Sacerdotes gais


Ruppert Everett salió un día del armario para percatarse después de que el cine no estaba preparado para ofrecerle a un actor gay papeles de hetero. En Londres habló estos días de su interpretación de Oscar Wilde y denunció que los avances conseguidos en estos años en Europa están en peligro. Los reaccionarios de todas las épocas suelen coincidir en sus teimas. Someter a la mujer suele ser una sus preferidas y perseguir a los homosexuales suele ser otra. Así que hace bien Everett en advertir. De hecho estamos en una época perfecta para las advertencias.

A los católicos ortodoxos Francisco no les acaba de gustar. Son los miembros del club los que deben valorar los aciertos de su Papa pero en algunas cosas el jefe de la Iglesia tiene una responsabilidad general, como todos los pastores de rebaños multitudinarios. Por eso desconcierta lo proclamado esta semana por Bergoglio. El argentino se mostró «preocupado» por el número de sacerdotes homosexuales que ingresan en los seminarios. Parecía que en los seminarios habían dejado de ingresar personas en general, pero ahora resulta que el Vaticano no está inquieto por la constatada crisis de vocaciones si no por el hecho de que los aspirantes sean gais. El pontífice sospecha que detrás de toda esta explosión de personas que viven en libertad su orientación sexual solo hay una moda pero mientras tanto encomienda a los responsables de seminarios y noviciados que «mantengan los ojos abiertos» para detectar a tiempo a candidatos desviados que puedan colarse en las pruebas de selección y liarla pasado un tiempo. Textualmente el Papa ha dicho: «A los religiosos homosexuales hay que urgirles a vivir íntegramente el celibato y, sobre todo, que sean exquisitamente responsables, procurando no escandalizar nunca ni a sus comunidades ni al santo pueblo fiel de Dios viviendo una doble vida. Es mejor que dejen el ministerio o su vida consagrada antes que vivir una doble vida».

Con su perturbadora alerta Francisco incurre en dos grandes clásicos contemporáneos: todos los homosexuales son promiscuos y todos los homosexuales son malhechores sexuales en potencia, depredadores que explican por qué en la Iglesia católica se contabilizan miles de casos de abusos. Así que según el Papa, una determinada condición sexual te predispone para incumplir una norma interna, la del celibato, y una instrucción civil, la de no abusar de las personas. De ahí, a al triángulo rosa solo hay un par de peldaños.

Por Fernanda Tabarés Directora de V

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