Cerdeña en una «gommone»

NAVEGAR POR EL GOLFO DE OROSEI es un placer asequible. No hace falta ser Flavio Briatore para disfrutar de la belleza apabullante de las costas de Cerdeña. Es más, es mejor no serlo


Para ser feliz no hace falta un camión. Basta alquilar una gommone (es solo un bote de goma, que no cunda el pánico) y lanzarse a navegar por el golfo de Orosei, en la costa este de Cerdeña. Haz de cala Gonone tu puerto base y prepárate a disfrutar. Allí las gommoni esperan alineadas e impecables a los turistas ansiosos de mar. Solo tienes que bajar al puerto y alquilar una en alguno de los muchos quioscos que las ofertan.

Zarpa en tu zódiac cada día hacia las maravillosas calas de color turquesa que se esconden en su costa y llega hasta cala Luna que con su arena blanquísima, las increíbles grutas y los bosques de adelfas, se lleva la fama de ser una de las playas más bonitas del Mediterráneo, y con razón. Pero hay muchas más. Toma el timón, en Italia no hace falta licencia para pilotar estos botes pequeños, y pon rumbo a cala Goloritze. Escoge tu rincón y ajústate las gafas de bucear porque vas a disfrutar de un mar cálido, transparente y ¡lleno de peces!

Cala Mariolu es una de las más bellas playas del mundo según Tripadvisor. Su nombre procede de la foca monje llamada por los pescadores mariolu, es decir, ‘ladrona’, porque robaba el pescado de las redes. Ya no hay focas en este paraíso, pero sí podrás disfrutar de los increíbles fondos marinos y de una arena blanquísima con cantos rodados rosas que hacen de esta cala algo mágico.

Y la lista de paraísos no se acaban: cala Sisine, cala Fuili, cala Biriola... son 40 kilómetros de costa salvaje y virgen. Su difícil acceso por tierra las ha conservado con toda su belleza natural intacta. Pero nosotros lo tenemos fácil, vamos por mar. Solo tienes que tener cuidado de anclar tu bote fuera del perímetro protegido por las boyas señalizadoras. Luego podrás alcanzar la playa a nado. No hace falta ser Tarzán. También puedes navegar hasta la orilla por el pasillo habilitado entre las boyas y dejar allí tu neverita y tus toallas, pero no la gommone. La playa no es un aparcamiento de barcos.

Costea con tranquilidad y elige dónde harás esa foto de Instagram que pondrá a tus amigos verdes de envidia.

Surca las aguas sin complejos y codéate con los yates de los multimillonarios que escapan por un momento del exhibicionismo grosero del Porto Cervo de Briatore y sus amigos. Acércate para ver con detalle ese brillante yate dorado. Es el Khalilah, de 49 metros de eslora, 11 de manga y un peso de 460 toneladas, no te pasará desapercibido. Su precio es también de oro: entre los 245.000 y los 255.000 euros ¡por semana! El yate puede alojar a once pasajeros en sus cinco cabinas y a nueve miembros de la tripulación.

Nuestra gommone nos da casi el mismo servicio por cien euros al día. Trae incluido un toldo para protegerte del sol (el de Cerdeña no es como el de Galicia); una zona con colchonetas para tumbarte a morenear y una neverita portátil donde conservar tus bebidas frescas. De lujo. Pero low cost.

Con la caída de la tarde regresamos a puerto dispuestos a tomarnos un spritz con la sal en el cuerpo. Mañana repetimos. No nos cansamos.

Mejillones y pizza

Si buscas donde comer, el pescado reina en los restaurantes de la isla. En el pueblecito de San Teodoro (cerca del aeropuerto de Olbia) encontrarás un ambiente de vacaciones muy italiano y familiar. Al leer el menú te hará pensar en casa: los mejillones son el plato estrella. ¡Y están buenos! Tampoco dejes de probar el queso pecorino, típico de la cocina sarda. Ni la pizza, claro, ni los helados...

Para hacer la digestión te va a venir bien caminar hasta la playa de La Cinta. Bellísima. Merece la pena llegar hasta el final del arenal para alejarse de los turistas ruidosos y disfrutar de una jornada playera de tranquilidad entre la laguna y el mar.

Y seguimos costeando. Esta vez hacia el cabo Coda Cavallo. Y desde allí volveremos a embarcar para ir a conocer las islas Tavolara y Molara. Con sus piscines de color esmeralda. En Tavolara hay además un restaurante donde puedes atracar tu bote y disfrutar de una buena comida.

Cerdeña es una isla enorme (siete veces Palma de Mallorca) y las carreteras no son ninguna maravilla. Así que no pretendas recorrerla entera o te pegarás un atracón de coche. Elige un par de sitios para dormir (nosotros fuimos a cala Gonone y a San Teodoro) y divide los días de estancia entre los dos. Si vas a alquilar un coche, hazlo con antelación por Internet y entérate bien de la condiciones para que no te estafen con los seguros. Para los vuelos ten en cuenta que ahora puedes volar en low cost desde Santiago, con escala en Milán. Pero sobre todo no renuncies a la gommone, porque Cerdeña se disfruta desde el mar. Arrivederci capitano.

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