Mi sostén

Fernanda Tabarés DIRECTORA DE VOZ AUDIOVISUAL

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27 oct 2021 . Actualizado a las 16:53 h.

Entre el descuido y el desprecio, la mujeres hemos mantenido una relación tirante con el sostén. Las feministas de los sesenta lo tiraron a la basura porque sus corchetes eran un símbolo explícito de opresión y hasta un instrumento de tortura y hace unos años la aristocracia de Hollywood promovió un Free the nipple que no llegó a cuajar entre la muchedumbre mamaria, más fiel de lo previsto a la sujeción underwear. Hoy, gracias a una reveladorísima entrevista de Loreto Silvoso, sabemos que el cien por cien de nosotras llevamos mal puesto el sujetador y que ese desastre nos aboca al estreñimiento, las migrañas y el dolor cervical.

La leyenda que ha de acompañar la prenda tan principal concede a Howard Hughes la idea de encargar a un ingeniero de su empresa aeronáutica el diseño de un sujetador inspirado en el Golden Gate que disparara las tetas de Jane Russell, actriz por la que el productor sentía una devoción casi mística. El artefacto fue confeccionado con 55 piezas y fijó una estética femenina de un torso interrumpido por dos misiles puntiagudos que todavía hoy observamos con asombro en las fotos de nuestras abuelas.

Las lecciones de Begoña Bermúdez Pérez, asesora de ropa íntima, en las páginas de La Voz, han abierto un debate de una profundidad inesperada por el órdago a la grande que nos endosa. Hemos mirado poco dentro de nosotras y nos hemos preocupado demasiado por lo que los otros miraban. Y esta realidad nos ha conducido al desastre. La observación implacable de Begoña concluye que elegimos talla de más en el contorno y de menos en la copa, una doble confusión cargada de significado como si de manera inconsciente promoviéramos en nosotras una figura masculina ancha de espalda y corta de teta que necesitamos rectificar. Y tenemos un problema de aros, convertidos por error en estiletes que avanzan sobre nuestras axilas como si libraran una batalla anatómica que estamos condenadas a perder.

Urge ya un catecismo firmado por Begoña Bermúdez titulado «nadie nos dice qué necesitan nuestras mamas» [sic] para entender de una vez y para siempre los misterios del sostén, la única prenda humana con dos tallas a la que hay que empezar a mirar más desde dentro y menos desde fuera.

Esto es lo que tienes que hacer para ponerte bien el sujetador

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No todo lo que reluce es oro. Y el uso de sujetadores no queda exento al refranero español. Begoña Bermúdez, experta en corsetería, lo sabe bien: «Todo lo que conocen las mujeres sobre el mundo del sujetador es incorrecto». Aunque a esta coruñesa, no le extrañe: «No hay cultura. Nadie nos dice qué necesitan nuestras mamas». Bermúdez regenta una consulta en A Coruña, y no hay día que pase sin ver un error.

El más común: el tallaje. «Nadie sabe cuál es su talla correcta», señala. Y así comienza la bola de problemas. No solo es estética, pues puede ocasionar estreñimiento, dolor de espalda o nuca y jaquecas. «El sujetador es la única prenda con dos tallas», detalla la experta. «Deberá ir acorde a nuestra estructura y a nuestra mama». Los cuatro elementos que forman el sostén desempeñan una función. Eso sí, «siempre que estén bien colocadas», dice Begoña, y añade: «Que no es lo habitual».

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