De fiesta en fiesta

... Y DE PUEBLO EN PUEBLO Se conocen innumerables lugares gracias a todas las copas que han servido. Mientras tú bailas, ellas ni siquiera escuchan las orquestas. Hacen kilómetros de un lado a otro de la barra desde que decidieron que, lo que para los demás era una de fiesta, para ellas sería un sustento

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A. A.

¿Te imaginas pasar las fiestas de los pueblos trabajando hasta que no quede nadie? Seguro que para ti las verbenas son sinónimo de diversión, estar con los amigos, bailar hasta el amanecer o quedarte afónico de tanto cantar pero, aquí en YES, hemos encontrado a unas chicas tan trabajadoras que eligen dejar a un lado el placer de disfrutar de las orquestas para pasarse horas y horas poniendo copas sin descanso por todos los pueblos que conocen alegrándoles a los demás las noches del verano. Podríamos hasta decir que ellas son parte del alma de la verdadera fiesta, porque, si no estuvieran, los demás no podríamos vivir las verbenas de la misma manera.

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SIETE AÑOS EN RUTA

«De la primera fiesta en la que trabajé ni me acuerdo la verdad... Llevo siete años recorriendo los pueblos». Andrea tiene 25 primaveras y su «entretenimiento» durante sus veranos ha sido poner copas a todo aquel que se acercaba. Malpica, Louro o Baio son solo algunos de los lugares que esta camarera ha recorrido desde los 18 años. Para ella está claro que sí merece la pena el esfuerzo de trabajar cuando los demás se divierten, sobre todo por el dinero que puede llegar a ganar. «Ahora mismo pagan mejor en las comisiones de fiestas que en los pubs. En las fiestas, normalmente, te ofrecen diez euros la hora y en los pubs 50 euros por toda la noche», afirma. Y aunque es cierto que económicamente compensa, es un trabajo en el que el descanso no existe. Esta camarera está desde las 11 de la noche hasta más o menos las cinco y media de la mañana, sin olvidar la sesión vermú, en la que no suele parar ni un segundo desde la una hasta las cuatro y media de la tarde. «Yo prefiero la noche porque se te pasa el tiempo más rápido. Además, por la noche es solo servir copas; en cambio, en la sesión vermú tienes que poner copas, vermús, refrescos... Es más lío», aclara.

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Hay muchas maneras de conocer Galicia pero Rosalía, nuestra protagonista, lo hace de una forma de lo más atípica. Ella es otra de las chicas que viajan de pueblo en pueblo cada verano para conseguir que las copas se sirvan a tiempo en cada fiesta por la que pasa. A los 19 años le dieron la oportunidad y no lo dudó: «Empecé en las fiestas de Bértoa. Ya estaba trabajando de camarera y al final siempre conoces gente, te lo ofrecen y te dan una manera de poder sacar un dinero siendo así de joven».

Lo normal para ella es visitar cada mes del verano dos o tres lugares donde las orquestas son las protagonistas, pero sin gente como ella la fiesta no podría funcionar. Después de siete años de barras y comisiones de fiestas es difícil que Rosalía pueda acordarse de cada uno de los sitios por los que pasó, pero sí hay alguno que recuerda con más cariño: «Repito casi siempre en Baio y Malpica, es en los que no suelo fallar porque estoy muy a gusto, aunque son los que más gente tienen y a veces es un poco estresante, pero me acabo divirtiendo mucho», recuerda. Si le das a elegir entre ambos lugares, tiene bastante nítida la respuesta de su mejor experiencia: «Hace un par de años en las fiestas de Baio nos lo pasamos genial, lo recuerdo con mucha alegría. Allí los chicos que las organizan son gente joven, te tratan superbien y te hacen estar genial y divertirte», explica.

MEJOR LA NOCHE QUE EL VERMÚ

Está claro que después de tanto tiempo siendo camarera en las verbenas uno acaba teniendo preferencias, y al preguntarle por si se lo pasa mejor por la noche o en la sesión de tarde, contesta con alguna que otra duda: «Aunque me gusta la sesión vermú, la más divertida es la nocturna. En la vermú es todo muy de repente, donde lo doy todo, pero ahora que lo pienso me lo paso mucho mejor por la noche, sin duda», aclara. A pesar de la diversión, un trabajo es un trabajo y también tiene su lado malo, porque como la misma Rosalía recuerda, de una manera muy graciosa, el cansancio a ciertas horas de la noche se apodera de ella: «Lo peor es que es muy duro, son un montón de horas y en una fiesta que haya mucha gente, al final acabas como si hubieras hecho el Camino de Santiago», comenta entre risas. Y, aunque este trabajo le ha dado muy buenos momento, después de tanto tiempo esta experta camarera lo tiene claro: «Este año ya es momento de darle el relevo a las nuevas generaciones, aunque siempre me acordaré de esto».

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Hay veranos que he trabajado en las fiestas de Muxía, que son una semana; luego voy sumando las de Baio, que son cuatro días; después te llaman para las de Laxe que duran también otros cuatro... igual 15 días de cada mes sin parar lo hacía con facilidad, aunque a veces eran más, está claro», relata riendo. Esta chica se llama Sabela, es de Corme y lleva trabajando en las verbenas desde los 16 años, que fue cuando decidió dejar a un lado las juergas con los amigos cada verano, para estar detrás de la barra poniendo copas todos los días de sus vacaciones. Sí, sí, todos los días, porque descansar para ella no es una opción y acudir a todos los pueblos de los que la llaman es ya casi una costumbre veraniega.

Está claro que una de las razones que llevó a esta chica a ser camarera en las diferentes fiestas es lo bien pagado que está y la gran cantidad de lugares a los que puede acudir. «Melide, uno de los pueblos en los que estuve, son siete días de fiestas y puedes llegar a ganar unos 1.000 euros en una semana», afirma. Sabela cuenta también una de las mejores cosas que le aporta estar trabajando durante el verano, porque no todo iba a ser poner copas: «Lo mejor que me llevo son las amistades que he hecho. Aunque sean varios pueblos diferentes, constantemente ves a gente con la que ya has trabajado antes y acaban siendo tus amigos». Hoy en día nuestra protagonista está empezando a buscar otros trabajos pero, durante 10 años, sus verbenas han sido detrás de una barra: «Llevo yendo ya desde hace cinco años a las fiestas de Bértoa. Corme me gusta mucho repito siempre porque es mi pueblo, y en Louro siempre quedo supercontenta», destaca.

Y como era de esperar para una persona que se pasa el verano de fiesta en fiesta, lo mejor de ello son los amigos que la visitan entre copa y copa: «Te encuentras con todo el mundo. Hay gente que no te ve durante todo el invierno, pero se sigue acordando de ti y se acerca a saludarte... Yo creo que esos son los momentos en los que ves que hay personas que te van cogiendo cariño y es genial», concluye con una sonrisa.

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