Aquí te puedes traer tu botella

ELLOS PONEN LOS VASOS Y EL ABRIDOR y por unos pocos euros te sirven esa botella que tienes en casa esperando por una ocasión especial que nunca llega. Cada vez son más locales gallegos los que ofrecen el servicio de descorche


Salir a cenar fuera es un planazo, más aún cuando lo haces acompañado de tu botella. No nos referimos a hacer botellón ni nada del estilo, sino al servicio de descorche que ofrecen cada vez más restaurantes gallegos. Esta práctica tan habitual en otros países, por ejemplo el Reino Unido, consiste en comer o cenar con tu propia botella de vino. Esa que tienes muerta de la risa esperando por una ocasión especial. Porque quien hace descorche no lo hace con una botella normalita. O sí.

«Cuando nos lo piden son vinos de 60 euros para arriba. Por una botella de 10 euros no te compensa, porque con los 10 euros que cobramos por este servicio, al final te sale en 20 euros que te puedes pedir un vino normal aquí», dice María Hermida, encargada del Charrúa en A Coruña. En este restaurante hace tiempo que tienen disponible este servicio, sin embargo, señalan que lo solicitan de manera excepcional. Rara vez les preguntan, «y si lo hacen -apunta María- son clientes que tienen bodega en casa o que por Navidad les han regalado un vino especial».

No es necesario avisar con mucha antelación de que vas a llevar tu propia botella, es más, los que lo practican simplemente lo advierten a la hora de hacer la reserva. Si el cliente quiere, puede dejarlo con antelación en el restaurante, por ejemplo en el Charrúa, e incluso hay otros locales que se ofrecen a conservarlo en su cava para que se mantenga en perfectas condiciones, como es el caso de la Picotería en O Burgo (Culleredo), en A Coruña.

«Ojalá se hiciera más»

En el Madia Leva, en Santiago, también puedes entrar con la botella en la mano sin miedo a pitar en el arco de seguridad. Cobran 5 euros por el servicio, siempre y cuando solo se vaya a beber, porque si te pides algo para acompañar es gratuito. Da igual la botella, que sea especial o normalito, que lo tengan en su carta o no. Ellos te ponen la copa y te lo sirven. La gran mayoría de los que demandan el descorche son personas del mundillo, aficionados que llevan botellas difíciles de encontrar, aunque también hay algún grupo de amigos que se juntan cada uno con su botella, y aun así acaban pidiendo las del local. «Lamentablemente no es tan común como nos gustaría. Nos gusta muchísimo el vino, más que una profesión es una pasión, y nuestro objetivo es que se consuma vino de la forma que sea», señala Miguel Ángel Barreiro, copropietario del local. No esconde que, obviamente, con este servicio no ganan tanto como si el cliente pidiera vino de la carta, sin embargo, asegura «que no todo es ganar dinero». «Tengo un local para ganar dinero, pero no solo para eso. Y de esta forma también puedes ganar clientes, porque lo mismo un día traen su botella, pero igual de esta manera te descubren y acaban volviendo. Apostamos por la cultura del vino, y cuanto más consumo haya, de la forma que sea, mejor», dice Miguel Ángel. Asegura que España está a la cola de esta cultura, a pesar de ser uno de los principales productores. «Todavía nos extrañamos cuando vemos a gente joven abriendo una botella de vino después de un examen», apunta, a la vez que afirma que acciones de este tipo contribuyen a fomentar esta cultura.

Otro de los restaurantes gallegos a los que puedes ir bien acompañado, sin faltar al resto de comensales que se sienten en tu mesa, es a Yayo Daporta. En el epicentro de una de las denominaciones más importantes de Galicia, no es de extrañar que los que más practiquen el descorche sean personas del sector «que lo utilizan para hacer sus pruebas». «Los precios que se ofrecen hoy en día en restauración son bastante razonables, así que suelen ser personas que están metidas en este mundo o algo muy especial», explica Esther Daporta, sumiller del restaurante. Lo tienen en marcha desde que abrieron sus puertas y a pesar de que por 5 euros se ofrecen a abrir vinos de todas las bodegas, no suelen tener muchas peticiones.

Aunque cada vez son más los locales que se suman a esta iniciativa, la realidad es que todavía son pocos los clientes que lo solicitan. «Poco a poco, igual que llevarte la comida que te sobra en un restaurante es algo de lo más normal fuera de España, y aquí hasta hace poco era rarísimo, y ahora se está poniendo de moda... Para nosotros es como el que nos pide traer la tarta porque alguien está de cumpleaños, no es muy habitual, pero es un servicio más que ofrecer al cliente», explica María Hermida.

Ya no hay excusa para no hacerle un marikondo a la estantería de las botellas. Las que veas que ya han pasado más de tres navidades en casa, va siendo hora de abrirlas. Si no te atreves, llévalas a cenar fuera, verás como no vuelven.

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