Tócame otra vez mamá

COMUNÍCATE CON TU BEBÉ, aunque no sepa hablar. Hazlo a través de las caricias, que a veces dicen más que las palabras. Busca 10 minutos para el relax, tanto tuyo como de él, porque esto es cosa de dos o de tres.

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¿Te apetece que te de un masaje, Teo? Así comienza la conversación entre una madre y un bebé de apenas tres meses. Aunque es obvio que no va a recibir una respuesta, sabe de sobra cuál es. Me atrevería a decir que si estas criaturas (que no llegan al año de vida) hablaran, dirían algo así como: «Tócame otra vez, mamá». Los bebés quieren mimos, no solo cuando lloran desconsoladamente como si fuera el fin del mundo, también les gusta que los achuchen y los coman a besos cuando todo está en orden, en su orden. Tanto agradecen que los toques, que disfrutan de los masajes casi más que los adultos. Gracias a estas caricias se sienten más seguros, más queridos y aumentan el vínculo emocional con sus papás en los primeros meses de vida. Pero además, la estimulación táctil puede conseguir otros beneficios no menos importantes como aliviar dolor, gases, estreñimiento, dolor de dientes, liberar hormonas de relajación o mejorar patrones de sueño.

Con las manos ligeramente impregnadas de aceite, Patricia se prepara para realizar una serie de movimientos sutiles en el cuerpecito de Teo. Él la mira, apenas se revuelve en la colchoneta y parece que le gusta. Ella empieza a mover sus manos suavemente por él. «El orden no es importante, entender que es un momento para disfrutar sí lo es, así que si nos saltamos un paso no pasa nada», matiza la matrona Raquel Ramos de la maternidad HM Belén que, junto con Conchi González, imparte los cursos de masaje infantil para padres de bebés de entre 0 y 12 meses. Más allá de esa edad las necesidades ya son otras, y las pautas serían diferentes.

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APENAS 10 MINUTOS

Cuando empiezan a gatear o consiguen darse la vuelta rápidamente realizar el masaje se convierte en todo un reto, aunque apenas sean 10 minutos. Por eso, las matronas recomiendan ir aprovechando las posturas que nos van poniendo en bandeja. Si se ponen a gatear, hay que masajear la espalda, si nos dan una pierna, a por ella... Lo que sí es fundamental es encontrar un lugar cómodo e íntimo que propicie ese diálogo táctil entre ambas partes. Porque si el masaje tiene ventajas para el que lo recibe, también para el que lo da. «Empezamos con una presión suave, porque hay que pensar que es un estímulo nuevo para él, que no ha recibido hasta ahora», le advierte Conchi a Patricia. Aunque son pasos muy superficiales y ligeros el estímulo es suficiente como para que los bebés precisen incorporarlos de manera gradual, y así ser bien tolerados y aceptados por ellos. Después la anima a coger la pierna del pequeño para explicarle los diferentes movimientos que se pueden hacer desde la ingle hasta la planta del pie. Ojo cuando les pasas los dedos por las plantas de los pies. Caramba, sí lo perciben.

La sesión en la que se toca la barriga puede ser una de las más esperadas por los padres que han leído, les han dicho o han escuchado que los masajes van muy bien en el tema de los cólicos. «Durante el curso les enseñamos movimientos específicos para cólico que les ayudan a aliviar los síntomas, pero mientras estén en ese período les recomendamos que solo den este masaje para que el bebé no relacione el masaje completo con el dolor que produce el cólico», explica Conchi. Solo trabajan del ombligo para abajo, porque se centran en el intestino grueso, así que los movimientos siempre van a ser en sentido de las agujas del reloj. No todos los bebés toleran bien que les toquen la barriga, especialmente después de comer, pero en este caso Teo se muestra muy receptivo.

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Desde paleteos como si estuviéramos en la orilla de la playa hasta dibujar un sol y una luna sobre su barriga o escribir un «I Love You» . Estos ejercicios, a priori, desconocidos para muchos padres, se mezclan con otros juegos de toda la vida. ¿Quién no ha jugado a adivinar cuándo las hormiguitas que suben por el antebrazo llegan al codo? Con más o menos intensidad y diferentes cuentos el ejercicio se puede alargar el tiempo que se quiera. De la barriga pasamos al pecho y, a continuación a la espalda, que da para otra clase.

Estas cinco sesiones de hora y media se convertirán en apenas diez minutos en tu casa. Pero ya te adelanto que más que de tiempo, esta es una cuestión de tacto.

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