Lo que sobre me lo llevo

DEL PLATO AL TÁPER Si hay buen diente, mejor ración contundente. Sobre todo sabiendo que lo que no se come en el restaurante va a una caja y para casa. Es ya una tendencia consolidada en Galicia. Las buenas sobras hacen cenas

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Hay formas y formas de demostrar satisfacción por el cocinado de una comida en un restaurante. Hasta hace poco tiempo, dejar algo en el plato era un signo de reprobación por la elaboración o por un exceso en la comanda. Sin embargo, si el sabor es bueno y estás saturado es muy probable que el local tenga recipientes para que puedas dejar algo para comer en casa, porque ya está más que extendida esta práctica que hace unos años daba hasta vergüenza.

Más allá de la responsabilidad en el consumo, Ángeles Tuñas es de esas cocineras que se disgustan cuando ve que regresa comida de las mesas. Antes de que se disguste, el camarero ya suele advertirle que todo acabará en un táper. En La Jefatura, un restaurante compostelano que pronto cumplirá cinco años desde su apertura, han sido testigos de la evolución de esta tendencia consolidada. A pesar de que está muy cerca de la catedral, sus clientes son eminentemente locales. «Nuestras raciones son contundentes», explica esta chef, que percibe que hay comensales que siguen sin atender las recomendaciones de contención «porque llegan con hambre».

DE LA CROCA AL SECRETO

Pocas ensaladas o productos que habitualmente se toman como primer plato acaban en las cajitas, pero es habitual que cuando llegan a las carnes empiecen a saturarse o a preferir disfrutarlo en otro momento. La parrilla es la gran apuesta del local, pero no todas las carnes se comportan igual ante un recalentado. «La croca no tiene ningún problema porque la ponemos poco hecha. Se puede saltear con ajo y queda perfecta». Lo mismo ocurre con el churrasco de cerdo o el secreto, «porque son piezas más blandas y se pueden calentar sin problema al día siguiente». La de ternera, en cambio, «pierde mucho», advierten.

 

La opción de llevarse todo lo que sobra sin necesidad de decir que son sobras para el perro cobra sentido con las cenas multitudinarias, en las que es más difícil acertar con las cantidades. «Por supuesto, el vino por botella también se lo pueden llevar», recuerdan desde La Jefatura.

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TENDENCIA QUE VA A MÁS

Salir a comer de restaurante, terminar y dejar con pena la comida intacta en el plato por vergüenza a preguntarle al camarero si existe la posibilidad de llevarla para casa. ¿Todavía te ocurre? Pues no tiene por qué. Cada vez hay más conciencia social frente al desperdicio de comida y aumenta la tendencia de llevarse lo que sobra del plato. Para los que aún sienten cierto pudor, es hora de que pierdan esa vergüenza puesto que hasta los mejores restaurantes se suman a esta tendencia en boga también en Galicia y ofrecen al cliente la posibilidad de consumir lo que no se come en el restaurante en casa.

La Oca, ubicado en la avenida Ramón Ferreiro, en Lugo, es uno de estos restaurantes. «Hai uns anos o cliente era reacio a levar a comida que lle sobraba para a casa pero agora o demanda cada vez máis», manifiesta el propietario del establecimiento, Antonio Rodríguez.

Con más de 30 años sirviendo menús muy variados de primera calidad -pasta elaborada de forma artesanal, arroces, pescados o carnes- Antonio se ha adaptado al momento y prepara «las sobras» para que los clientes las disfruten en otro momento en casa. «Como temos servizo a domicilio, utilizamos os mesmos envases (cerrados hermeticamente) e caixas no caso das pizzas, para que os clientes leven a comida», explica el hostelero.

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LLÉVATE EL VINO EN CARBALLO

En octubre del 2015 abrió la brasería Carballo, en la capital de Bergantiños, y desde allí cuenta Damián Blanco que llevarse a casa en táper la comida que sobra en la mesa del restaurante es cada vez más frecuente. Dice que, sobre todo, suele ocurrir cuando se programan comidas grandes y, más frecuentemente, a mediodía. Es una posibilidad que en este restaurante carballés ofrecen desde el primer día, «dende que abrimos»: «Penso que é por economía. Se un vén comer e se pode aforrar facer a cea porque sobrou comida, pois isto está moi ben! Coas ceas si que non pasa tanto, que as leven é máis raro», sopesa. Damián indica, además, que no solo ocurre con las comidas, sino también con el vino, por ejemplo. Llevarse a casa la botella si no se ha terminado -y no necesariamente ha de ser un caldo muy caro, porque siempre se puede aprovechar- también se va haciendo cada vez más, aunque todavía es menos común que lo de las viandas. No faltan «tápers» en este restaurante que él atiende junto a sus padres. También ofrecen comida para llevar, así que están preparados. «Temos moita carne, pero tamén ensaladas, peixe, verduras... Todo pode levarse», detalla. Es algo a lo que recurren sobre todo comensales del entorno más cercano: «A xente que vén de fóra xa vén con outra présa e é distinto».

Seguimos la ruta del táper que se cuida de no desperdiciar nada a la mesa. Y llegamos a Casablanca... ¡en Vigo!

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CASABLANCA ESTÁ EN VIGO

Aunque el desenfado es marca de la casa, en el Da-Vid no se andan con tonterías con las cosas de comer. El hostelero David Rodríguez Prieto es el dueño del restaurante a punto de cumplir 7 años en el barrio vigués de Casablanca, frente al muro de la estación. Una materia prima de primera en toda la carta (desde las carnes, pescados o mariscos a los postres) elaborados bajo la supervisión de sucesivos jefes de cocina que aprendieron en El Celler de Can Roca, no puede quedarse en el plato para acabar en el contenedor. «Si el cliente no puede terminarse lo que le ponemos, se lo lleva. Lo ha pagado y es suyo», resume con una frase sin discusión. «Nosotros tenemos envases especiales para que no se pierda por el camino», indica. Para David, que se formó en la Escuela Superior de Hostelería en Santiago pensando en la gestión, aunque acabó ampliando fronteras entre fogones y hasta haciendo deliciosos helados artesanos en el local contiguo, el asunto está claro. «Lo que es una pena es que la comida se pierda», opina. En su establecimiento, la clientela no se corta. «Se llevan hasta el vino», añade. Pero tampoco le parece extraño, sobre todo, cuando quedan sobre la mesa botellas casi enteras que los comensales han pedido en un arranque de euforia. Las cuentas, claras hasta el final. Te la traen en una especie de caja registradora de juguete con calculadora incluida para dividir entre los paganinis.

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