«Mi hermano me ha dado la vida»

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MARCOS MÍGUEZ

Alberto y Gerardo han sufrido como hosteleros la crisis de la pandemia, pero juntos han resistido, pese a la idea común de que trabajar en familia es el fin. «Con que me des la cena para llevar a casa es suficiente», la historia empieza así...

12 may 2021 . Actualizado a las 00:40 h.

Tener un hermano es el mayor tesoro, lo saben quienes como Alberto y Gerardo comparten ese vínculo, pero pocos tienen la suerte añadida de estrecharse en una unión a prueba de bombas. A veces esa fortuna no necesita grandes ocasiones para forjarse, se nota en el día a día, en esos pequeños detalles que de pronto sorprenden al que observa con sana envidia cómo se puede confiar tanto en otro. Tanto, al menos, como para trabajar con él, pegarse a él y apoyarlo en todas las condiciones. Alberto y Gerardo forman ese tándem, ahora tienen 34 y 30 años, pero desde que tienen memoria ha sido así, los dos han estado uno para el otro en todas las circunstancias, por eso Gerardo, el pequeño, quiere hacer constar este homenaje particular a su hermano mayor. «Hace diez años se murió nuestro padre de manera repentina y, aunque siempre estuvimos muy unidos, desde que falta él, Alberto ha estado abriéndome camino y apoyándome en todo. Sin su ayuda y su guía yo no estaría trabajando donde estoy; mi hermano avivó esa llama de emprendedor que ahora tengo», explica Gerardo en su local, La Sastrería, donde sirve copas. Es «heredero» de Taller de Sastrería, el primero que tuvieron juntos y que ahora lleva solo Alberto.

 «Este año para la hostelería ha sido durísimo, yo solo paré tres semanas -explica Alberto, el mayor-, porque enseguida me puse a hacer comidas para llevar a domicilio. De pronto ves que tu negocio, en el que había cuatro personas trabajando, se queda reducido a ti y te entra vértigo. Por suerte, tenía a Gerardo, a mi hermano, al lado, que me ayudaba a llevar los pedidos en el coche particular a nuestros clientes». «En esas circunstancias, recuerdo que cuando le iba a pagar a mi hermano -continúa Alberto-, porque éramos socios, él me soltó: ‘A mí con que me des la cena para llevar para casa es suficiente’. Eso solo lo puede hacer un hermano», concluye Alberto, que no olvida ese gesto porque tiene dos hijos y sabe de su responsabilidad.

Los dos son de Santa Comba y se vinieron para A Coruña cuando Gerardo decidió abrir su restaurante hace ya casi 15 años. En esa etapa se unió también su madre y las que entonces eran las parejas de dos. «Fue complicado, nuestra madre sufría cada vez que había un parón o un roce, así que terminó yéndose porque, a su modo de ver, si no lo hacía, era difícil salvar la relación con sus hijos». «Eso demuestra que trabajar con la familia no es sencillo, sin embargo, nosotros no nos hemos desgastado en eso», cuenta Gerardo, que solo ve un soplo a favor en esta unión. «Son muchos los que no querrían trabajar jamás con un hermano, sin embargo a mí Alberto me deja hacer y deshacer, él me ha generado la inquietud por ganarme mi propio pan y conseguir tener ahora mi local. Sin mi hermano, mi vida no sería la que es, sería más conformista, porque yo era de los que no quería complicarme».

 DOS CARACTERES FUERTES

¿Alguna vez habéis dejado de hablaros? «Un par de días, como mucho», responde Gerardo, «pero nada grave». «Yo no voy a dejarlo tirado nunca, los dos tenemos un carácter bastante fuerte, pero sabemos de qué pie cojeamos. Gerardo tiene mucho don de gentes, conoce a todo el mundo, en cambio a mí esa parte del negocio me desgasta mucho, soy más tranquilo», relata Alberto que tras este año duro respira aliviado porque su restaurante funciona muy bien: «Si después de esto hemos aguantado juntos el tirón, podremos con todo». A su lado, su hermano pequeño reconoce que de Alberto admira su capacidad de sacar tiempo para todos: para sus hijos, para su chica, para estar con su madre, «incluso para estar pendiente de mí», confiesa Gerardo: «No sé cómo lo hace».

«De pequeño, en el instituto, mi hermano me sacó de muchas, siempre fue el protector, el mayor, y un par de veces sin yo decirle nada, sé que se enfrentó y dio la cara por mí. Y en casa, cuando vivíamos con mis padres, si yo llegaba tarde y ellos no se enteraban, mi hermano se callaba, no me delató nunca», expresa Gerardo, que confirma que entre los dos hay secretos que nadie más conoce. «¿A quién le voy a contar primero las cosas si no es a él?, dice Alberto: «Es la persona en la que más confío, yo sé que le puedo pedir cualquier cosa que Gerardo estará ahí para apoyarme, para ayudarme en todo. Yo jamás podré romper ese vínculo con él, no sé cómo hay personas que son capaces, por ejemplo, de robarle dinero a su madre o a su hermano, porque si les robas a ellos, es como si te estuvieras robando a ti mismo», explica Alberto. «A mí mi hermano me ha dado la vida», le hace un guiño Gerardo. Los dos saben bien la suerte que tienen.