Taberna en el 2018, restaurante en el 2019


Vaya cambio el de Carlos Pérez. Termina el 2018 regentando una taberna en un barrio de A Coruña e iniciará el nuevo año dirigiendo un restaurante en el centro de la ciudad herculina. «Dejamos de ser la cueva», comenta mientras me muestra cómo van los últimos retoques del local que abrirá en unos días en la céntrica calle Durán Loriga. Para los no iniciados en la trayectoria de Carlos, decir que se formó por el mundo adelante, que pasó una temporada en Tokio, y sacó la cátedra de cocina japonesa en Kabuki. Hace 4 años abrió una taberna en el Campo de Artillería con una barra para unos pocos comensales, y tres o cuatro mesas para saciar el hambre de una veintena de personas en total. Con un menú medio por encima de 60 euros, bebida aparte, y alejado de las principales zonas hosteleras, logró un éxito difícil de imaginar. Un local de culto en el que solo utilizó redes para obtener los mejores pescados, pero nada de redes sociales. Este milagro se llama Hokutõ y tiene las horas contadas como tal.

LA PEQUEÑA VERA

El nuevo milagro que va a intentar Carlos lleva el nombre de Õvera. «Vera es por mi hija, que tiene dos añitos, y la õ inicial es para darle un toque oriental como tiene nuestra cocina. Todo va a ser luz, claridad, confortabilidad. Seguimos fieles a nuestro estilo. Pero claro, pasamos de taberna a restaurante y lo cierto es que no cambiamos porque nos fuese mal. Es otra etapa», me cuenta Carlos, que reconoce que está nervioso ante esta nueva aventura.

El 2019 se estrena con esta novedad hostelera en donde también habrá posibilidad de comer por veinte o treinta euros, o esa es la intención del propietario, consciente de que en el nuevo local caben hasta medio centenar de personas y es un lugar más de paso. Los Hokutistas gallegos, que los hay y muchos, seguro que echarán de menos la taberna, que es probable que Carlos vuelva a abrir en un futuro. Vaya cambio de año.

EN GOIÁN

En esta parroquia de Tomiño, Pontevedra, te reciben con dos SMS. Uno del Ministerio de Asuntos Exteriores y otro de la compañía de telefonía. Es lo que tiene estar tan cerca de Portugal. Me encantó la solera del Centro Goianés, que mantiene la esencia de las sociedades de antes. Sus taburetes con base de mármol, la barra artesonada, el enorme espejo con la publicidad del jerez y coñac Real Tesoro, y un montón de detalles más. Comí en Casa das do Correo, que ocupa una de las edificaciones más antiguas de la zona y que nada tiene que ver con los horribles edificios que la rodean. Un sitio que te recibe con el abrazo de la chimenea y el crepitar de la leña. Un establecimiento muy cuidado en el que te tienes que agachar para no darte un cabezazo con las vigas de madera que aguantan el peso de la historia. Disfruté de la comida y espero que no pase mucho tiempo para repetir. Que el 2019 nos traiga buenos alimentos.

Por Pablo Portabales Periodista

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