Israel renunció a su puesto de director general para cuidar de su hija: «No es justo que el cuidado de los menores con discapacidad recaiga siempre en las madres»

YES

A raíz de la última operación de Loreto, Israel decidió dejar su cargo. «Es muy difícil llevar la dirección de una empresa en la que todo es urgente, cuando en casa tienes urgencias continuas, y algunas muy graves», asegura

18 mar 2026 . Actualizado a las 10:18 h.

Hace casi tres años que María e Israel nos contaron el milagro de su hija Loreto. A las 16 semanas de embarazo les dijeron que su bebé tenía una malformación cerebral grave incompatible con la vida. Les advirtieron de que como mucho cumpliría un año, en caso de que llegara a nacer. El 7 de julio del 2022 vino al mundo dos meses antes de lo previsto. Como pensaban que no iba a poder respirar, les dijeron que lo mejor «era dejarla ir, no mantenerla con vida de una manera artificial», y estuvieron de acuerdo. Pero eso no pasó. Aunque al principio le costaba, empezó a respirar con normalidad. Poco a poco, ella sola, sin ayudas externas fue abriéndose paso. Hoy, Loreto, la menor de cinco hermanos, y la única niña, va camino de cumplir los 4. Como dice su padre: «Con el diagnóstico acertaron, con el pronóstico, no».

 El camino no ha sido fácil, ha tenido que someterse a varias operaciones, pero también han recibido buenas noticias: Loreto es capaz de ver y oír y, gracias a muchas horas de terapia, ha podido dar sus primeros pasitos. Desde que nació María no se ha separado de su lado. Renunció a su trabajo como profesora para cuidar de ella, aunque nunca lo vio como una renuncia. «No permitiría que otra persona lo hiciera, siendo egoísta. Estoy absolutamente orgullosa de quedarme con mi hija, de cuidar, y darle todo lo que necesita», dijo hace tres años. Hoy esta situación ha cambiado. María ha vuelto a las aulas de infantil, y ahora es Israel quien se encarga de ella.

«El 1 de febrero dejaré mi carrera, y mi cargo como director general en The Hive —una agencia de comunicación— en stand by para ocuparme de lo que verdaderamente importa», dijo Israel en redes. «No ha sido una decisión fácil —continuó—, me encanta mi trabajo, viajar por toda España contando historias con imágenes, entrevistando y conociendo gente maravillosa, pero desde el nacimiento de Loreto ha sido muy difícil llegar a todo, en casa y en el trabajo».

La decisión la empezó a meditar en Semana Santa con la doble operación a la que se sometió la pequeña. Una cirugía muy compleja en la que le desmontaron los huesos del cráneo y se los volvieron a colocar, y que se complicó porque colapsaron, se montaron unos sobre otros. «Tuve muchísimo miedo, la verdad», confiesa. Mientras contestaba correos y atendía llamadas en el hospital se dio cuenta de que algo tenía que cambiar, de que su familia lo necesitaba más presente, y que su mujer, María, después de tres años tirando del carro, se merecía descansar y poder volver a su trabajo.

Fue en casa, ya más tranquilos y estables, cuando recibió un golpe de realidad que le hizo ver que en cualquier momento, en una de esas operaciones, podía perder a Loreto. «Me veía con el agobio de poder perderla y a la vez de contestar correos, llamadas, que eran muy urgentes también, porque estas cosas vienen cuando menos te lo esperas. Y me di cuenta de que mi familia necesitaba un padre un poquito más centrado», señala Israel, que dice que fue una decisión «meditada, compartida y que no es ningún drama».

Es consciente de que desde que nació la niña él pudo compaginar su trabajo porque su mujer ha estado en todo. Pero confiesa que cada día tenía que decidir a quién defraudar: a su trabajo o a su familia, porque no era capaz de llegar a todo, y eso le generaba «ansiedad, estrés, una sinrazón de vida muy difícil de llevar», y que ha aguantado casi tres años.

Un tiempo en el que ha estado grabando un documental por España y, cada vez que él salía de viaje, se generaba un problema gravísimo en la familia. «La niña tiene que ir a terapias, los niños al cole, si ya es difícil siendo dos, pues uno... Mi trabajo es bastante incompatible con la conciliación. Hemos hecho todo lo posible, en mi trabajo me han dado todas las facilidades que han podido, pero es muy difícil llevar la dirección general de una empresa en la que todo es urgente, cuando en casa tienes urgencias continuas y algunas muy graves». 

CAMBIO EN LA AYUDA

En julio del año pasado, de vacaciones, le empezaron a dar forma a esa reflexión y se informaron de que la ayuda que había estado cobrando María esos tres años y medio, la CUME —Cuidado de Menor Enfermo, «nuestra hija tiene cuatro de las enfermedades que aparecen en el Real Decreto»—, la podía pedir yo, sin que me afectara a la pensión, a la cotización... Es decir, si yo me quedaba en casa, iba a ser muy bueno para mi familia, y no iba a suponer un perjuicio económico». El cambio estaba en marcha. En septiembre, María comunicó su vuelta al colegio, e Israel, su salida de la empresa. Eligieron febrero para que él pudiera terminar el documental que tenía entre manos y evitar el final de año, que son meses álgidos para su sector.

Un mes y pico después, todavía tiene «por ahí facturaciones e intenta mirar el correo solo una vez al día, como mucho dos», pero está orgulloso de su decisión. María también. «Ella tiene una vocación absoluta por la educación infantil. Ha vuelto como tutora de niños de 3 años, y está encantada, aunque echa muchísimo de menos a Loreto. Pero su trabajo es mucho más compatible con la conciliación, lleva a los cuatro mayores al cole, los trae de vuelta, mismas vacaciones, no se “lleva” trabajo a casa, o sí, pero no es lo mismo. Yo estaba pendiente 24/7».

La decisión de Israel ha sorprendido, tanto que sus palabras en LinkedIn se han hecho virales. «Sorprende porque somos muy pocos hombres lo que damos el paso de coger esta ayuda. A mí me parece superinjusto que siempre que haya un problema en la familia recaiga en la madre. Si el abuelo se pone malo, es la mamá la que deja de trabajar. Si tienes un hijo con discapacidad, es la madre la que deja su vida para que los demás continuemos con la nuestra. Nosotros, al principio, cuando María cogió la CUME, no sabíamos cuánto iba a durar la niña. María no quería separarse de ella. Pero sí, un post, que era más para que mi gente, con la que yo he trabajado, supiera que no iba a estar tan presente, se ha convertido en algo muy viral. Me escriben de todas las partes del mundo alabando mi valentía y el gesto que he tenido... Y no debería ser así», indica Israel, que opina que lo normal sería que la decisión se tomara dentro de la pareja atendiendo a las circunstancias.

Igual que ahora sí que ha visto la necesidad de que María descanse, entre comillas, trabajando —«porque salir de casa es descansar para un cuidador», apunta—, él no visualiza llegar a ese punto. «No, porque yo soy una persona muy creativa. Mi misión ahora es contar que se puede ser feliz con una discapacidad grave, o con dos hijos, en mi caso. Voy a seguir contando historias, pero voy a contar la de mi familia, y que un diagnóstico en sí no hace que tu vida se pare, sino que puedes continuar, y de manera optimista. Porque tenemos muchas aventuras por vivir todavía. No sé cuánto tiempo nuestra hija estará con nosotros. El neurólogo nos ha dicho que ahora mismo me moriré yo antes, ha superado todos los pronósticos», señala Israel, que además de contar su nuevo día a día en redes, también está ofreciendo su historia a distintas fundaciones.

No oculta la emoción que sintió cuando tuvo que recoger las cosas de su mesa, aún no ha podido deshacer las cajas. Sus compañeros, entre ellos su hermano, le prepararon un vídeo muy emotivo en el que fue viendo sus veinte años de trabajo en la empresa, «cuando no tenía canas y llevaba una cámara al hombro». «Fue muy emocionante, pero sé que es el momento de estar aquí y ahora. Cada vez que acompaño a la niña a terapia, y veo cómo da esos pasitos que me vuelven loco, cómo sonríe, cómo balbucea..., me doy cuenta de todo lo que me estaba perdiendo». Los niños están encantados, les prepara una merienda especial todos los días —«llegan del cole y les tiene jamón cortado con pan y tomate»—, la casa está «más recogida que nunca» y ha puesto más lavadoras y secadoras en una semana que en toda su vida.

«A nivel familiar nos ha cambiado la vida, porque ahora hay un papá en casa siempre, que puede preguntar la lección, que prepara nuevas recetas para que comamos más sano, la compra está al día, antes siempre era una urgencia... Es lo mejor que podíamos hacer para la niña y el resto de la familia», concluye.