De estudiante de Psicología a pastor de cabras: «Vivo muy bien porque no tengo aspiraciones muy altas en la vida»
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Dejó su profesión por los chivos. Tiene 300 cabezas en su rebaño y se siente feliz con su estilo de vida. «Las vacaciones tienes que tomártelas de forma distinta, aprovechando los ratos libres del día a día»
26 nov 2025 . Actualizado a las 12:53 h.Que alguien decida ser pastor de cabras en pleno despegue de la era de la inteligencia artificial resulta asombroso. Pero que encima quien haya tomado la decisión sea un joven madrileño de 19 años es todavía más sorprendente —ahora tiene 23—. Y si a ello se le suma que era un estudiante de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid cuando tomó la decisión pues no es de extrañar que a más de uno se le quede la boca abierta. Pero lejos de poder parecer una decisión impulsiva, y a la que le falta coherencia, es todo lo contrario. Porque pocos argumentos tienen tanta sensatez como los que ofrece Javier de los Nietos. «Soy pastor desde hace cuatro años. Estaba estudiando Psicología en el momento en el que comencé, pero mi padre — su tocayo y alcalde de El Boalo, un pueblo de la Comunidad de Madrid— ya tenía una trayectoria en el pastoreo, sobre todo vinculado a servicios ambientales educativos y durante ocho años adquirió los conocimientos necesarios para la ganadería y la importancia de este tipo de proyectos para el medio ambiente. Cuando yo ya tenía una edad para emprender en el mundo laboral, me propuso comenzar en esto juntos, mano a mano», cuenta. Fue así cómo se inició en el mundo de la ganadería extensiva, del que ya no ha podido salir.
«Al principio no había beneficio porque teníamos que ir haciendo rebaño y las políticas de la ganadería son muy exigentes, están muy vinculadas al intensivo, y tienes que tener mucho ganado para que sea productivo. Nosotros empezamos con pocas cabras, pero ahora ya tenemos 300 animales. Hay más de cien que están castradas y las empleamos para servicios ambientales cuando las hembras están pariendo», indica. Una de las principales fuentes de ingreso para este joven es realizar tareas de limpieza de montes con su rebaño: «Tenemos acuerdos con entidades para hacer pastoreo en zonas de cortafuegos y luego también hacemos actividades educativas, como en la Universidad Autónoma de Madrid o en el CEU San Pablo. También en colegios. Hasta ahora ha sido todo así, pero ya queremos tener rentabilidad con la producción de carne. Porque hasta el momento no hemos tenido pérdidas, pero porque nosotros pastoreamos el rebaño», explica.
Javier ha combinado sus estudios universitarios con la labor de pastor: «Mientras estudiaba, por la mañana iba a clase y luego me iba a pastorear las cabras. Pero ahora, desde hace año y medio, ya me dedico en exclusiva a la ganadería y al pastoreo. Más que renunciar a mi carrera profesional, he decidido dedicarme a esto. Seguramente, en algún momento empiece a aplicar también la psicología, tanto en este proyecto como en otros. Pero, por ahora, no veo fecha límite. Aquí aprendo muchas cosas que no puedo aprender en otro sitio», reconoce. Uno de los aspectos con los que más disfruta Javier es conocer los pueblos y hablar con los vecinos: «Hacemos trashumancia por los pueblos de Madrid. Y al final donde más aprendes es hablando con las personas mayores, que son las que tienen ese conocimiento, y con otros colaboradores que están emprendiendo proyectos de agricultura».
Vivir del pastoreo
Pero vayamos a la pregunta del millón. ¿Se puede vivir de ser pastor? Javier no lo duda ni un segundo: «Pues este año estoy viviendo de ello. Y, gracias al proyecto que tengo con la Autónoma de Madrid, he podido contratar a una persona durante dos meses para que me ayude con el pastoreo. Entonces sí, se puede vivir del pastoreo». Javier se refiere al proyecto de renaturalización del campus de la Autónoma de Madrid. Durante varios meses, como en ocurre en sus períodos de trashumancia, las cabras se alimentan de los pastizales que encuentran a su paso, en este caso del campus universitario ubicado en Cantoblanco, en el distrito de Fuencarral y El Pardo (Madrid).
E insiste en que tiene sus pretensiones colmadas: «Considero que vivo muy bien, porque no tengo aspiraciones muy altas en la vida. Vivo muy vinculado a mi trabajo, porque es de las cosas que más me llenan. Tampoco soy muy consumista ni tengo un estilo de vida muy caro. Y vivir en el pueblo es también mi forma de vida, algo que la mayoría de la gente no quiere, aunque ahora hay cada vez más personas que también se lo estén planteando», indica.
Pero cuánto puede ganar un pastor al mes. «Soy autónomo y este año ha sido el primero que hemos tenido ganancias, que no es lo mismo que tener pérdidas. Porque pérdidas nunca hemos tenido. Pero haciendo actividades educativas y ambientales e incluyendo la venta de cabritos con una paridera al año, pueden vivir dos personas. Una de ellas a jornada completa y otra a tiempo parcial. Serían unos 1.500 euros al mes y otros 1.100, más o menos. Según mis cálculos, podría ser así», dice.
El día a día de Javier es sencillo, y alejado del estrés que sufrimos muchos, pero también le obliga a asumir ciertos sacrificios, aunque reconoce que los hace con gusto: «Madrugo bastante, pero no tengo que pegarme esos madrugones de las cuatro de la mañana para ordeñar y recoger la leche. Lo que sí, al hacer pastoreo, tengo que aprovechar y trabajar prácticamente todas las horas de luz. Eso hace que varíe mucho la jornada en función de la estación. En verano y en primavera trabajo más, mientras que en otoño y en invierno se reducen las horas de trabajo». También tiene que estar en plena forma, porque hace de media entre 15 y 20 kilómetros diarios. «Y luego vas adquiriendo algún conocimiento veterinario que te lo da la experiencia. Pero cuentas con la asesoría de un equipo veterinario que te ayuda. Pagas una cuota anual y tienes ese servicio por parte de profesionales. Y con las dudas que te van surgiendo, pues vas aprendiendo cosas», dice. Javier todavía recuerda la primera vez que vio nacer una cabra de su rebaño: «Fue la experiencia más bonita que he tenido. Y luego también, cuando la vives con amigos que nunca habían visto algo así, pues es precioso. Ves cómo es el vínculo entre la madre y el chivo, y que es algo natural e instintivo».
Relevo generacional
Cuando Javier tomó la decisión de hacerse pastor, siempre recibió el apoyo de su entorno. Nunca se sintió incomprendido por dar el paso de seguir el camino que iba a tomar, a pesar de tener una carrera universitaria a la que poder dedicarse: «Creo que a la gente le inspira y le motiva este tipo de proyectos. Yo he aprendido de mucha gente e incluso me aconsejan los caminos que puede tomar el proyecto. Y luego es que la ganadería no es nada nuevo. Es algo que lleva muchísimos años, aunque ahora se vea como una novedad que te dediques a ello. Evidentemente, el problema que tiene es que es difícil que haya relevo generacional, y que gente joven como yo quiera dedicarse voluntariamente a ello, pues impresiona. Pero es algo que lleva toda la vida y que debería seguir pasándose de generación en generación», subraya. Eso sí, reconoce que él no tiene vacaciones: «Te las tienes que tomar de forma distinta. Aprovechando los momentos libres que tienes en el día a día». Pero asegura que tampoco sufre de estrés: «El campo tiene unos procesos muy lentos y el estrés te lo generas tú mismo. Tienes que adaptarte y tener paciencia». Con lo bien que se le ve, seguro que a él le sobra.