Yo doy la vida por mi mascota

Están ahí cuando los necesitas. Es posible que tengan malos días, pero siempre están dispuestos a sacarte una sonrisa. Forman parte de la familia y sus cuidadores serían capaces de hacer cualquier cosa por ellos

Hay amores perros, y amores inconmensurables. El de Mara Esmorís por Oso es un amor infinito. Tanto que esta coruñesa no dudaría en darlo todo por su compañero de cuatro patas de manchas blancas y negras: «Si tuviese que vender la tienda porque necesitase ese dinero para operarlo, lo haría. Si sé que está en mi mano el poder curarlo, lo daría todo por él sin pensarlo». Si alguna vez te has cruzado con Mara por A Coruña, seguro que los has visto a los dos juntos. Son inseparables: «Es más que una mascota. Es parte de la familia. Cuando me levanto por la mañana lo primero que hago siempre es ir al sofá donde está Oso durmiendo para achucharlo y darle un beso. A veces pienso: ‘«¡Qué hacía antes de tener a Oso, qué tristes eran las mañanas, a quién achuchaba!’».

Pero la historia de este perro no es fácil. Mara y su pareja, Adrián, decidieron adoptarlo en el 2015. Oso había sido rescatado de una perrera por la protectora Rehabilitadogs, de Narón. «Vimos el anuncio en Facebook y decidimos adoptarlo», recuerda. No fue un proceso fácil: Oso había sufrido mucho. «Lo cogieron del monte y tenía mucho miedo a los humanos, es posible que lo hubiesen maltratado». Estuvo seis meses recuperándose en la protectora antes de poder irse a casa con Mara y Adrián. «No comía, tenía muchas cicatrices… Fuimos varías veces a verlo para que nos fuese conociendo antes de traerlo a casa. Al principio se moría de miedo. Íbamos a verlo al canil, a pasear… Estuvimos todo el verano yendo y viniendo de la protectora». Hasta que un día Oso por fin pudo irse con ellos a su nuevo hogar. «Como no estaba trabajando, en ese momento tenía todo el tiempo del mundo para dedicarme a él. Al principio tenía muchísimo miedo y decidí salir a pasear con él para que estuviese más tranquilo. ¡Hacíamos hasta 25 kilómetros al día!», relata Mara. Pero la adaptación no fue fácil: «Cuando llegaba la noche estaba más tranquilo, y pensábamos que había avanzado, que ya estaba mejor. Pero a la mañana siguiente, ¡vuelta a empezar! Fue difícil, pero nos unió más. Nos ganamos la confianza el uno del otro y a los tres o cuatro meses estaba recuperado».

Pasan todo el tiempo juntos. Mara tiene una tienda de cosmética orgánica, Lily and White, y allí Oso, tumbado en su rinconcito, la acompaña en su jornada laboral. «Desde que llegó creo que solo estuvimos separados tres días». Para ella Oso es una prioridad: «Incluso cuando viajamos siempre lo hacemos a sitios en los que podemos ir con él. Vamos mucho a Portugal, por ejemplo, pero creo que no sería capaz de irme lejos y separarme de él durante mucho tiempo. Prefiero pasar unos días en Oporto y que Oso se pueda venir conmigo que hacer un súper viaje y tener que separarme de él».

CAMINATAS DIARIAS

De esos primeros meses caminando y cuidando de él para que recuperase su confianza salió una relación fuerte. Y muchas buenas costumbres: «Nos acostumbramos a bajar a pasear y seguimos yendo todos los días. No faltan nuestras caminatas diarias». Eso sí, a Oso le gusta pasear, pero no la lluvia: «Estos días que hace tan malo, si fuese por él, se quedaría en casa». Para Mara es tan habitual bajar siempre con Oso que se siente rara si no la acompaña: «Es casi como una extremidad. Cuando voy sin él es como si me faltase algo». Este pequeño gran peludo posa tranquilo para la foto, está a gusto al lado de su dueña, de su amiga: «Agradece los mimos, especialmente en el pecho y en la barriga», cuenta Mara en una publicación de Instagram de la tienda, en la que habla de Oso como un miembro más del equipo. «Fue duro llegar hasta aquí. El haber pasado al principio por un momento más difícil, el tener que cuidarlo y devolverle la confianza fue complicado, pero mereció la pena. Y si ahora tuviese que pelear por él, lo haría. No podría con el cargo de conciencia de pensar que está en mis manos su salud o su bienestar y que no hice todo lo posible por él».

«Brandon arranca mi espíritu luchador»

 CÁNDIDA ANDALUZ

Brandon no es un perro cualquiera. Ni para Inés Quintas ni para muchos niños ourensanos que han aprendido a perder el miedo a los canes gracias a su dulzura. «Llegó a mi vida porque estaba en una camada de Golden que vendía un señor. A él no lo quería nadie porque tenía una lesión en una patita delantera. Recuerdo, incluso, que ponía que era un perro defectuoso», explica Inés. Con ellos dos convive también otra perra abandonada. «Brando es, uff... demasiado especial. No sé cómo definirlo, no me imagino la vida sin él. Por él creé la asociación de mascotas en Ourense. Me animó a hacer cosas. Arranca mi espíritu luchador, me anima a hacer cosas que creía imposibles. Siempre está a mi lado y parece que me habla. Es un vínculo muy grande el que tenemos», relata Inés.

 La ourensana explica que cuando Brandon llegó a su vida «estaba muy malito» y que supo ayudar a su madre cuando tenía problemas de depresión: «Fue parte de su cura». El perro también ha participado en actividades en colegios ourensanos: «Nos hemos encontrado con niños que tenían miedo a los perros y en una hora Brandon ha conseguido que se olvidaran. Va en nombre de la asociación y es una maravilla. La conexión es siempre genial con los niños», dice. Incluso afirma que la gente de su barrio le dice muchas veces: «¡Quiero un Brandon, no un golden». Inés señala que él tiene un don especial. Brandon, con 12 años, nunca se ha despegado de Inés: «Soy incapaz de dejárselo a alguien, viene con nosotros a todos los viajes que hacemos. ¿Cómo lo voy a dejar? Es uno más de la familia».

Ahora Brandon está malito. Tiene una espondilitis degenerativa en la columna, que afecta especialmente a sus patas. «Pero ahí está como un campeón», afirma su propietaria, que sabe que el perro ya vive sus últimos años. «Cuando supe de la enfermedad lloré mucho, no me imagino sin él [...]», traga saliva. Inés siempre ha tenido perros, desde su infancia, pero ha encontrado en Brandon al ser más especial. «Tiene algo que no se puede explicar, y así lo piensa mucha gente. Todo el mundo que lo conoce se enamora de él por su calidez tanto con personas mayores como con niños».

«Agora Paco é para min o rei da casa»

 YOLANDA GARCÍA

Se llamaba Lola la guacamaya que aún recuerda con especial cariño Tony Maseda Meitín (Xove, 1979). Tal cual cantó Café Quijano, «se llama Lola y tiene historia». Y se la vamos a contar, porque tiene literalmente mucha pluma. Lola era la pareja de Paco, otro guamacayo de la especie ararauna que en la próxima primavera cumplirá cinco años: «É moi bo. Tanto os papagaios como os guacamaios sonche dun único amo. Eles son os que escollen, e non ten por que ser nin o que lle dá de comer nin o que lle dá de beber. E, neste caso, el escolleume a min. Tiven outro, Pepiño, que morreu, e tamén me escollera a min nese caso». Lo relata, además, con verdadero orgullo por esos animales, dando a entender que para él son más que simples mascotas. El favoritismo, además, se percibe mutuo: «Notas incluso que lles cambia o estado anímico, por dicilo así, facéndoche acenos, grazas, querendo que os collas ti». Y para Tony, también ahora Paco es especial: «Para ter un papagaio tenche que gustar. Nunca o collas por telo. Se non lle vas dedicar tempo que require, hai que buscar outro tipo de mascota. Non deben estar encerrados: necesitan moito cariño, estar a diario coa xente... Podemos dicir que case máis que calquera outro animal».

 EL RECUERDO DE LOLA

«Cando veu Paco -recuerda Tony- traía unha compañeira con el: Lola. Ela morreu o ano pasado. Ela era un ara macao, que se distingue pola plumaxe e ten máis colores. O ararauna é máis común e é amarelo e azul, pero tamén é máis bo e dócil».

Y aquí es donde empieza a contar la historia de Lola, desde que su dueño fue padre: «Empezouse a picar, arrincou a carne ata chegar ao óso, pillou unha infección e morreu dela. O motivo da autopicaxe foron, ao parecer, celos co meu neno. Non asumiu que entrara no círculo outra persoa. Era o meu primeiro fillo. Empezouse a ir quedando e quedando... ata que vin por debaixo das ás que lle saía algo de sangue. Chamei a Antonio, o veterinario que ma vendeu, da clínica El Bosque de Madrid e colaborador do programa Pelo, Pico, Pata de Antena 3. Paseille un vídeo. Díxome que lle dera cristalmina. Isto era un venres. Pero ao luns seguinte xa a levei a Madrid. Era peor do que se pensaba».

La pérdida de Lola, que le coincidió con una operación de su hijo, y ausencia desde hace un año le acercó más a Paco: «Ao morrer ela pensei que el o ía pasar mal (de feito estou esperando por unha parella para Paco), pero pasou todo o contrario. Levouno ben. Agora todas as grazas lle caen a el. Para min é o rei da casa». Tony reconoce su gran cariño hacia los guacamayos. «E que dure moitos anos», dice de Paco.

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