«Cuando conocí a Gabri me dio un vuelco al corazón»

El día que cambió su vida lo tienen grabado a fuego. Les llegó el amor, en otros casos la ruina y hasta la maternidad a los 53. Hablamos con varias personas que nos cuentan ese instante en que todo se modificó para siempre


Su historia es de película y Ana Cores lo cuenta todo como si la estuviese viviendo por primera vez. Ella encontró a su media naranja y lo cuenta llena de felicidad en los ojos. El día que le cambió la vida, el día que Gabriel Herrera se cruzó en su camino, lo tiene grabado en su memoria. «Hay cosas que parece que solo pasan en las películas, pero yo lo viví. Cuando conocí a Gabri me dio un vuelco al corazón. He tenido la suerte de encontrar a mi media naranja». Todo ocurrió en diciembre del 2012. Ana acababa de mudarse para vivir una nueva etapa en A Coruña. Una ciudad nueva y un trabajo nuevo. La invitaron a la cena de trabajo de Navidad: «Puede que ese día no fuese lo que más me apeteciese, pero fui para integrarme». Allí se encontró con Gabriel Herrera y su vida cambió para siempre. «Gabri siempre me recuerda que ese día llegó de último y que cuando entró, me vio y volvió al coche a echarse colonia», recuerda Ana. Hablaron toda la noche y al despedirse él le pidió el teléfono para enviarle las fotos de la cena. «Era la excusa…», sonríe Ana. Empezaron a quedar y a charlar. Salían a cenar, se recomendaban libros… «Yo le decía a mi madre ‘este chico quiere algo’». El flechazo fue imparable. «Lo sentía mucho. Recuerdo que cuando me abría la puerta de casa me lanzaba a sus brazos», cuenta Ana. «Al mes y medio estábamos viviendo juntos. Gabri acababa de comprarse un piso para él solo y su hija, pensaba estar tiempo allí solo. Y al final lo estrenamos juntos»

Pedida en Venecia

Su historia de amor de película vivió un nuevo capítulo unos meses después. Se fueron de crucero y la última noche la pasaron en Venecia. «Era mi sueño conocer Venecia, y ahí, en un lugar mágico, me pidió que nos casásemos». La historia de amor siguió avivándose con una boda de cuento en México, de donde es Gabriel. Allí, en una playa de la Riviera Maya, prometieron amarse siempre. «Fue el día más feliz de mi vida, todo el mundo que ve con nosotros los vídeos de la boda acaba llorando. Fue muy emocionante». Hace dos años y medio que llegó a sus vidas el pequeño Adrián. Juntos dieron otro paso importante: los dos comparten su pasión por la odontología y juntos abrieron su clínica dental Herrera y Cores. «Nos une mucho nuestro amor por el trabajo. Juntos vamos a congresos y disfrutamos mucho», cuenta Ana.

Buenos momentos

Ana y Gabri siguen cuidando lo que tienen, compartiendo momentos juntos y mimándose cada minuto. «Todas las noches antes de dormirnos me abraza y me dice que me quiere», confiesa Ana. «Tenemos una complicidad única y es algo que los dos valoramos mucho. Encontrar la felicidad es lo mejor que le puede pasar a una persona», asegura Ana. Su casa está llena de fotos que recuerdan todos los buenos momentos que vivieron juntos: la boda, los niños, sus viajes... «Es poco tiempo, pero todo muy intenso. A veces cuando me paro a pensar todavía no me creo la suerte que tuve: es increíble poder decir que encontré a mi media naranja, la persona que me entiende, con la que comparto todo y con la que disfruto día a día». Los domingos por la tarde, cuando están solos y disfrutan de su sin niños, «le llamamos nuestra ‘tarde de novios’», ponen música, se abrazan y recuerdan aquel primer encuentro una noche de diciembre del 2012.

«ME ARRUINÉ Y NO VOY A PODER PAGAR JAMÁS»

Hay pocas personas que le den la vuelta a un fracaso, pero Pablo López es una de ellas. No solo le ha dado la vuelta, sino que ahora hasta lo contratan para que cuente su historia. «Forma parte del proceso de sanación, hay un lado egoísta también, necesito ir curando esa herida y hacerlo público me ayuda», cuenta este economista que en el 2011 vio cómo todo su mundo se venía abajo. Había creado una empresa con un socio que durante años les iba bien, tenían casi a cien personas trabajando con ellos, pero la suma de errores hizo que aquello terminara quebrando. «Nunca es del día para la noche, te vas engañando, crees que vas a ser capaz de aguantar, pero terminó siendo un desastre. Ya no se trata solo del golpe económico, porque yo me arruiné, sigo arruinado, y no voy a poder pagar en el resto de mi vida, sino del golpe emocional, le haces daño a mucha gente. Yo me consideraba una persona poderosa, capaz, inteligente, y acabé lleno de miedos e inseguridades», explica Pablo, que por esas cosas de la vida, tuvo que enfrentar ese año su tercera paternidad. «Tuve a mi tercera hija en el 2011, la gente me decía: ¡Qué valiente!, pero yo pensaba: ¡Qué inconsciente! Yo soy de familia numerosa, y siempre mi mujer y yo habíamos querido tener varios hijos, así que fue buscado y una maravillosa realidad». Ahora sus hijas tienen 10, 9 y 7 años y por supuesto están al corriente de lo que le sucedió a su padre.

«Afortunadamente mi mujer y yo estábamos en separación de bienes, y ella pudo seguir con su trabajo. Le estoy infinitamente agradecido, porque cuando sucede una cosa tan grave suele arrastrar también al matrimonio, pero no fue mi caso. Nosotros seguimos adelante y felices», se emociona. En cuanto le vino la ruina, ese instante en que le cambió la vida, Pablo asegura que no pudo elegir: «Sigues adelante, no te queda otra, yo siento que mi recuperación no ha sido todo lo rápida que me hubiese gustado, sobre todo la emocional, que está en proceso; sin embargo, volví a rehacerme y en el 2014 me certifiqué como coach y ahora me dedico a la dinamización de equipos, al desarrollo de personas, porque mi experiencia creo que me ha aportado y puede aportar muchísimo». El fracaso le ha dado esta nueva vida, pero Pablo no siente que lo haya superado aún: «La gente con experiencia dice que solo se supera cuando uno está agradecido de lo que le sucedió, y yo todavía no lo estoy. Cuando me hago la pregunta de si volvería a pasar por esto, yo aún no puedo responder que sí, pero es verdad que hace unos años decía: ‘Ni de coña’ Y ahora digo: ‘No lo sé’».

Lo que sí confirma Pablo es que el golpe no lo ha hecho más fuerte, ni siquiera lo ha convertido en una persona resiliente, ese adjetivo tan de moda. «No soy resiliente porque no he vuelto a mi forma anterior, lo que sí me he vuelto es algo más sabio, me han cambiado las prioridades y valoro mucho más lo esencial: me enfado muchísimo menos y con muchísima menos intensidad; digamos que relativizo los problemas del día a día, porque sabes que van a pasar». Pero con todo, Pablo no deja de manifestar sus temores: «Sé que voy a seguir cometiendo errores, y no tengo la certeza de que no sean los mismos, eso nunca lo sabes». ¿Lo mejor de toda esta experiencia? «Que he aprendido mucho del ser humano, de cómo somos, y que con todo lo que me ha pasado puedo ayudar».

«TER XEMELGOS CON 53 FOI UNHA FELICIDADE»

Fueron de los primeros gallegos en nacer con el nuevo milenio. El 1 de enero del 2000 en el Hospital Público da Mariña (Burela). Pablo pesó 2,715 kilos y Marcos 2,475. Pero con ellos llegaron toneladas y toneladas de felicidad para unos padres que habían perdido a su única hija en 1997. Aquel fue el primer cambio en su vida, pero brutal. Tanto que Pilar Rega Pardeiro y Plácido Irimia Saa, hoy hosteleros jubilados de Foz, se plantearon volver a ser padres otra vez. Aunque había un detalle que no era menor. Ella tenía 52 años. Lo consultó con su ginecólogo, el doctor Garfia, y comenzó un tratamiento de fertilidad. A los cuatro o cinco meses vino la buena noticia. Doble, además: ¡Eran gemelos! «O día que me deron a boa nova, coa pena que tiñamos dentro pola filla, iluminóusenos a cara outra vez. O médico deume os parabéns e tamén tranquilidade, porque eu tiña unha idade. Pero fun sempre moi saniña», recuerda Pilar. «Era maior pero non me vía tan maior -sostiene- e hoxe, grazas a Deus, estou moi ben, e teño dous ‘nenos’ que xa se defenden perfectamente». Este año cumplieron la mayoría de edad, están en la universidad y ya comenzaron a implicarse en el negocio familiar, el Hotel Rego y los Apartamentos Turísticos Os Gemelos en Foz, además de otros alojamientos en Lourenzá, donde ellos ya proyectan abrir un albergue. «Eles non notaron a diferenza de ter pais maiores», señala su madre, muy orgullosa porque «saíron responsables e cariñosos».

Su caso fue muy mediático. Recibió llamadas del extranjero y de numerosos medios: «O bautizo fora marabilloso -recuerda- e ata viñeron cadeas de televisión, incluso á comuñón. Os xemelgos teñen recordos moi bonitos». Hasta con Ana Rosa Quintana: «Foramos dúas veces ao seu programa e eles eran dous bulebules, espelidos. Ela dicíame ‘no me quiero imaginar tu casa revuelta con estos dos’. E resulta que ao pouco tempo ela quedou embarazada con 48 e de dous. Chameina para felicitala». «Ter xemelgos con 53 anos cambiounos a vida, si, pero a esa idade eu faríao mil veces máis», asegura feliz. Solo hay que verla.

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