La vida de película de Margarita, que escribe novelas a los 87 años

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Margarita Centeno, vecina de A Coruña de 87 años que ha escrito varios libros
Margarita Centeno, vecina de A Coruña de 87 años que ha escrito varios libros Eva Vieites

Con dos libros ya publicados, esta mujer pasa sus días en las bibliotecas de A Coruña repasando su tercera novela, sobre la guerra de Yemen, y tiene una cuarta ya escrita sobre la minería en León

07 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Las bibliotecas reciben cada día a personas anónimas que hacen de estos espacios públicos un lugar imprescindible en sus vidas. Todas las mañanas en la de Sagrada Familia de A Coruña, y cada tarde en la del Centro Ágora llama la atención la presencia de una mujer menuda, discreta y sonriente. Ocupa siempre el mismo lugar y con una gran delicadeza llena las páginas de un cuaderno grande de doble línea con una letra clara y ordenada, a pesar de que sus dedos ya muestran la presencia de la artrosis propia de una mujer que casi roza los 90 años y que trabajó durante prácticamente toda su vida, desde la adolescencia. Hay quien pregunta si es una alumna tardía que está aprendiendo a escribir en su jubilación, pero nada más lejos de la realidad: Margarita Centeno ya ha publicado dos libros y tiene otros dos ya a borrador. Lo que hace cada día en las bibliotecas de las que es usuaria es pasar a limpio estos textos con historias que tiene en su cabeza y que plasma en un papel, siempre a mano, para después mandarlos a la imprenta.

La escritura es la afición de esta zamorana de 87 años que se crio en la montaña de León, emigró a Alemania y que vive en A Coruña desde los años setenta; sin embargo, es tal la inquietud por plasmar en libros las historias que idea en su cabeza que cada día pasa unas cuatro o cinco horas escribiendo. Margarita nació en Zamora en 1938, en el corazón de una guerra que le arrebató la infancia y le enseñó demasiado pronto el significado de lo que era una vida dura. Hoy, sentada en las bibliotecas de A Coruña, no solo lee; también crea. Con dos libros publicados y varios manuscritos bajo el brazo, esta mujer de mirada despierta y memoria prodigiosa es la mejor prueba de que nunca es tarde para encontrar una voz propia.

Margarita Centeno, en la biblioteca Ágora de A Coruña
Margarita Centeno, en la biblioteca Ágora de A Coruña Eva Vieites

Una vida dura

Su historia es la de tantos españoles que tuvieron que meter su vida en una maleta para poder salir adelante. En los pueblos mineros de León conoció a su marido, un coruñés que casi pierde la vida en la mina bajo el carbón de Sabero. Después de este accidente, la pareja decidió probar suerte en Alemania, siguiendo los pasos de unos familiares; pero entonces ya tenían tres hijos: «Los dejé pequeñitos en manos de mi madre en León», recuerda con una punzada de dolor que el tiempo no ha logrado borrar. La mayor tenía 5 años; el pequeño, apenas 6 meses. Fue una separación forzosa para construir un futuro en un lugar con mejores oportunidades para los trabajadores españoles. Allí, Margarita no solo aprendió el idioma (que aún domina y en el que incluso ha llegado a escribir), sino que descubrió su vocación. Empezó trabajando en el servicio de limpieza de un complejo hospitalario, pero su carisma y su trato con los pacientes no pasaron desapercibidos y el jefe del hospital la llamó a su despacho: «Margarita, los pacientes te quieren mucho», recuerda que le dijo. La ascendieron a auxiliar de enfermería, un oficio que desempeñó con pasión durante doce años. En medio, se quedó embarazada de su cuarto hijo y decidió volver a España para el momento del parto. Eran los años sesenta, y recuerda cómo le pagaron el tiempo que estuvo de baja. A los dos meses regresó a la emigración, esta vez con el hijo más pequeño, pero los tres mayores seguían en León. Alemania le dio la estabilidad económica que España le negaba, pero el corazón seguía en su país.

En 1975, con los ahorros de una década de esfuerzo, la familia regresó y se estableció en A Coruña, ya con la familia al completo reunida. Compraron un piso y una licencia de taxi que gestionaba su marido.

Parecía el final feliz, pero para Margarita empezaba otra lucha: la de su propia libertad. En una época donde el divorcio era un estigma y las mujeres a menudo callaban, ella dijo basta: tras años de un matrimonio marcado por el maltrato y el control económico, y alentada por la valentía de su hija mayor, decidió separarse. Se quedó con sus hijos y seguía trabajando como auxiliar. «Me decían que me quedara de señorita, pero yo siempre quise mi dinero y mi independencia», afirma con orgullo.

La escritura llegó con la jubilación, cuando el silencio de la casa le permitió escuchar sus propios recuerdos. Sin cursos de literatura previos, sin haber estudiado más allá de los 14 años, Margarita empezó a llenar folios. Su primer libro, La maldición de los Estévez, es un ajuste de cuentas con su propio pasado. En él narra la traición familiar que dejó a su padre sin herencia en Zamora y las penurias que marcaron su linaje. Cuenta que usó nombres falsos para proteger a los vivos, e incluso decidió utilizar un seudónimo con el que ha firmado todas sus publicaciones hasta ahora, Marita Sommer: «Quería hacer un guiño a Alemania, por eso me puse de apellido verano en alemán». Su segundo libro, compuesto por dos cuentos de ficción inspirados en su vida en Alemania, muestra una agilidad narrativa que sorprende al saber que no hay formación previa.

Margarita Centeno, muestras sus dos libros publicados, en la biblioteca Ágora de A Coruña
Margarita Centeno, muestras sus dos libros publicados, en la biblioteca Ágora de A Coruña Eva Vieites

Ahora dedica los días a pasar a limpio otra novela inspirada en la guerra de Yemen: «Mi padre siempre me hablaba de la guerra de España y yo he querido escribir sobre otra guerra», explica cuando se le pregunta por la temática. Sabe que para escribir de algo así tiene que ser fiel a la realidad, por lo que antes de ponerse a llenar páginas de sus cuadernos, se documentó por internet y escuchando testimonios de cooperantes de varias oenegés.

Margarita se levanta cada día sobre las ocho. Organiza la casa que comparte con uno de sus hijos, se prepara la comida y se va a una de las bibliotecas públicas que tiene más cerca de su casa. Después de comer, vuelve a la otra. «A veces veo a una pareja hablando o escucho una frase en la calle y ya tengo el inicio de un cuento», confiesa mientras señala sus cuadernos. No usa ordenadores; su literatura es de pulso y tinta, de memoria y mucha imaginación.

Ya tiene ganas de terminar el libro sobre Yemen. Son unas 500 páginas del cuaderno y ya ha revisado más de 300; va a una media de cinco páginas diarias. Después mandará todo el material a una correctora que lo pasará a limpio y con la que revisará errores, antes de llevarlo a imprenta. Está ilusionada con su proyecto y le sorprende que su historia llame la atención.

Este tercer libro quiere firmarlo con su propio nombre y ya piensa en el siguiente, que tiene escrito y que trata de un tema que conoce bien: la minería en las montañas de León. Con disciplina e ilusión, Margarita Centeno se acerca a los 90 años y, además de madre, abuela y bisabuela, es una escritora que ha demostrado que el talento no caduca y que la mejor historia siempre es la que uno se atreve a contar.