¿Y tú de qué yoga eres?

Estilos para todos los gustos. Con cerveza, flotando en el mar, con pareja acrobática, a ritmo de tambor, a 40 grados... Elegir una clase es todo un desafío. Te ayudamos a decidir qué modalidad de yoga se adapta más a ti. Julia Arteaga de Yoguineando nos presta sus viñetas y su humor


Si este verano todo te la suda, el bikram que se practica a 40 grados de temperatura es tu modalidad; pero si prefieres estar más fresco y combatir el calor con un baño de mar decídete por el SUP yoga, convierte la ría en tu aula y ejercita tu equilibrio, porque tendrás que lograr mantener las asanas (posturas de yoga) sobra una tabla de paddle surf. Un reto que llega a Galicia desde Florida y que consiste en realizar distintas posturas del hatha yoga sobre la tabla. Chapuzón asegurado.

Los asiduos del chiringuito tampoco se libran porque para ellos tenemos el beeryoga, que promete aunar las excelencias de la cerveza con el saludo al sol. Y aunque parezca una broma, su fundadora Jhula insiste en que combinan «la filosofía del yoga con el placer de beber cerveza para alcanzar un mayor nivel de conciencia». Ahí queda eso.

Los que prefieran las vacaciones en la montaña podrán decidirse por el goatyoga, sí, sí, has entendido bien, es yoga con cabras. En Oregón encontrarás la granja original donde se imparte esta curiosa especialidad que incluye tener minicabras saltándote sobre tu espalda mientras tú intentas hacer adho mukha previo pago de unos 35 dólares a la hora.

También hay una modelo que dice haber inventado el yoga rebelde o strala yoga, una fusión que mezcla yoga, fitness y danza. Aquí la dimensión espiritual es lo de menos; se trata de poner en movimiento el cuerpo al son de la música. La creadora es la exmodelo y bailarina neoyorquina Tara Stiles; quien, desde que abrió su primer estudio en Manhattan, ya cuenta con miles de seguidores por todo el mundo. Así que este será tu estilo si eres de los sofisticados urbanitas.

Si te va justo lo contrario, es decir lo más primitivo, el butiyoga conecta con las danzas tribales y es muy, muy, dinámico, aunque para los más agresivos hay otra modalidad más cañera, yogakickasana, que incluye técnicas de boxeo tailandés. ¡Una locura! Pero antes de que perdamos el Om por completo dejemos de lado estas extravagancias y busquemos algo un poco más zen...

La profesora Julia Arteaga selecciona en su libro Yoga con humor algunos de los estilos más extendidos y nos explica sus indicaciones e inconvenientes. Así, empezamos con el hatha yoga, que es el estilo original dentro de la tradición y combina posturas mas o menos estáticas con tiempos de descanso. También incluye técnicas de respiración. Es ideal para los que buscan la conexión cuerpo-mente, pero no tan indicado si lo que se busca es sudar la camiseta.

Del flow al nidra

El vinyasa flow es un estilo más dinámico que sincroniza movimientos y respiración: la clase, nos dice Julia, es una especie de baile en el que la respiración es la protagonista. Cada clase es diferente y hay que permanecer muy atento a las indicaciones del profesor. En el ashtanga vinyasa, sin embargo, siempre se repite la misma secuencia de posturas, lo que puede resultar relajante... o un aburrimiento. El Iyengar yoga, practicado por la reina Letizia y sus compis yoguis, se centra en la estricta alineación del cuerpo. Tienes que seguir las instrucciones precisas del profesor y ayudarte de sillas, cinturones, bloques y cojines para encaminarte a la postura perfecta, en la que tendrás que permanecer varios (largos) minutos. Ya sé que parece una tortura, pero es muy gratificante. Es ideal para los que se están iniciando, ya que aprenderás a hacer las asanas de forma correcta, aunque debes prepararte para aguantar las exigencias de perfección del profesor. No siempre es fácil dar el nivel.

El estilo Forrest trata de curar el dolor físico y el emocional y facilitar el uso inteligente del cuerpo. Además integra el desarrollo del espíritu.

Las clases de dharma combinan el canto de mantras con las posturas en las que se trabaja la flexibilidad, los equilibrios de brazos y las invertidas (se refiere a posturas cabeza abajo). Pone a prueba tus límites físicos y mentales. Hay que ir muy motivado y preparado para tener agujetas.

Un estilo más suave es el del yoga restaurativo, que trabaja el cuerpo y la mente de forma terapéutica. Ideal para desconectar la mente.

Si es el cuerpo el que necesita un descanso pero tu mente está activa, Julia Arteaga nos recomienda practicar el yin yoga con posturas pasivas que se afrontan con los músculos relajados y gran concentración. Y en esta línea relajante (que se que te está gustando) también encontrarnos el yin yang, que combina asanas potentes en la primera parte de la clase con otras relajantes en la segunda. Es decir, la relajación tiene el mismo protagonismo que la parte dinámica: 50/50.

Y así llegamos al estilo nidra. Este el único donde se nos permite ¡dormir! en la postura de savasana. Es el yoga del sueño. Se trata de acceder al sueño a través de la relajación. Los ronquidos son bienvenidos. Díselo a tu pareja. Precisamente para practicar con la media naranja tenemos el divertido acroyoga en el que se realizan acrobacias casi circenses. Una advertencia: hay mucha proximidad física.

Ya para expertos, Julia Arteaga recoge en su libro la modalidad de sivananda, que se trabaja desde niveles muy profundos con posturas ideadas para abrir los canales de la energía y estimular los chakras. Además de que suena muy friki, la clase se empieza haciendo el pino sobre la cabeza, lo que ya te da una idea de que no es para todo el mundo.

Yogagram

Entre los estilos estacionales nuestra experta menciona el yoga para embarazadas o el yoga detox que se programa como actividad de Año Nuevo. Y no me olvido de la modalidad que cuenta con más seguidores en todo el mundo: el yogagram. ¿No la conoces? Consiste en subir a Instagram tus fotos practicando en playas o montañas preciosas y esperar a los likes. ¿Te ves retratada? Namasté.

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