El ganador del debate electoral del martes fue una tienda de ropa del barrio de Malasaña. Durante varias horas, la página web de la marca 198 estuvo bloqueada por exceso de tráfico. Miles de ciudadanos que escuchaban la cháchara de cuatro aspirantes a presidente del Gobierno sucumbieron al reclamo del jersey de Pablo Iglesias convertido en el hombre anuncio de una firma que fabrica ropa «ideológica». La fundó el diputado y secretario de Comunicación de Podemos, Juanma del Olmo, cuando la formación morada estudiaba para asaltar los cielos e Iglesias actúa desde entonces como su promotor más eficaz. El martes el señuelo reventó la red. Durante unas horas la vestimenta de Iglesias estuvo entre los conceptos más buscados. Compitió con la histeria agotadora de Rivera y el «yo soy hijo de una madre» de Casado, que fue como la versión pepera y vergonzosa del «yo soy tu padre» proferida por alguien que desconoce el principio más básico del feminismo, aquel que indica que las mujeres no somos importantes en función de los hombres con los que nos relacionamos.
198 sublima con los códigos de consumo del siglo XXI la vieja máxima que sostiene que el hábito hace al monje y compite en el mercado como una marca «republicana». La firma se refiere a los 198 métodos de acción no violenta y desobediencia civil de Gene Sharp, un filósofo y politólogo estadounidense que promovía el uso de la no violencia para que los ciudadanos ocupasen de verdad el poder. Vista la actitud de Pablo Iglesias en la refriega del martes, parece que se cubrió con el uniforme adecuado, lo que confirma la tentación sacerdotal del dirigente morado, más eficaz cuando reclama paz entre los adversarios que cuando se la exige a sus camaradas.
Podemos comprende muy bien la fortaleza de los símbolos externos, desde la coleta al desprecio a la corbata; sabe que la ideología necesita uniformes, igual que los progres de los 80 necesitaban trajes de pana y un ejemplar de El País bajo el brazo para camuflar el cheiro a unto del franquismo. En 198 Revolt Clothing, los empresarios de la nueva política se atreven a afirmar que hacen «ropa para cambiarlo todo», un desliz frívolo que demuestra que las páginas de economía no son tan distintas de las del Elle y que también en esto la liquidez de Bauman ha venido para quedarse.
Cada tiempo político crea sus uniformes. En el universo de Podemos está esta firma malasañera, algo más chic que las camisas de Alcampo con las que Iglesias irrumpió en escena y que en Galicia adoptaron todas las mareas que en el mundo han sido en su versión cuadriculada. La derecha, mientras, ha descubierto el «fachaleco», una evidencia de que en ese arco los hombres tienden a tener frío en los riñones aunque pretendan disimularlo.