El concurso es una bestialidad. Conmigo que no cuenten. Se trata de zamparse un chuletón de al menos dos kilos para optar al premio final. Digo ese peso mínimo porque ya hay una persona que se ventiló uno de 2 kilos y 200 gramos. Sí, no una familia ni un grupo de amigos, sino un solo comensal. «Es un señor más grande que yo, que ya es decir. Y fue el que me dio la idea de organizar el concurso. A cada persona que se tome uno de estos chuletones le hacemos una foto y la pegamos en el local. A finales de agosto tendremos la final de grandes comedores y el que gane se llevará una cena para él y su familia, por ejemplo en Fin de Año», explica Raúl Gutiérrez, propietario de la parrillada Gardel de Arteixo. Es como pujar en una subasta de arte. ¡Póngame uno de 2,300! ¡A mí uno de 2,400! ¿Quién se comerá el más grande? «Lo hacemos de ternera porque el buey es mucho más fuerte, aunque tiene más desperdicio. El de ternera es todo comida, pero más ligera. Piezas de ese tamaño tardamos unos cuarenta minutos en hacerlas en la parrilla para que se calienten un poco por dentro. Hay que ir poco a poco. Alguna vez hice alguno de tres kilos, pero para compartir, para filetear, pero nunca había visto a nadie comerse uno él solo», apunta Raúl. Por el momento solo hay un concursante, pero el hostelero anima a los grandes estómagos de toda Galicia a que se animen. ¿Dónde estará el límite?
GASTRONOMÍA EN REDES
Ni tanto ni tan poco. Conozco a cocineros y hosteleros que dedican cantidad de tiempo a las redes sociales. Algunas veces cuentan con la ayuda de alguien y otras veces son ellos los mismos los que se afanan por dar a conocer sus platos y novedades en Instagram, Facebook y demás. Haciéndolo bien, todo ayuda a captar clientes. Pero también existe el otro extremo, los que rechazan la realidad de las redes. Uno de los casos más llamativos es el de Carlos Pérez, el de la taberna Hokuto de A Coruña. Logró convertir su escondido local en una referencia a base del boca a boca y sin haberle hecho una solo foto a sus preparaciones japonesas con inspiración gallega. Pero resulta que acaba de abrir un nuevo local, Õvera, y esta vez sí, parece que decidió hacerse más visible. Hace unos días, en la fiesta de preinauguración, hice algunas fotos al restaurante y a los platos. Las subí, pero todavía no pude etiquetarlas con el nombre del local. Este salto a lo digital va despacito, como los chuletones de dos kilos cuando están en la parrilla.