Esto es lo que no debes hacer con la comida en verano

Si a ti te gusta el verano, a las bacterias todavía más


Estamos en los meses más propicios para las intoxicaciones alimentarias, así que lo que hagamos en la cocina es crucial. Esta es la guía de lo que tienes que evitar.

BEBER AGUA DE FUENTES O MANANTIALES

Todos hemos visitado un pueblo con aguas milagrosas, milenarias o cristalinas cuyos habitantes nos invitan a beber. Sin embargo, es mejor no aventurarse a probarla porque puede estar contaminada. «Es mucho mejor beber agua del grifo, porque hoy sabemos que está muy controlada. Hay que evitar hacerlo de la típica traída de una fuente, porque esa fuente puede tener bacterias no identificadas, igual que ocurre con los pozos que están más parados. De hecho, ya vemos que en otros sitios se está detectando coronavirus en el agua», advierte la nutricionista responsable de Hipersalud Ana Golpe, que también señala que tenemos que evitar llevarla envasada en plástico o recipientes transparentes a la playa y nos recomienda hacerlo en un recipiente opaco de aluminio.

COMPRAR FRUTA CORTADA O PELADA

Es más que habitual encontrar a la venta la sandía cortada por la mitad. Eso evita que carguemos con el peso de una entera o que la desperdiciemos, pero es una presentación que entraña ciertos riesgos. La piel de la fruta y la verdura está contaminada por microorganismos como salmonela, listeria o Escherichia coli. Por lo tanto, si no se lava en condiciones antes de cortarla y además el producto se expone a temperatura ambiente, estos se multiplicarán y pasarán a la parte comestible. Lo mismo ocurre con los vasitos de fruta pelada y cortada listos para consumir. Golpe apuesta por la precaución: «Es mejor comprar la fruta fresca y cortarla nosotros. Y los vasitos pueden empezar a crear microorganismos después y hay que darles un tratamiento térmico posterior. En los supermercados se siguen controles muy estrictos de calidad con medidas de refrigeración en el punto correcto para que no desarrollen esos microorganismos, pero hay que tener cuidado con la frutería que corta la fruta al momento o la envasa, asegurándose de que los cumplen».

COMER PESCADO SIN COCINAR

«Lo más peligroso para que se desarrolle el anisakis es el calor. Incluso aunque no esté muy crudo, si comemos por ejemplo una lubina fresca sin estar debidamente controlada, podría traerlo», avisa la nutricionista, que alerta de que el verano es una época idónea para lanzarnos a lo crudo por la tentación de comer algo fresco. Sin embargo, si el pescado no ha pasado por las condiciones de refrigeración correctas, aunque lo hagamos a la parrilla, también podríamos transmitirnos el anisakis. La eliminación de este parásito en los pescados de agua pasa por cocinarlos de forma que alcancen 60ºC en el centro durante al menos un minuto. Si no se cocinan, hay que congelarlos bien: en casa, tienen que estar cinco días congelados a -20ºC en un congelador de tres estrellas como mínimo. Esto incluye a otras preparaciones como el ceviche o el ahumado en frío. Y si una persona es alérgica al anisakis, no podrá comer estos pescados porque incluso cuando el parásito está muerto, puede provocarles reacción.

ENFRIAR LO COCINADO FUERA DE LA NEVERA

Es un peligro, dice la experta, que cocinemos lo que llevaremos al día siguiente al trabajo en el táper y lo dejemos a enfriar de noche fuera de la nevera a temperatura ambiente. «Aunque la comida esté recién sacada de la pota, tiene que ir envasada a la nevera. Como si metes un caldo, no pasa nada ni se estropea el frigorífico», apunta Golpe, que lanza dos recomendaciones: Hacer la comida por la mañana y transportarla en un envase de los que conservan el calor para que no haya que recalentarla en el microondas y que, en caso de que esto no sea posible, preparemos la base del alimento de noche y dejemos lo complementario para hacer o añadir por la mañana, como por ejemplo la lechuga o la salsa.

DEJAR LA BOLSA DE LA COMPRA EN EL COCHE

Cuántas veces vamos a hacer la compra y nos surge un plan. Es ahí cuando dejamos la bolsa en el coche y seguimos la marcha, lo que retrasa un buen rato la llegada a casa. Si tus bolsas están llenas de conservas o fruta no hay problema, pero si has comprado productos que necesitan conservarse en frío, hay que meterlos sí o sí en la nevera. En este caso hay que llevarlo en una bolsa isotérmica, que debería acompañarnos siempre al supermercado, para no dejar las bolsas al calor en el coche.

ADQUIRIR COMIDA DE UN VENDEDOR AMBULANTE EN LA ARENA

Ese mango recién cortado o esa hamburguesa que pasa a veces por nuestro lado en la arena apetecen, pero quizás no sea lo más idóneo cuando se trata de hablar de comidas que requieren de unas medidas higiénicas y de calidad específicas. Es decir, una cosa es comprar un refresco o un snack, y otra algo cocinado o fruta expuesta al sol. «Tienen que estar envasados y con una fecha de caducidad controlada. Aquí ocurre lo mismo que con la fruta cortada, los alimentos tienen que pasar por unos controles higiénicos determinados, también de refrigeración. Por ejemplo, a nivel nutricional jamás recomendaría una hamburguesa de Mc Donald's, pero están muy controladas. Pueden provocar mil cosas más, pero no una bacteria», zanja Golpe.

IRTE DE PICNIC CON CARNE POCO HECHA

Los carpaccios y la carne al punto mejor dejarlo para un restaurante o para casa. Si nos vamos de pícnic o a hacer una excursión, no es momento para experimentar. La nutricionista afirma que el mejor menú «es el típico bocadillo, o los filetes empanados incluso. Si cocinamos, tenemos que llevar alimentos muy hechos. Y en cuanto a la fruta, hay que cogerla de hueso que sea dura, o piezas tipo manzana. La sandía o la piña, si no están bien refrigerada, mejor dejarlas en casa».

LLEVAR TORTILLA SIN CUAJAR O ENSALADILLA A LA PLAYA

Que tengan mucho ojo los amantes de la tortilla poco hecha si no es para comerla en la mesa, porque por muy deliciosa que esté no es apta tampoco para someterla a los avatares climáticos de estos meses. La clave está en la yema. Si está bien caliente no resulta peligrosa porque quiere decir que la tortilla ha cuajado algo, pero si todavía está algo fría, no se puede comer. En ese caso, lo que ingeriríamos sería equivalente a tomarse un huevo crudo: el escenario perfecto para que aparezca la salmonela. Si utilizamos huevos caseros, hay que encargarse de fregar bien la cáscara antes de romperlos. Y cuidado con la ensaladilla si lleva mayonesa y no está muy bien refrigerada.

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