Imanol Arias: «¡Claro que se me ha escapado un Merche en la intimidad!»

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La gente que le quiere le llama Manu, aunque de chaval su mote era «picha de oro». Ordenado, inquieto y noctámbulo, dice que de aquel «chico de Ermua» observador queda todo: «Del reparto de 'Cuéntame', yo soy el que he tenido una familia más parecida»

29 sep 2018 . Actualizado a las 09:23 h.

Por Imanol Arias (Riaño, 1956) no pasa el tiempo, así que cuando una comienza una conversación con él podría estar horas y horas hablando. No tiene prisa y se detiene a explicar cualquier detalle con minuciosidad de tal modo que enseguida se descubre como un hombre preciso, abierto, inquieto y muy observador. Esa capacidad de análisis -dice él- fue la que le permitió iniciar una carrera de actor que le ha dado tantos éxitos desde muy joven. Desde aquel Ramón de Anillos de Oro al Antonio Alcántara de Cuéntame han pasado muchas cosas, pero en esencia, Imanol, Manu para los amigos, sigue siendo el mismo: «De aquel chico de Ermua queda todo, la educación y esa forma de vivir sencilla». Unos pilares que le han servido también para dar vida a Antonio, un homenaje a su padre, ya fallecido, al que cada vez -asegura- se parece más. Pletórico a los 62, todavía no ve trazas de ser abuelo. Por el momento Imanol juega en otra liga.

-Vuelven Los Alcántara. «Cuéntame» cómo será.

-Lo que queda de la temporada es completar todo el desarrollo de la primera parte. Es muy importante lo que pasa con Carlos y Karina; lo que sucede con Antonio y Merche, porque se van descubriendo cosas del pasado. Yo estoy muy sorprendido, los capítulos son muy buenos.

-¡Qué difícil llevar casi 20 años y seguir ahí!

-Sí, con la misma estructura. Cuéntame, que empezó siendo una serie que apelaba mucho a la nostalgia, ya no es así, tiene una forma de revisar el pasado de una manera muy presente, se ha ido transformando ella sola. Y además, está el cese momentáneo de Ricardo (Carlitos), digo momentáneo porque de Cuéntame no se va nadie que no quiera. Ricardo lo ha hecho de un modo magnífico y ha tomado una decisión muy valiente.

-¿Qué es lo que más ha cambiado de Antonio Alcántara con los años?

-Que él es una persona que lucha contra la sensación de nido vacío, que quizá tiene más Merche. Ahora Antonio cesa esa especie de afán de tener a los hijos con él y da un salto a aquello de que «nos hacen dos, pero morimos solos». Acepta que los hijos vayan teniendo su vida.

-Tú has dicho que Antonio es un homenaje a tu padre.

-Sí, uno tira de lo que tiene más cerca. Y a la hora de hacer a un padre, también se daban las circunstancias de que de todos los componentes del reparto, yo era el que tenía una familia más similar a la de la serie: cuatro hermanos, mi padre que fue tornero, repartió recibos de la luz -como luego Antonio en el Ministerio-. Mi padre luego se fue a navegar como mecánico naval, después volvió y se hizo representante... Él fue construyendo su vida, e incluso esa manera de hablar fue surgiendo de una forma natural (El «me cago en la leche», «tontolaba»). Yo les explicaba a los guionistas cómo se oía a los vecinos en las casas de protección oficial, que es donde vivieron mis padres y sigue viviendo mi madre: una casa que tiene la cocina en el balcón y lo que era la cocina es el saloncito, y tres habitaciones y un baño pequeñito. Les contaba cómo se convivía y se oía a los vecinos. Yo sabía cuándo iban a tener un hijo [risas], sí, sí, se sabía... Sí que es cierto que cuando murió mi padre se me creó un vacío raro, porque estaba acostumbrado a que me llamara todos los viernes para hacerme su comentario maravilloso sobre la serie, la vivía como propia.

-¿En qué te pareces a él?

-No nos damos cuenta, pero estamos continuamente repitiendo cosas que hemos visto y oído. Y llega un día en que te miras delante del espejo y el parecido te asombra. Eso es lo que nos pasa con los padres, supongo que a mis hijos algún día les pasará también algo parecido.

-Pero ese salto generacional fue muy distinto en la educación.

-Mis hijos han vivido una etapa de más libertad en la sociedad, son tecnológicos, uno tiene 31 y otro 16 para 17, imagínate, su mundo pasa por ahí. Pero hay aspectos que siguen presentes incluso de mi hijo en mi padre. Las familias tienen una forma de entenderse: mis hijos son cariñosos, nunca se ha permitido ningún conflicto con tíos, con primos, con abuelos, eso ha sido sagrado para ellos. Son unos chicos que se consideran muy libres, el mayor ha viajado tanto con su madre y conmigo hasta los 16 años, se ha criado por medio mundo. Pero yo creo que sobre todo se ha perdido el misterio. Antes nosotros teníamos una especie de corchete, ahora lo cuentan todo, han perdido un poco de privacidad.

-Antes ningún padre le decía a un hijo: «Te quiero».

-Sí, mi familia no era nada besucona en ese aspecto, nada. Y yo, que vivo fuera de mis hijos hace 10 años, soy un condenado a recordarles continuamente que los quiero porque no los veo todos los días.