Miguel Ángel Silvestre: «Dormí en la cama de Luis Tosar, a ver si se me pegaba algo»

Saltó a la fama en «Sin tetas no hay paraíso» y desde entonces no ha parado de trabajar. En la gran pantalla lo hemos podido ver a las órdenes de Almodóvar antes de cruzar el charco para conquistar medio mundo con «Sense 8». Ahora se pone en la piel de Pablo Ibar en «El corredor de la muerte». No nos extraña, porque Miguel Ángel es lo M. Á. S.


Más tímido y sensible de lo que puede parecer en la pantalla, Miguel Ángel Silvestre, (Castellón, 1982) ha pasado de ser un galán de serie a convertirse en uno de los actores con más proyección internacional del país. Prueba de ello es su trabajo en varias de las producciones más importantes de Netflix, sin olvidar su papel en el cine, en donde se convirtió en chico Almodóvar con Los amantes pasajeros. «He tenido mucha suerte», dice el actor, que destila humildad y tranquilidad. Ahora, tras recorrer más de 19 países en los últimos años gracias a su papel en Sense 8, M. Á. S. está de vuelta para ponerse en la piel de Pablo Ibar. «Cuando termino de rodar fuera me voy directo para casa. Como en España no se está en ningún sitio, creo», confiesa. Lejos del papel de tipo duro con voz rasgada con el que enamoró a media España, en las distancias cortas Silvestre se muestra cercano y amable, y claro, nos sigue enamorando.

-Saltaste a la fama como El Duque en «Sin tetas no hay paraíso», pero desde entonces no has parado. ¿Qué papel te ha marcado más?

-Pues no lo sé, de uno aprendes más que de otro, pero no sabría muy bien qué decirte. Creo que es la suma de todos, honestamente.

-Para desconectar de un personaje a otro, ¿qué haces?

-Volver a casa, pasar tiempo con mis sobrinos y hacer deporte. La verdad es que creo que eso ayuda a limpiar un poco todas las emociones que pones en cada uno de los personajes.

-Estrenas «El corredor de la muerte», en donde interpretas a Pablo Ibar. ¿Qué te atrajo de ese papel?

-Sobre todo, que yo recuerdo perfectamente cuando salió su caso en las noticias en un principio. De repente me hablaron de la serie y entré en la posibilidad de hacer cástings para este personaje. No tenía todavía claro si quería involucrarme al 100 % en el proyecto, pero como muchas veces los trabajos tienen que ser inminentes, mandé la prueba para el papel. Tenía que enviarla ya y a partir de ahí el director decidiría, entonces la hice.

-Te eligieron.

Volé a España después de esa primera prueba que mandé, y me reuní con el director. Hice otra de cuatro horas y media, y cuando finalmente me dieron la buena noticia de que querían que lo hiciera yo, les pedí que me dejaran unos días para poder realmente convencerme de la inocencia de Pablo. Necesitaba documentarme para poder decidir si quería hacer o no la serie.

 

-¿Qué te convenció?

-Tenía claro que yo estoy en contra de la pena de muerte, pero necesitaba algo más que eso. Después de leer la novela, de ver todos los vídeos que hay en Internet, de escuchar a forenses faciales, y sobre todo, tras ver unas fotos de la nuca de Pablo Ibar y de la del asesino, en las que se observa que son totalmente diferentes. Hasta el momento todo el mundo había hablado del frontal, de la diferencia entre las cejas de Pablo y las del asesino, había muchas diferencias ya ahí, pero hay una clara distinción también entre las orejas del asesino y las de Pablo. De repente vi la luz, fue como la gota que colmó el vaso. Si ya lo empezaba a tener claro, cuando vi esas fotos, me convencí. Ha sido un éxito curioso el haber podido contar esta historia y creo firmemente en la inocencia de Pablo Ibar.

-¿Impone más interpretar a una persona que existe de verdad?

-Sí, la responsabilidad es mucho mayor, y más cuando se trata de un caso de injusticia donde una persona lleva tantos años sufriendo y encarcelada. Eso, sin duda, impresiona mucho más, y bueno, te pone el cuerpo más alerta, claro.

Miguel Ángel en una escena de la serie sobre Pablo Ibar
Miguel Ángel en una escena de la serie sobre Pablo Ibar

-¿Te preocupa qué va a pensar la familia de Pablo de la serie?

-Sí, me lo planteé muchas veces. Es cierto que el director es una persona muy veraz y no le gusta edulcorar la realidad, pero claro, muchas veces me planteaba qué pensarán ellos. Tengo mucho interés en saber qué opinan, y en el caso de que se pueda, me gustaría ir a conocer a Pablo y decirle que creo en él, creo en su inocencia, y bueno, simplemente mostrarle mi apoyo.

-No pudiste verlo antes de rodar. ¿Lo intentaste?

-Quise ir a hablar con él, pero era imposible porque estaban en pleno juicio y estaba en prisión preventiva. Ni siquiera su familia podía visitarlo, solo su abogado. Luego me planteé hablar con su familia, pero hubo un momento, hablando con mi madre, en el que me di cuenta de que quizá era muy osado el hecho de preguntar. ¿Qué preguntas iba a hacerle yo a la familia de cómo es Pablo cuando se estaban jugando tanto? Era un momento de mucha tensión. Finalmente, creo que con todos los vídeos que hay en Internet fueron suficientes para representar la personalidad de Pablo.

-Luis Zahera, el Pertu en «Sin tetas no hay paraíso», nos habló de ti con mucho cariño. ¿Cómo fue trabajar con él?

-Las escenas que más disfrutaba eran con él. Es muy gracioso, muy creativo. De alguna manera siempre que llegábamos al set, era como que la escena estaba escrita de una manera, pero empezaban a suceder tantas cosas que era muy estimulante trabajar con él. Le quiero mucho, hace mucho que no lo veo y tengo muchas ganas, ahora que lo has mencionado, de poder verle.

 -Después de eso te vimos en «Velvet» y más tarde cruzaste el charco, ¿cómo surgió esa posibilidad?

-Pues hice una prueba desde Madrid. La hice desde la habitación de mi casa, la mandé y tuve mucha suerte. Les gustó y ya empecé a hacer más pruebas. Hice un total de cuatro y finalmente terminé haciendo Sense 8 con las hermanas Wachowski. Fue un viaje fascinante.

 -¿Cómo te sientes al haber participado en ese proyecto?

-Me siento muy afortunado de haber podido estar en una serie que hable de esos valores, que hable de la diversidad, que hable de la unión como un símbolo de progreso. Realmente he tenido mucha suerte, además conocí 19 países con la serie, y es algo que no se me olvidará nunca.

 -Esa es la parte bonita, pero por tus redes vemos que eres muy familiar. ¿Cómo llevas vivir tan lejos de tu casa?

-Pues bien, porque cuando termino, me voy directo para casa. La verdad es que como en España no se está en ningún sitio, creo.

 -Comentaste que «Sense 8» te llegó en un mal momento personal, ¿eres de los que se refugia en el trabajo?

-Pues sí. Creo que mi trabajo, como tienes que construir de alguna manera una forma de pensar diferente a la tuya, una expresión distinta a la tuya, te separa de los problemas que puedas estar viviendo en el momento. Pienso que es muy curativa en ese sentido.

 -En varios de tus papeles has tenido que cambiar tu acento. ¿Cuánto influye en la credibilidad del personaje?

-El acento trae muchísimas cosas, trae una cultura, una forma de expresarse... es un sonido que te cambia de alguna manera la expresión. Te acerca mucho más a la persona que estás interpretando, y más en el caso de Pablo Ibar, que es una persona que está viva, y que la puedes ver. Entonces creo que es muy importante.

 -¿Y el acento gallego cómo se te da?

-Lo hice un poquito para una película que hice con José Luis Cuerda, Todo es silencio. De alguna manera me ayudaron Luis Zahera y Luis Tosar. De hecho, Tosar me dejó quedarme a dormir en su casa, que es algo que todavía hoy recuerdo, porque claro, es uno de los actores que más me gusta y tuvo ese detallazo. Bueno, es que dormí en su cama ja, ja, ja. Yo pensaba: ‘A ver si así se me pega algo’. Ja, ja, ja.

  -¿Has vuelto a visitar Galicia desde el rodaje de «Todo es silencio»?

-Sí, fui después. Me gusta mucho. ¡Galicia Calidade! Además, ahora tengo muchos más amigos gallegos, entre ellos Javier Rey, con el que he compartido muchos años al trabajar juntos, y con el que tengo una muy buena amistad. Siempre que veo un árbol o un espacio verde digo: ‘Aquí estou verderolo, tío’. Ja, ja, ja. Que es algo que siempre me decía Luis Zahera. Me acuerdo también que los percebes los probé por primera vez con él en Santiago. ¿Qué podría decirte? Honestamente me gusta mucho la gente gallega, es muy pura. Las palabras de los gallegos pesan, y pesan de verdad. Es gente con unas emociones muy sinceras y eso me gusta mucho. Es una mezcla de muchas cosas, la gente y ese paisaje tan bonito que tenéis.

 -Haces mucho deporte, ¿adónde te escapas para descargar adrenalina?

-Sí, me gusta mucho. Ahora lo que más práctico es la escalada, pero también surf. Me da mucho placer.

 -Jennifer López se fijó en ti para el vídeo de «El anillo», ¿cómo fue eso?

-Tuve la suerte de que el director le presentó varias propuestas y le pareció bien que lo hiciera yo. Estuvimos juntos dos días trabajando. Luego lo presentamos, en los Billboard latinos en Las Vegas, donde lo celebramos, y desde entonces no la he vuelto a ver. Fue un placer trabajar con ella, me inspiró mucho. Es muy trabajadora, muy comprometida y una buena influencia para las nuevas generaciones.

 -¿Cuántas veces te han dicho lo de «y el anillo pa’ cuándo»?

-Ah, muchas veces, ja, ja, ja.

 -¿Y lo has pensado? ¿Y tener hijos?

-Sí, pero tiene que llegar más adelante. En otro momento de nuestra vida.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

Miguel Ángel Silvestre: «Dormí en la cama de Luis Tosar, a ver si se me pegaba algo»