Sí hay más preguntas (tontas), señoría

Frases con muy poco juicio. Las salas de vistas, en contra de lo que pudiera parecer, son los sitios en los que se escuchan las preguntas y respuestas más absurdas que uno se puede imaginar. Aquí, unas cuantas


Las salas de vistas de los juzgados son esos lugares en los que los testigos juran o prometen decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad y, sin embargo, más mienten. Unas veces por tapar el delito. Otras por nerviosismo. Pero a muchos les costaría superar el polígrafo de Conchita.

Tantas y tan variadas son las anécdotas, que el abogado de origen puertorriqueño Charles M. Sevilla recogió muchas en su libro Disorder in the Court (Desorden en el juzgado), publicado en 1999. Simpáticas situaciones que, con el tiempo, el guionista Fernando Eiras ha sabido ponerles voz y todavía más gracia en sus colaboraciones en diferentes espacios radiofónicos. Trataremos de recoger a continuación unas cuantas.

Uno de los temas estrella en los juicios es el de los asesinatos. Por ende, también triunfan entre las anécdotas. Muchas veces por la poca habilidad de los abogados y / o fiscales que intervienen, que con sus preguntas dejan a los médicos forenses a un nada de cargárselos. Y yo, en muchos casos, estaría dispuesto a darle una coartada al pobre doctor, porque hay preguntas que… Por ejemplo, esta, formulada con toda la seriedad del mundo

-Ahora doctor, ¿no es cierto que cuando una persona se muere mientras duerme no se entera hasta la mañana siguiente?

No desvela Charles M. Sevilla lo que le respondió el forense. Pero yo, que de medicina sé lo que Paquirrín de vida sana y ordenada, ya le digo que no. Que cuando una persona se muere mientras duerme no se entera hasta la mañana siguiente. Y hasta me atrevería a decir que a la mañana siguiente tampoco se entera. Pero eso es solo una sospecha que tengo.

Como sospecho que también sé la respuesta a la pregunta formulada a otro testigo.

-¿Fue usted o su hermano menor el que murió en la guerra?

Admito que juego con ventaja, porque soy aficionado a las novelas de misterio y he leído mucho a sir Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, el gran Vázquez Montalbán o Vázquez Figueroa. Pero creo saber también la respuesta a esta cuestión y a la siguiente.

-Cuando el acusado disparó el arma, ¿llegó a matarlo a usted?

Pues me da que no. O quizá sí, y quien está declarando es el espíritu de las pasadas Navidades. Que nunca se sabe.

Está claro que todos podemos equivocarnos a la hora de formular una pregunta. Que nos lo digan a los periodistas, que lo hacemos a diario. Pero ahí está la habilidad de cada uno para repreguntar. Y ahí sí que los hay que son auténticos hachas. En el periodismo y en la abogacía. Vean sino este ejemplo:

-Pregunta: ¿Cómo terminó su primer matrimonio?

-Respuesta: Por defunción.

-Pregunta: ¿Por la muerte de quién terminó?

Me atrevería a decir que el que murió no fue el que declaraba en ese momento, pero es solo una intuición mía.

De todos modos, para diálogos absurdos entre abogado y forense, los siguientes. Y ahí, claro, los dos médicos cuestionados no pudieron contenerse y se rieron irremediablemente en toda la cara de su interlocutor.

-Fiscal: Doctor, ¿recuerda usted a qué hora comenzó a examinar el cuerpo de la víctima?

-Forense: Sí, la autopsia comenzó a las 8.30 a. m.

-Fiscal: ¿Y el señor X estaba ya muerto a esa hora?

-Forense: No. Él estaba sentado en la camilla, preguntándose por qué demonios le estaba haciendo la autopsia.

Bastante elegante fue su respuesta. Menos pudo contenerse este otro. Bien es cierto que también el fiscal tiene pinta de no haber sido, precisamente, el número 1 de su promoción.

-Fiscal: Doctor, antes de realizar la autopsia, ¿comprobó usted el pulso de la víctima?

-Forense: No.

-Fiscal: ¿Comprobó su presión arterial?

-Forense: No

-Fiscal: ¿Comprobó su respiración?

-Forense: No

-Fiscal: Entonces, ¿es posible que la víctima estuviera viva cuando comenzó la autopsia?

-Forense: No

-Fiscal: ¿Cómo puede estar tan seguro?

-Forense: Porque el cerebro de la víctima se hallaba en un recipiente, sobre la mesa.

Parece claro que viva, lo que se dice viva, no estaba. Pero este contumaz fiscal se las conoce todas, y pensó: «A mí me la va a dar este». Y, claro, repreguntó. No fuera a ser que se la estuviera colando.

-Fiscal: Pero, ¿podría estar viva?

-Forense: Sí, es posible que estuviera viva. Y añadiría que estudiando Derecho en la misma facultad en la que se graduó usted.

Creo que este forense sí se quedó a gusto. Y al fiscal pareció quedarle claro que no había posibilidad alguna de que estuviera viva.

En esa misma facultad debió de estudiar el siguiente abogado. En esa o en la de Medicina, en la que no descarto que fuera compañero del doctor Frankenstein.

-Abogado: Doctor, ¿cuántas autopsias ha realizado a personas fallecidas?

-Forense: Todas mis autopsias se realizan a personas fallecidas.

Menos mal. Ahora, que el hecho de que diga que todas sus autopsias... Da que pensar que le consta que otros colegas se las hacen a vivos. En fin.

Otro tema en el que hay quien no le cuenta la verdad ni a su médico es cuando se trata de relaciones de pareja. Pues como para hablarlo en público. Pero, claro, ahí a veces el subconsciente traiciona. Le pasó a la siguiente testigo, obviamente ofendida ante la posibilidad de que alguien pensara que se había acostado con el acusado en Miami. Hasta ahí podíamos llegar. Porque una cosa es que piensen que te lo montaste en Nueva York o en Chicago… Que piensen lo que quieran. Pero de ahí a insinuar que pudo haber sexo en Miami… No, hija, no.

-Abogado: ¿Alguna vez se acostó con él en Nueva York?

-Testigo: Me niego a responder a esa pregunta.

-Abogado: ¿Alguna vez se acostó con él en Chicago?

-Testigo: Me niego a responder a esa pregunta

-Abogado: ¿Alguna vez se acostó con él en Miami?

-Testigo: No, en Miami no. Eso es falso.

Puede que tuviera tan claro lo de Miami y en el resto de los sitios dudara, porque su compañero de cama se hubiera equivocado al decir su nombre. A alguno le costó caro. Tanto, que acabó en el hospital.

-Fiscal: ¿Qué fue lo primero que le dijo su esposo cuando despertó esa mañana?

-Acusada: Dijo: «¿Dónde estoy, Kathy?»

-Fiscal: ¿Y eso le molestó tanto?

Acusada: Es que mi nombre es Susan.

No hay más preguntas, señoría. Hablando de sexo, otro abogado con conocimientos científicos de los que el resto de la humanidad carecemos.

-Abogado: ¿Qué resultado dieron las pruebas realizadas?

-Testigo: Había rastros de semen.

-Abogado: ¿Semen masculino?

-Testigo: Ese es el único tipo que conozco.

Ahora que lo pienso, más que conocimientos médicos, el abogado debió de salir algún día de copas por Vigo, en donde se encontró a Alberto Comesaña y probó el Semen-Up con Cola. De ahí la duda. Eso o que el letrado sea el mismo que el del siguiente caso, al que le cuesta la distinción de sexos.

-Abogado: Tuvo tres hijos, ¿verdad?

-Testigo: Sí.

-Abogado: ¿Cuántos de los tres eran niños?

-Testigo: Ninguno

-Abogado: ¿Y niñas?

 Es probable que tres, pero quién sabe. Otro ejemplo de abogado con problemas a la hora de distinguir o quizá que es tan liberal que nos supera al resto.

-Abogado: ¿Puede describir al individuo?

-Testigo: Era de estatura mediana y tenía barba. (Cuidado, que dice que tenía barba. No bigotillo. Ni sombra. Ni nada. Barba. Con todas las letras).

-Abogado: ¿Era hombre o mujer?

-Testigo: A menos que el circo estuviera en la ciudad, diría que era hombre.

Tachán!!!! ¡Que tenía barba! ¿Cómo hay que explicártelo? Que puede haber mujeres que no se depilen y luzcan un interesante mostacho. Pero juro que no he visto a ninguna con barba. Aunque si la situación fuera esta última, probablemente le hubiera gustado al letrado sufrir un episodio de miastenia gravis, como el siguiente testigo.

-Fiscal: Esta miastenia gravis, ¿afecta a su memoria por completo?

-Acusado:

-Fiscal: ¿Y de qué manera afecta a su memoria?

-Acusado: Lo olvido todo

-Fiscal: ¿Puede darnos un ejemplo de algo que haya olvidado?

-Acusado: No lo recuerdo

Anda que si se llega a acordar, vaya miastenia de full. Miastenia no sé, pero muy claras las cosas tampoco parecía tenerlas el hombre al que preguntaron por la edad de su hijo adoptivo.

-Abogado: ¿Qué edad tiene su hijo?

-Testigo: 35, no, 38… No sé. No lo recuerdo bien.

-Abogado: Tranquilo, no pasa nada. Dígame entonces, ¿cuántos años lleva viviendo con ustedes?

-Testigo: 45 años

Ahí sí que lo tenía claro. Algo muy lógico por otra parte, porque si tienes un hijo de 38 años, que lleva 45 viviendo en tu casa, como para no acordarse. Y como para que a este hombre le tocara el avispado abogado que preguntó a un testigo: «El hijo menor, el de 20 años, ¿cuántos años tiene?». Se ve que a este de chaval lo traumatizaron tanto con lo de qué color es el caballo blanco de Santiago, que sigue ahí con el asunto ese enquistado.

Ojo, que el tema de los hijos da para mucho. Y es posible que algún abogado sepa más incluso que el supuesto padre de las criaturas. Pasen y vean.

-Abogado: Entonces, la fecha de concepción del bebé fue el 8 de agosto?

-Testigo:

-Abogado: ¿Y qué estaba haciendo usted en ese momento?

Pues como el testigo no estuviera ahí al tema, me temo que alguien sabe algo sobre un hijo que al pobre testigo no le va a gustar. No obstante, si tu hijo es como el de la siguiente acusada, mejor que sea de otro.

-Fiscal: Señor agente, cuando detuvo a la acusada, ¿estaban las luces rojas y azules de su vehículo policial parpadeando?

-Policía:

-Fiscal: ¿Se dirigió a usted ella al salir del vehículo y le hizo alguna apreciación?

-Policía:

-Fiscal: ¿Puede decirle al jurado qué fue lo que le dijo?

-Policía: Exactamente preguntó: «¿En qué discoteca estoy?»

Yo, ante esto, solo puedo decir: «Oppa Gangnam style».

Y en el último grupo de abogados y testigos de nivel están los que no distinguen entre ser, estar, parecer y para los que repetir es una filosofía de vida. Estos son algunos ejemplos:

-¿Estaba presente cuando se tomó la foto?

Yo creo que la respuesta correcta sería: «Sí, estaba presente. Y vivo». No vaya a ser que nos toque un primo del que dudaba de quién era el muerto. En la misma línea, estas dos preguntas:

-Estuvo allí hasta el momento en que se fue, ¿es cierto?

-¿Cuántas veces se ha suicidado?

A ver, que los abogados las han montado, pero también hay testigos que son para darles de comer aparte.

-Abogado: En la mañana del 25 de julio, ¿caminó desde la casa de campo por el sendero hacia el establo?

-Testigo:

-Abogado: Y, como resultado, ¿pasó a pocos metros del estanque de los patos?

-Testigo:

-Abogado: ¿Observó algo?

-Testigo:

-Abogado: ¿Puede decirle a este tribunal qué vio?

-Testigo: Vi a George

-Abogado: ¿Vio a George …, el acusado de este caso?

-Testigo:

-Abogado: ¿Puede decir lo que estaba haciendo George?

-Testigo:

-Abogado: Bueno, ¿sería tan amable de decirlo?

-Testigo: Tenía su cosa clavada en uno de los patos

-Abogado: ¿Su cosa?

-Testigo: Sí, ya sabe, su pene

-Abogado: ¿Pasó cerca del estanque de los patos, la luz era buena, estaba sobrio, tiene buena vista y vio eso claramente?

-Testigo:

-Abogado: ¿Y le dijo algo?

Testigo: Por supuesto que le dije algo. No iba a pasar como si nada

Abogado: ¿Puede repetir exactamente lo que le dijo?

Testigo: Buenoooos díiiaaaas Geoooorge

Para que luego digan que la gente no es educada. Como este último, que bien podría hacer bueno el dicho de que los últimos serán los primeros.

-Abogado: Ahora, señor, a usted se le ve una persona inteligente y honesta. (El abogado se ve interrumpido por el testigo).

-Testigo: Muchas gracias señor. Si no estuviera bajo juramento, le devolvería el cumplido.

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