Francisco y Leonor


En el cartón piedra del debate del lunes hasta la brigada de limpieza fue de atrezo. No digo que Francisco fuese una persona de mentira pero alguien utilizó a este hombre de 53 años nacido en Cruces (Vizcaya) que se afanaba con la fregona ante las cámaras para intentar compensar la persistente vocación por la desigualdad que exhibe la política española. En el debate del mes de mayo, el retrato más certero había sido el de los cuatro señoros que entonces aspiraban a presidir España atendidos por otras tantas señoras de la limpieza. La metáfora fue dolorosa e implacable así que alguien metió a Francisco de minoría representada mientras a los atriles se subía un quinto señor, en concreto el señoro total. Tras el sarao del lunes, con los focos girados por primera vez en su vida hacia su persona, Francisco ha confesado que cumplió con su afán sin saber que su carne xy era en realidad un símbolo o un anhelo o una disculpa o un disimulo.

Francisco fue algo así como la Ana Blanco de su brigada, una evidencia de que las tareas, las físicas y las intelectuales, no exigen asignación de género y que la persistencia en hacerlo es un síntoma. Un mal síntoma. Después se hacen apaños para compensar, como organizar un debate solo con mujeres en una manifiesta exhibición de culpa colectiva que debería ser canalizada de una forma más eficaz y más justa.

Al fondo, el debate sobre feminismo, género y política es tan de atrezo como Francisco, un recurso que queda mono y oportuno pero que no tiene la consistencia de las grandes cosas. Lo demostró el habla cucurucho que no te escucho con el que los cinco señoros del lunes se pasaron por sus xy el guantazo de Ana Blanco; ella con un rigor doloroso a la hora de dejar constancia de la naturaleza de la foto y ellos sordos al tirón de orejas, pues lo que se comentó del asunto cabe justamente en el lateral de un alfiler y mira que hablaron rato los señoros.

UNA ADOLESCENTE DE 14 AÑOS

Lo más gracioso de todo lo ocurrido el lunes, la madre de todas las paradojas, se había perpetrado por la mañana en Barcelona. Una adolescente mujer de 14 años ensayaba para ser la próxima jefa del Estado, si el Estado existe para cuando su ministerio se sustancie. Los modernos, democráticos y comprometidos partidos políticos no han sido capaces de organizar sus estructuras para que el cincuenta por ciento de la población tenga la presencia que se antoja lógica. Al lado, la monarquía y su esencia desigual, con sus seculares y superados sistemas de selección de líderes, con su naturaleza intrínsecamente injusta, prepara a una mujer para ponerla al frente. Ay, ay, ay...

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