La historia de amor y éxito que nació en una cena de empresa

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Los odontólogos Gabriel Herrera y Ana Cores celebran sus coincidentes aniversarios personales y profesionales
Los odontólogos Gabriel Herrera y Ana Cores celebran sus coincidentes aniversarios personales y profesionales

«Aquella noche no hubo fuegos artificiales ni promesas, solo dos personas que caminan juntas», aseguran los odontólogos Gabriel Herrera y Ana Cores

04 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Trabajaban en la misma empresa, pero no se conocían. La clínica dental de Carballo en la que se ganaban la vida Ana y Gabriel organizó la tradicional cena de Navidad y aquella noche de diciembre cambió sus vidas, tanto en la faceta personal como en la profesional. «Nos conocimos y nos enamoramos. Todo fue muy rápido. Nos fuimos a vivir juntos, montamos nuestra propia clínica, nos casamos, tuvimos un hijo...», resume Ana Cores, copropietaria con su marido, Gabriel Herrera, de las clínicas Herrera & Cores. La chispa del amor nació en la comarca de Bergantiños y ahora cuentan con dos centros, uno en A Coruña y otro en O Temple (Cambre), que abrieron hace justo un año. «Justo. Tal día como hoy inaugurábamos la clínica con la que habíamos soñado durante mucho tiempo. Pero en realidad aquel día no empezaba nada. Aquel día culminaba una historia que llevaba muchos años escribiéndose», apunta Ana, que destaca que el aniversario coincide con el de su boda hace 13 años. «Es una coincidencia que nos hace sonreír y que resume perfectamente nuestra historia de amor y trabajo. Cuando abrimos la nueva clínica en O Temple, muchas personas se fijaron en el edificio, en las instalaciones o en la tecnología. Pero cuando hoy miramos atrás, lo que realmente nos emociona son las personas. Los pacientes que han confiado en nosotros durante todo este tiempo».

AQUELLA ETAPA DE LIMPIADORA

Parece que pasó mucho tiempo, pero esta historia de amor y éxito con todos sus capítulos comenzó aquella noche del 2012. «En el 2013 comenzaba un proyecto profesional basado en una idea muy sencilla: ejercer la odontología con rigor, cercanía y humanidad. Y, ese mismo año nos casamos. Hoy somos una familia profesional formada por más de 20 personas que comparten una misma manera de entender esta profesión y un matrimonio con un hijo de 10 años», resume. Una y otra vez insiste con una frase que repite varias veces: «Los edificios se construyen en meses, pero los proyectos que merecen la pena se construyen durante años». Ahora disfrutan del éxito profesional, de un proyecto familiar y empresarial que les entusiasma, pero Ana nunca olvida que vivió momentos muy difíciles. «Trabajé desde muy joven. Fui limpiadora, serví mesas, atendí en comercios y luché contra las circunstancias para perseguir una vocación que parecía demasiado grande para alguien que venía de tan poco. Llegué con una mochila llena de sueños y sacrificios y Gabriel apareció en mi vida cuando aún estaba construyendo mi camino, cuando todo era incertidumbre y esfuerzo. Aquella noche que nos conocimos no hubo fuegos artificiales y grandes promesas, solo dos personas que estaban a punto de encontrar el lugar al que pertenecer. Y, sin apenas darme cuenta, empezó a caminar a mi lado. A veces pensamos que el amor son las grandes declaraciones, pero con los años he aprendido que el amor verdadero se parece más a alguien que te sostiene cuando dudas, que cree en ti cuando ni tú misma eres capaz de hacerlo, que celebra tus victorias como si fueran propias y que convierte tus miedos en algo más ligero», reflexiona Ana. La historia de amor y éxito que nació en una cena de empresa está cargada de emociones, de sentimientos y de bocas sanas.

Aquella noche no hubo fuegos artificiales ni promesas, solo dos personas que caminan juntas”