Monjes y ciudadanos

YES

Daniel Cruz

13 jul 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Justo el día en el que un grupo de Ciudadanos oficialmente aseados sofisticaban en el Orgullo su estrategia del follón, según atinada definición de Fernando Salgado, una marea de tipos clásicamente desaseados transportaban en volandas a un chico en silla de ruedas en uno de los momentos más épicos del último Resurrection.

La estampa, de una belleza que sacude, parece una procesión posmoderna, pero aquí los costaleros son tipos con melenas y dilataciones en los lóbulos que jamás superarían las típicas exigencias del departamento de recursos humanos de un banco. La cosa es que en este gesto comunitario ante el que es imposible no sentir un picor en el lagrimal, con todos esos jevis con la piel tatuada y los oídos sordos a una balada de Alejandro Sanz, se detecta una corriente apabullante de dignidad y una evidencia de que las cosas no siempre están donde solían, o sea, en el nudo prieto de una corbata de seda.

Los periódicos también son un álbum de la naturaleza humana en el que una va pasando páginas y el mundo se le va revelando. Ese día en el Resurrection los fans de Arch Enemy, con Álex y su silla de ruedas encaramados sobre las cabezas de la muchedumbre que los aupaba, todos parecían personajes de un cuadro de Delacroix mientras los Ciudadanos Aseados mostraban las hechuras de una compañía de actores aficionados afanados en sobreactuar. La historia es también la de nuestros atuendos y las tribus de hoy en día son tan líquidas como todo lo demás. Un jersey de alpaca no es garantía de orden ni una melena desaliñada, una amenaza.