuenta de que tenían que trabajar duro para conseguir lo que querían, y un claro ejemplo es todo lo que está pasando con el éxito de BTS. Esa cultura del esfuerzo tiene sus partes positivas y negativas, y muchas veces se señala de manera negativa, pero hay que entender el contexto histórico y cultural por el que existe».
Nombra a BTS como exponente de un fenómeno, el k-pop, que ha arrasado, literalmente, en todo el mundo. Asegura que en el éxito «no hay fórmula secreta y a la vez sí». «Siempre me remito a lo que dijo RM, el líder de BTS en una cumbre internacional, sobre que el k-pop es un mix o la fusión de muchas estilos y variedades musicales, y es precisamente la mezcla de tantas culturas lo que lo hace tan atractivo para las audiencias de todo el mundo. Al final, todos hemos acabado reconociendo una parte de nosotros en esa cultura. Y el sentirnos reflejados y proyectados es lo que ha hecho que conecte con nosotros una cultura que, por idioma, por lugar geográfico, y demás, nos sería ajena», explica Miriam, que añade que «la ola coreana no está aún ni en su cresta». Y que lo que se lleva cociendo desde principios de los 2000 no ha hecho más que empezar, aunque ya haya éxitos para la historia como BTS, que inspiró directamente la creación de la exitosa película animada K-Pop Demon Hunters de Netflix, Parásitos, o El juego del calamar. «Al igual que en su momento pasó con Estados Unidos y con su movimiento cultural, creo que toca la ola coreana», añade a la vez que propone para estrenarse en los k-dramas, Lovely Runner, «que tiene todos los tópicos del género con la esencia original», Moonlovers, «que permite conocer la parte histórica» y Bon Appétit, Your Majesty, que combina gastronomía e historia.
El objetivo de Miriam está claro: vivir en Corea, algo que planea para dentro de un par de años para cursar un máster de guion en Seúl, y luego buscar trabajo y establecerse por un tiempo. Mientras, continúa en Las Palmas, donde planea retomar la actividad del primer club de k-dramas de la isla, que ella misma fundó y que tuvo que pausar por el libro. Allí tiene casi una minicorea, ya que acoge a una de las comunidades coreanas más importantes de Europa —llegó a haber 11.000 ciudadanos en la isla—. «En los años 60 llegaron los primeros buques pesqueros surcoreanos, y eso también ha influido, y ha llevado a que haya un montón de restaurantes coreanos, debe de haber más de diez, y a que se montara el Instituto King Sejong», donde comenzó su idilio con Corea.