Kiti Mánver: «En el teatro me como unos roscos buenísimos, el ego lo tengo cubierto»

La actriz triunfa con su última película, «El inconveniente», que desde ayer está en los cines. «Cuando no tengo estos regalos, tengo otros. Yo nunca le he hecho ascos a ningún papel secundario. Sí, secundario, lo digo con muchísimo orgullo», confiesa


Después de más de cincuenta años de profesión, Kiti Mánver acaba de recibir un regalo por partida doble: interpretar a Lola en El inconveniente, donde comparte protagonismo con Juana Acosta, y «estrenarse» por fin con José Sacristán. Lo primero le está sabiendo a gloria, porque no deja de recibir premios por su actuación, y lo segundo, «a muy poco, aunque ha sido maravilloso». Se define como disfrutona, capaz de «engolfarse» con cosas pequeñas. De hecho, nunca le ha hecho ascos a ningún papel secundario, porque para ella, «son como protagonistas, pero más breves».

 -Almería, Toledo, Málaga. ¡Cuántas alegrías te está dando Lola!

-La alegría de hacerlo ya es una, los tres premios otra, y luego los que se está llevando la película en sí misma. A mí me hace mucha ilusión, porque es una película más pequeña, pero es de estas que llegan al corazón, a la gente.

 -¿El papel de Lola también lo ensayaste cocinando?

-Ya te lo sabes. Te voy a decir una cosa, por supuesto también, pero ese tipo de trabajo lo hago casi siempre para el teatro porque los textos son mucho más amplios, más complicados, tienen una enjundia, una intensidad y una forma diferente. Lo que sí hice fue prepararlo con Juana Acosta, estuvimos ensayando unos días con Bernabé Rico (el director), nos dio las bases, y luego yo le propuse, porque yo ya conocía a Juana muy brevemente de otra película, ya le había echado el ojo, si le parecía bien que estudiáramos juntas. Me cogió la palabra inmediatamente. Es todavía más organizada que yo, me lleva ventaja.

 -Congeniasteis.

--A ver, cada una es como es, pero la manera de plantearnos el trabajo y cómo organizar los personajes es muy parecida. Me dijo: «Sí, por favor».

 -Es un mano a mano entre las dos.

-Las películas rara vez se hacen sin los demás, pero, efectivamente, en este caso tenemos bastante protagonismo. Para mí el personaje de Carlos Areces es genial, cuando la película necesita un respiro de la relación tan intensa de esas dos mujeres, porque no se entienden de inmediato, son antagónicas en su manera de plantearse la vida, ahí está Carlos Areces o los demás, Ana Fernández…

-José Sacristán…

-Para mí fue una maravilla. Me estrené con él después de cincuenta y pico años en la profesión. Nunca había coincidido con él. Hemos trabajado en alguna serie, pero nunca compartimos escenas. Y en esta peli aunque fuera muy brevemente, porque me supo a muy poco, fue maravilloso. Está todo tan claro, lo sabe todo tanto… da gusto. Pero fundamentalmente ese trabajo previo que hice con Juana, un día en su casa, otro día en la mía... Ella también es cocinillas, me hacía unos arroces macrobióticos buenísimos, que lo sepas.

 -¿Te ha hecho Lola ponerte en la piel de cómo serás dentro de 10 años?

-Incluso ahora mismo, aunque el personaje sea diez años mayor que yo… Yo nunca me he resistido a la edad. Está ahí, como decía un amigo mío: «Hay que bajar la montaña lo mejor posible», y cuidarse lo mejor posible. En ese sentido, Lola lo hace de una manera, quiere disfrutar, vivir la vida, le da igual fumar, tener tres baipás... A mí no. Yo soy más precavida. Aunque soy una persona sana, tengo mis agujeritos lógicos de la edad y me cuido bastante por mi profesión y porque quiero sentirme bien físicamente.

 -A pesar de que dicen que no se escriben papeles para mujeres a partir de una edad, a ti trabajo no te ha faltado nunca.

-No, yo tengo dos cosas. En el teatro desde hace bastantes años me como unos roscos buenísimos, las cosas como son, el ego del protagonismo lo tengo supercubierto, y en cine, he tenido la suerte y el regalazo de Lola. Pero cuando no tengo estos regalos, tengo otros regalos estupendos. Nunca le he hecho ascos a ese otro tipo de personajes, que son los que dan pie a los protagonistas en cine o en la tele, que a la prensa le encanta llamar secundarios, pues sí secundario, yo lo digo con muchísimo orgullo también.

 -También se puede llegar muy lejos.

-Si uno se plantea, ay qué corto, qué pena… Si ya le pones tú vetos antes, es jodido sacarle luego provecho, pero si realmente te lo tomas como que es necesario en la película, como si fuera protagonista, solo que mucho más breve... Yo trato de divertirme, y aunque muchas veces las actrices nos quejamos de que pasamos a ser abuelas, tías, vecinas, porteras, amigas, monjas o enfermeras, porque es verdad que hay muchos menos papeles protagonistas e interesantes para mujeres, yo soy muy disfrutona, soy capaz de engolfarme con una cosa pequeña.

 -La peli «Todo por la pasta» te marcó, pero no solo por el Goya.

-Sí, a partir de ahí cambié la manera de relacionarme con los directores. Era un poco estricta en mi manera de hacer el estudio, casi olvidaba que el que cuenta la historia es el director. Por más que tú estudies, si no estás de acuerdo con lo que quiere contar el director, la estás cagando. Enrique Urbizu, que entonces era un crío, era yo hasta joven, al segundo día de rodaje me dijo: «Kiti, este no es el personaje que quiero, no me sirve». Me dio una serie de pautas, cosas muy concretas. Lo tenía tan claro que, por supuesto, me puse a sus órdenes y encima me dieron un Goya.

 -Estás en un momento de pausa.

-De pausa estamos casi todos, mi plan de estar un año sabático no lo estoy consiguiendo, y de momento no lo voy a conseguir, pero sé que viene en breve. Creo que es bueno dejar un tiempo para nutrirse, olvidarlo todo y volver como si empezaras de nuevo.

 -¿Estás quemada? ¿Cansada?

-Cansada por supuesto, también tiene que ver con la edad, pero es un cansancio más mental que físico, una sensación de decir para qué corro tanto y hago todo lo que hago, si total yo ya soy rica, que he pagado mi hipoteca, qué voy a ganar un poco más. Además, terminas repitiéndote. A mí me gusta ponerme delante y, como si fuera una niña chica, empezar sin saber nada, no tirar tanto del oficio.

 -¿Es la primera vez que te pasa esto?

-Sí, tengo esta sensación desde hace un par de años. Voy a empezar a no hacer tantas cosas y seguir con mi huerto, que me hace muy feliz. Está profesión es bastante frenética, como un cohete en el culo, sin embargo, el huerto me pone en una situación más real, yo no le puedo decir a las habas: «Venga, guapas, que os quiero para hoy».

 -El premio de Málaga a toda una trayectoria son palabras mayores.

-Lo de Málaga fue un escandalazo de emoción. Me dieron el de toda mi carrera, pasaron seis días y me llamaron que tenía que volver porque me daban el de mejor actriz por El inconveniente. Los premios son algo muy emocionante, dan muchísima alegría. Son un chute de energía para seguir haciéndolo lo mejor que puedas, y también sabes que es promoción para el producto en el que estás. Por último, hay que bajarse de la luna, y saber que es un ratito, no se te puede subir a la cabeza.

 -¿Cómo es criarse con nueve hermanos?

-En una familia así, una de las cosas que te enseñan tus padres es a ser solidario y a compartir. A veces te tienes que deshacer un poco de toda la prole para meterte en ti mismo. Los que somos de familia numerosa parece que vivimos todos a la vez. Las dificultades económicas, todas, pero luego tiene muchas ventajas en el sentido de saber que siempre estás protegido, hay un rollo solidario muy potente. Es más fácil ponerse en el lugar del otro.

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