La felicidad de volver al pueblo en verano: «Vivo en Málaga pero mi casa siempre será Arzúa, voy a terminar aquí»

CARMEN FERREIRO / S.F.

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Juan con el balón en casa de su abuela en Arzúa
Juan con el balón en casa de su abuela en Arzúa XOAN A. SOLER

Juan, a sus 25 años, disfruta mucho el reencuentro con su familia, pero también la tranquilidad y el sabor de las churrascadas

03 ago 2025 . Actualizado a las 13:37 h.

«Mi casa siempre, siempre, siempre será Arzúa. Si algo tengo claro es que, pasen los años que pasen, yo aquí voy a terminar», cuenta Juan emocionado. Este joven, de 25 años, que recarga ahora pilas en Arzúa después de haber estado todo este año trabajando en Málaga, dice que su única tradición, cuando vuelve a casa, es ser un «besucón» con su familia. «Me sale solo, al llegar a Arzúa tengo la necesidad de darles el cariño acumulado durante todo el año», afirma. Para Juan, el pueblo es su «lugar seguro», el único sitio en el mundo que le da tranquilidad y confianza; por eso, después de haber pasado tantos meses fuera, apunta que nunca valoró tanto Arzúa como lo está haciendo ahora mismo.

Cuando se le pregunta cuál es el primer sitio al que quiere volver cuando está lejos, lo piensa unos segundos: «Me viene a la cabeza la casa de mi abuela; aunque vivo con mis padres y mi hermana, siento que allí está el núcleo de la familia, el centro de todo lo que es importante», explica Juan, que, sin embargo, tiene clarísimo el plan perfecto para pasar un buen día de verano: una buena churrascada. «Estoy todo el año pensando en las comidas familiares en casa. Me flipa invitarlos a todos y organizar una buena churrascada en la finca de mi abuela. El hecho de juntarnos me encanta, aunque es mi padre quien hace el churrasco, el pulpo a la plancha, las navajas y, por supuesto, siempre con pimientos de casa… no se puede pedir más», indica.

Los desayunos en el Bar Plaza, al igual que los encuentros familiares, son una de esas tradiciones que no pretende cambiar por mucho que pasen los años. «Ahora un buen plan para mí es desayunar ahí con mi padre en verano, pero es que cuando era pequeño me gustaba hacer lo mismo con mis amigos, aunque entonces no ponía despertador», se ríe el joven, que trabaja en Málaga como publicista.

Este verano, en Arzúa, se ha llevado más de una sorpresa. «Me ha sorprendido lo bien cuidado que está Ribadiso, un área recreativa que tenemos aquí al aire libre con un río. En verano solíamos venir a tirarnos al agua, nos refrescábamos y pasábamos toda la tarde allí. Lo que sucede es que se fue descuidando y dejamos de frecuentarlo por lo mal que estaba. Ahora lo han adecentado y estoy contento porque, antes de irme a Málaga, volveré a ir dar un paseo por allí sin duda», comenta.

Ya va un año y siete meses desde que este joven se instaló en la ciudad andaluza persiguiendo su sueño como publicista. «Lo que más me choca es el tema del clima, también te digo, una cosa es ser turista en Málaga y otra vivir allí, porque cambia mucho el cuento», expresa Juan sobre las diferencias que encuentra entre una gran ciudad, como Málaga, y Arzúa: «Prefiero mil veces la tranquilidad que tengo en el pueblo que el barullo de Málaga, que es muy estresante», confiesa Juan que, de todas formas, está intentando buscar un equilibrio para sobrellevar la vida tan lejos de su casa». «Siempre llevo comida y bebida típica de Galicia. Abogo mucho por darles a conocer a mis compañeros de curro un poquito de Arzúa y les llevo de todo. El queso ya triunfa de por sí, pero el licor café les flipó a unos niveles estratosféricos. Y no solo eso, también los pongo en situación para que entiendan que si hay una cosa característica de una típica sobremesa gallega es este licor, en especial en los días de fiesta, como cuando nos juntamos en las churrascadas», apunta.

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Por el momento él aún no se atreve a cocinar, pero hace sus intentos. «Creo que la tortilla de Betanzos me queda bastante en condiciones, y hasta los padres de mi novia me lo dicen», se ríe. Sus compañeros no pueden tener queja, también les habla en gallego y siempre que puede en Málaga hace patria para que aprendan. «Me siguen bastante bien el rollo. Cuando llego por la mañana ya me saludan con ‘Bos días, rapaz’, y eso me hace ilusión», dice Juan, que alaba el interés de sus compañeros de trabajo por acercarse a Galicia. «A mí me gusta presumir de gallego, desde luego que es algo que me llevaré conmigo siempre vaya adonde vaya. Yo soy de pueblo. Al fin y al cabo, vivir en Arzúa me hizo ser como soy», concluye.

FOTO: XOÁN A. SOLER