Las familias son para el verano

AL SOL DE LAS XUNTANZAS Con el buen tiempo hay familias que crecen y buscan, parte meteorológico en mano, el día D para juntarse. Nos vamos de Meirás a Toralla con mucha gente, parando en un lugar de Bergantiños donde todas las familias se juntan por lo menos una vez al año hasta las mil

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El verano que más brilla tiene ambiente de familia. Y no pierde de vista la máxima de la generosidad: Donde comen dos, comen tres. O veinte, o treinta... o incluso más.

En una finca de Meirás se ha reeditado en agosto una cita familiar que tiene su historia y su peso emocional. Ángeles es la «buena tía» que puso el sitio, casa y terreno en Meirás (Oleiros) para continuar con una costumbre que comenzó su madre, María, la abuela de los 19 primos (sumando también los políticos) que se reúnen en esta soleada foto para el álbum familiar: la de juntarse por lo menos una vez al año, para que la distancia no haga daño ni rompa los lazos esenciales de la vida. Antes, la xuntanza de los Hernanz solía ser por Navidad, pero las familias crecen, las distancias también, las circunstancias van cambiando y los destinos se reparten por el mundo, haciendo más difícil el reencuentro, que se reserva cada vez para una ocasión más especial. Este verano, los primos (los nietos de esa María que instituyó la quedada hace al menos 40 años) no se dieron margen para dudar: pidieron que alguien pusiese el lugar para hacer realidad el deseo de juntarse, y la tía Ángeles aceptó. Con unas carpas, y un ojo en el parte de previsiones meteorológicas, que por el Norte no debe faltar, eligieron el 15 de agosto. Y no tuvieron que quejarse de la niebla, el nordés o la falta de calor.

Toma aire, que empieza el recuento, la identificación: Virginia, Víctor, Lorena, Gonzalo, Óscar, Iria, Juan, Inma, Juan Ramón, Carmen, Jose, Silvia, Alejandro, Nacho, Javi, Cristina, Daniel, Lorena y Adrián dan, en esta foto, la cara por toda la familia, y su voz o portavoz es Jose, el primo mayor.

«Quisimos organizar una quedada en la que pudiésemos estar los máximos que fuese posible. Son siete hermanos, somos quince primos, algunos con hijos, más los primos políticos», empieza Jose. La familia va creciendo, y esta quedada de verano, que es hija de otra que los abuelos solían hacer en invierno, es pionera, excepcional. «Sí, es la primera vez que la hicimos tan grande... Otras veces lo intentamos y fue saliéndonos a plazos. Pero Ángeles se movió bastante, y faltan solo un par de primos que están fuera y no pudieron venir... Ángeles [que prefiere dejar el protagonismo de la foto para sus hijos y sobrinos] lleva la voz cantante, es la gran organizadora de todo esto», valora 

MUY BUENOS TÍOS

En la finca de Meirás, con sus toldos, su naranjo y una piscinita para el remojón de los más pequeños, con tortillas y empanadas, la cita familiar sale rodada. «Yo calculo que esta vez pudimos juntarnos 40. Y fue sobre todo gracias a la capacidad de organización de las tías, son cinco tías, y dos tíos, y dos tías políticas perfectísimamente integradas». Hace un tiempo que la xuntanza en Navidad se ha puesto difícil para los Hernanz (que tuvieron una mercería en el 204 de la avenida de Finisterre). Mis tíos son siete hermanos, y al principio en Navidad o Reyes nos juntábamos todos... Yo, que soy el primo mayor, fui cinco años nieto único. Luego vinieron un montón seguidos, pero estuve un tiempo como el mimadito de la familia», cuenta Jose (en la foto, el segundo de la fila de arriba, empezando por la derecha, de camisa vaquera), que recuerda su transición, de ser único a verse envuelto en una «jauría» feliz de primos que compartían mesa en casa de la abuela, y noches de quedarse a dormir todos juntos. «Un ambiente maravilloso. Esto sí es ser privilegiado. Tener una familia, unos abuelos maravillosos a los que nunca les molestamos en casa. Estas xuntanzas de familia fueron uno de sus legados. Uno de los mejores».

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En la pequeña A Fontefría, en Borneiro, se ha instituido un día grande para los 13 vecinos, 13 casas habitadas, que hay en el lugar. «Igual son 12, pero por unha casa máis ou menos tampouco imos discutir...», resuelve diplomático Estevo de Zas, que el pasado sábado se juntó por la noche con seis familias para cenar y cantar. «Segundo vaian as colleitas, ímonos xuntando. Isto empezou polas cachelas de San Xoán. Hai moitos anos os rapaces queimaban rodas, e de todo, e entón colleu un e díxolles: ‘Se non queimades nada máis que a leña, invítovos eu ao churrasco’», relata Estevo, uno de los participantes de esta xuntanza de familias con varias ediciones de verano en Cabana de Bergantiños a la que se le queda corta la canción. A ellos les dieron las diez y las once y las doce y la una y las dos y las tres... y las cuatro y las cinco de la mañana, con música de acordeón.

La cita que nació con la bendición de San Xoán, coa sardiña mollando o pan, quiso extender su buen rollo y alegría a otras fechas. «Ao acabar a colleita das patacas e a sementeira do millo, fixemos outras máis», dice Estevo. Todas en verano, «porque cando empeza o inverno non se pode, que vai frío... e na Fontefría imaxínate, co nome que ten», apunta.

LA DISCULPA DEL CHURRASCO

Haciendo honor a su nombre, A Fontefría encuentra su abrigo en el calor familiar. Y cuenta en los últimos tiempos con relevo juvenil. La cena en esta última xuntanza empezó sobre las diez y al acabar, hacia las doce y media o una, llegaron los postres «consistentes», «moito e variado», el café y la guinda de la velada.

«Para min, o mellor destas xuntanzas é estar todas as familias xuntas un anaco. Vas moito por aí e non ves que haxa moitos lugares nos que se xunten os veciños para gozar así de estar xuntos», valora Estevo. El churrasco, admite, es solo una disculpa «para estar, verse, falar, contar contos e pasar un velada todos xuntos e que nos dean as catro e media da mañá, que eu foi a hora á que marchei...». «Ás veces somos moi cohibidos, parece que nos dá máis vergonza cos nosos, poñernos a cantar cando estamos diante dun veciño, dun fillo ou dun pai», considera el portavoz para YES de esta xuntanza bergantiñá que tiene fans.

Hay ya una familia que se apuntó para la próxima, y un lugar vecino a dos kilómetros que toma recortes y quizá instituya pronto su propia xuntanza familiar.

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Las reuniones familiares de los Regojo, con raíces en Fermoselle (Zamora) y el lustre de haber fundado un imperio del textil que llegó a ocupar el tercer puesto en el ránking nacional, solían ser en el pazo de Redondela. Ahora la costumbre sigue en pie, si no en el pazo, en Toralla, como una isla ajena al paso del tiempo en la que siempre es verano en familia. «Cuando uno tiene 11 hijos, 29 nietos, con los respectivos yernos y nueras, se forma un grupo importante. Entonces, estas reuniones las hacemos sobre todo en verano, cuando la gente suele estar de vacaciones», comparte Pedro Regojo, ingeniero industrial textil que firma un legado familiar que no descuida los detalles y aprecia el sabor de la buena mesa. Y compartido, más. «La última de estas reuniones [el pasado domingo en Toralla] fue de las más pequeñas que hemos tenido. Estaba mi hija María con su marido, Fran, y sus seis hijos; mi hijo José María con su mujer, Ana, y sus seis hijos. También estaba mi nieto mayor, que está empezando quinto de Medicina, y una hija de mi hijo Felipe», detalla Pedro, que esta vez echó en falta a su hijo y su nuera de A Coruña, «que son un pack de nueve, con sus siete hijos».

La familia Regojo invierte el desolado mapa demográfico gallego. «Por nosotros... el país va avanzando», sostiene con gracia nuestro anfitrión.

Pedro Regojo tiene una gran afición a la cocina, adquirida a partir de los 40 años en un viaje a Londres. «A la vuelta a casa, le dije a mi mujer, Poti: ‘Quiero aprender a cocinar’, y ella me dio el libro Paso a paso», revela. Ahora tiene ya su propio recetario de 30 o 40 platos, prepara estofados y 11 tipos de arroces que hacen las delicias de su gente. «Mis nietos son de piñón fijo: milanesa con cuantas más patatas fritas mejor. Pero los mayores son más exigentes...», comenta. ¿Buena mano y paso a paso? «Ya sabes que el secreto de la vida es el amor. Cocinar para gente extraña debe de ser difícil -considera Regojo-. Pero cocinar para tus hijos, tus nietos y tu mujer es lo mejor».

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