Lorena Bembibre, médica del Chuac y prescriptora literaria: «Dan igual los seguidores, lo importante es cuando alguien te dice que se ha vuelto a enganchar a un libro»

LA DOCTORA QUE RECETA HISTORIAS. Algunos pacientes la reconocen cuando la ven aparecer por las urgencias del Chuac. Post a post, Lorena Bembibre, Loenlasnubes en Instagram, se ha convertido en un referente en el mundo literario. Ella no escribe, pero lee y lo comparte con miles de seguidores

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Por sus manos pasan unos cien libros al año, los que lee de media, y ya quisieran muchos la repercusión de sus publicaciones en Instagram. Lorena Bembibre, médica de urgencias en el Chuac, es Loenlasnubes en la red social. Hace dos años, sumaba 17.000 seguidores. Hoy, va camino de los 32.000. Comenta lo que lee y realiza charlas con periodistas, editores, escritores o amigos lectores. «Promocionamos mucho la salud», dice sobre cuentas como la suya, entregadas al vicio de las buenas historias.

-¿Eres una influencer?

-Instagram es una oportunidad de compartir algo que es una pasión para mí y he hecho grandes amigos. Me dan igual los seguidores, lo que es una pasada es cuando alguien te dice que se ha vuelto a enganchar a un libro.

-Porque leer no cura, ¿o sí?

-Para mi salud mental, es imprescindible la lectura. Sería muy recomendable que todos la practicáramos más.

-Médica de urgencias en el Chuac, madre de dos niños, ¿cómo haces?

-Me lo suelen decir: «Me das una envidia...». Siéntate y analiza en qué inviertes tu tiempo. Todo el mundo tiene tiempo para leer, pero lo invertimos mal. Cuántas horas perdemos con el móvil sin hacer nada concreto, leyendo cosas que no nos llevan a nada, sino a hacernos mala sangre. O con la tele. No somos conscientes de los minutos que se nos van. Estoy más enganchada al móvil de lo que me gustaría.

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-¿Tus hijos son igual de lectores o ellos están más por YouTube y Twitch?

-Uno está en un club de lectura, algo genial para los adolescentes. Pero sí, se pasan horas con YouTube, sobre todo, el pequeño. Es una lucha constante. Ven vídeos de gente jugando a videojuegos, ¿en serio? «Por lo menos, ¡juega tú!», pienso. Evito que los móviles entren en los dormitorios por la noche. 

-¿Qué puede conseguir un libro?

-Uf... Puede hacerme olvidar hasta que tengo hijos, casi. Hay libros que te enganchan, te absorben. No se me quitan de la cabeza los personajes y busco los minutos para seguir avanzando. Cuando eso pasa, es una adicción total. Ese libro es como parte de la familia. 

-¿Los que leen son bichos raros?

-Creo que el confinamiento relanzó la lectura. Hay más gente leyendo de lo que pensamos. Mi comunidad no deja de crecer. Y no sé si las mujeres leen más, desde luego, se dejan ver más o tenemos mayor necesidad de compartirlo. En los clubes de lectura, presentaciones o talleres a los que iba antes de la pandemia, el público era mayoritariamente femenino. Un 90 % femenino. 

-¿Pudo leer algo en el 2020?

-Me costó concentrarme, pero hubo libros muy buenos en el 2020. Nuestra parte de la noche, en Anagrama, de Mariana Enríquez, es una novela gótica, súper oscura; Feria, de Ana Iris Simón, en Círculo de Tiza, me encantó, me hizo reflexionar muchísimo; o Rewind, de Juan Tallón. Me acuerdo del fin de semana que lo leí, el del 8 de marzo, cuando nos estalló una bomba a nosotros en el hospital. Es como si lo hubiera escrito para mí. Fue el libro perfecto en el momento perfecto, porque eso influye. Acabo de leer Hamnet, de Maggie O'Farrell, en Asteroide, y sé que será uno de mis libros favoritos del 2021. 

-¿Cuáles salvarías en un incendio?

-Supongo que libros especiales, dedicados por amigos, tienen una carga emocional importante. Un poemario de Dores Tembrás, comentado de principio a fin, sería uno de ellos. O mi favorito, Vida y destino, de Vasili Grossman, y El nombre de la rosa, de Umberto Eco, el que me convirtió en lectora adulta. Lo leí en la facultad y me di cuenta de todo lo que podían darme unas hojas escritas. Ninguno de mis padres era muy lector, pero había una habitación que llamábamos la biblioteca porque tenía un estante con libros. Casi todos, en gallego, Memorias dun neno labrego, de Neira Vilas, Castelao... Podían negarme un juguete, pero nunca un libro. Ahora, tengo muchas dificultades para guardarlos. Los conservaba para mis hijos, pero, una vez al año, intento hacer un repaso y procuro regalar a alguna biblioteca, a una amiga, un hogar de acogida... Así hago sitio para los nuevos. 

-¿Indignan más los antivacunas o los famosos que se lanzan a escribir y se autodefinen escritores?

-Son diferentes productos de lo mismo, de la ignorancia. Hay que saber quién eres, qué tienes que contar y ser prudente. Con la escritura y las vacunas. La gente se cree que por leer cuatro tuits tiene un doctorado. Cuando me preguntan sobre medicina, lo que no sé, lo consulto. Hay quienes temen la vacuna contra el covid. En esta vida, no hay nada gratuito y los efectos secundarios compensan el riesgo de tener la enfermedad. Pasa todos los días, la misma aspirina o un paracetamol pueden provocar un efecto secundario gravísimo. Si la gente que sabe de esto asegura que son seguras, me fío. Pasó con el ébola, cualquier cuñado opinaba sobre los epis cuando yo, médica de urgencias, no me veía autorizada. 

-¿Cómo lleváis el trabajo en el Chuac?

-Con esperanza y aguantando la respiración. El principio del 2021, a nivel asistencial, fue mucho peor que el 2020. La uci estuvo muchísimo más colapsada y el hospital también. La ventaja es que, sin existir un tratamiento fetén, sabemos más del virus y está todo más protocolizado, se sabe cómo actuar y no hay el problema de escasez de equipos. 

-¿Libro propio lo descartamos?

-No es algo que entre en mis planes, soy muy respetuosa con la escritura, y eso que las urgencias dan para una saga. Por los usuarios y los trabajadores.

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