La mirada del rey

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A Felipe VI lo cogieron estos días con una caída de ojos repleta de significados y de significantes...

02 mar 2019 . Actualizado a las 13:12 h.

Una de las habilidades más admirables es disparar en el momento preciso. Ese dedo que pulsa cuando asoma el alma por los ojos lo tienen pocas personas. A Felipe VI lo cogieron estos días con una caída de ojos repleta de significados y de significantes. Parece que se la dirigía a Torra aunque puede que no. En realidad da igual. La instantánea se tomó durante el congreso internacional de móviles de Barcelona. Al margen de los ojos escrutadores del rey, lo mejor del asunto es que nadie sabe quién disparó la cámara, a quién pertenece el dedo acusador, quién captó ese desdén universal que proyectan las pupilas del monarca y que tan bien encajan para despreciarlo a él por condescendiente o para despreciar a Torra por insurrecto. Es lo bueno de las buenas obras, que cada uno le mete dentro lo que considera oportuno.

Pero lo singular de la foto de los ojos del rey no es lo que plasma sino quién lo plasma. La imagen ha sido replicada, comentada e interpretada mil veces, pero a esta hora nadie ha sido capaz de determinar quién se esconde detrás de la tela negra. La instantánea entró en el torrente de las redes sociales y adquirió enseguida temperatura de icono pero queda saber el nombre del autor. Hubo un tiempo en el que no todo el mundo podía ser fotógrafo. Requería unos conocimientos y unos utensilios inaccesibles fuera del oficio. Retratarse era un acontecimiento y las fotos, un documento con una naturaleza mágica. Hoy todos somos fotógrafos. Incluso hay quien solo ha contemplado el mundo a través del objetivo de su móvil. Observen a unas adolescentes haciéndose un selfi. Ensayan escorzos que al menos yo no sabía que existían y que son los precisos para que la estampa resulte perfecta. Con millones de cámaras disparándose a un tiempo, el autor ya es un autor colectivo.

Así que el desdén en los ojos del rey no tiene quién lo firme. En general estos reyes de ahora tienen poca suerte con sus retratos. Sus antepasados dispusieron del genio de Goya cuando los retratos eran un asunto real que el pueblo admiraba como algo extraordinario. Pero hoy las cámaras ocupan toda la escena y los reyes han perdido el control de su imagen. A Juan Carlos I lo pintó con calma hiperrealista Antonio López, pero una instantánea con un elefante le costó la corona. No sabemos cómo se ha visto Felipe VI en esta imagen anónima. Si le ha gustado lo que proyecta. Si coincide con lo que pensaba en ese momento, con el asunto catalán plantificado entre el fotógrafo y él. Solo él sabe si miraba a Torra o al camarero. Solo Torra sabe si lo miraba a él.