José Manuel Suárez Sandomingo, pedagogo: «Si un niño no quiere ir a extraescolares, el problema no está en él »

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XOAN A. SOLER

«El refuerzo escolar debería darse dentro del colegio, no fuera», apunta el presidente de los pedagogos de Galicia, que insiste en que las actividades deben ser afines al alumno

19 sep 2025 . Actualizado a las 10:56 h.

Con el inicio del curso escolar también llegan las dudas sobre a cuántas actividades extraordinarias deben ir nuestros hijos, si tienen que ser solo deportivas o artísticas o también deberían ser académicas, si los niños deberían elegir a lo que quieren ir o hay que intentar mantener un equilibrio entre lo que necesitan y lo que les gusta... José Manuel Suárez Sandomingo, doctor en Pedagogía y presidente de Apega (Asociación Profesional de Pedagogos y Psicopedagogos de Galicia) nos aclara todas estas dudas. 

—¿Saturamos a los niños con tanta actividad extraescolar?

—Las extraescolares funcionan en varios sentidos. Ayudan a mejorar las habilidades del niño en aquellos aspectos en los que escolarmente no va bien. También ayudan a mejorar las habilidades que tiene y que le gusta desarrollar. Y luego está el tema de la conciliación. Los padres necesitan tener atendido al niño mientras ellos no pueden estar en casa. Entonces, son varias las funciones de las extraescolares. Que luego saturen o no, ya va a depender de cada caso. Porque hay padres a los que les agobian los niños y no sé para qué los tienen, y hay padres que simplemente saben que el niño tiene esa necesidad de completar el tiempo con otras actividades y así lo hacen. Aquí creo que la variable que está fallando en muchos casos es la escuela.

— ¿En qué sentido?

—Las actividades extraescolares pueden ser muy buenas para el apoyo de las actividades escolares. Y hay colegios que ponen permanencia de tarde para dar clases a los niños que tienen esa necesidad de apoyo escolar. Y eso tendría que ser una regla para todos. El refuerzo escolar debería darse en el colegio. Todos deberían tener unas permanencias para el niño, pero no para favorecer la conciliación, sino para darle ese apoyo que el menor necesita. Deberían ser en el colegio y las ANPA también deberían entrar en ese juego. Los colegios deberían ceder sus instalaciones para que los alumnos puedan hacer este tipo de actividades.

—¿Los centros educativos deberían liderar la oferta extraescolar?

—Sí, otra cosa es que no tienen por qué tener equitación, natación o así... porque ahí ya es decisión de los padres llevarlos a este tipo de actividades. Pero, en principio, las actividades escolares deberían estar reguladas dentro del colegio. El problema surgió cuando los colegios pasaron a tener horario solo de mañana. Y los niños algo tendrán que hacer por las tardes porque, a lo mejor, sus padres no pueden estar en casa. Las extraescolares nacieron al tener solamente clase por la mañana.

—¿Ahora son más necesarias que nunca?

—Sí, porque cuando había clase por la tarde, los niños iba a academias de apoyo o hacían otro tipo de cosas, pero era algo puntual. No era genérico. Ahora todos los niños tienen que hacer algo porque no les queda otra. No hay posibilidad de que los padres estén toda la tarde en casa. Y no estoy diciendo que los profesores tengan que hacer sobrecarga horaria. Estoy diciendo que se aprovechen esas instalaciones para hacer actividades que van a buscar fuera del centro educativo porque en él no tienen esa posibilidad.

—¿Es normal que un niño de 7 años tenga que ir a una academia?

—Cada niño es un mundo. Entonces, si los padres no quieren que el niño se retrase, de alguna manera tiene que tener apoyo. O se lo dan en casa, o buscan a alguien que lo apoye. Un hermano mayor, un vecino o una academia. Pero insisto en la idea de reutilizar las instalaciones del colegio para actividades por la tarde y así aprovechar un recurso público.

—¿Hay que apuntarlo a lo que los padres creen que es lo mejor para él o a lo que quiere el niño?

—Si el niño no quiere ir y no le gusta nada de lo que le ofrecen, el problema no está en él, sino en lo que le ofrecen. Las actividades tienen que ser afines al niño. Lo puedes apuntar a algo que necesita, pero también a lo que le gusta. No es cuestión de machacarlo continuamente.