EL DEBATE ESTÁ SERVIDO Es un acto de generosidad que cada vez va a menos. En busca del porqué, recurrimos a dos expertas en Protocolo para saber en qué casos procede premiar con esta ayuda extra al empleado
19 may 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Lo primero, decir que no somos antipropinas, faltaría más. Pero de un tiempo a esta parte, observamos que el hábito va a menos y se ciñe cada vez a menos situaciones. ¿Nos hemos vuelto más tacaños o es que el bolsillo nos achucha? Dos expertas en Protocolo, Olga Casal y Mar Castro, nos ayudan a entenderlo. Y lo primero es explicar el contexto en el que vivimos, que no es el mismo de hace veinte años. Casal nos confirma que el hábito va a menos, y por diversas razones: «Los salarios no son muy altos, aunque los derechos laborales han avanzado. Antes muchos empleados trabajaban sin contrato y cobrando la mayor parte de su sueldo en B, y ahora eso ocurre muchísimo menos. Esos derechos adquiridos hacen que la propina a día de hoy siga siendo un complemento para un sueldo bajo, pero no es imprescindible».
Todos seguimos teniendo interiorizado que al buen camarero o al botones -este último también en vías de extinción- hay que dejarles propina. Pero, ¿quién se acuerda de los empleados de la gasolinera o de la limpieza? «Antes se dejaba propina prácticamente siempre por cualquier servicio, pero la crisis vino a darle la vuelta a esto porque todo el mundo anda muy estrecho de dinero como para dejar propina aquí y allá. Lo sueldos se han igualado por abajo», indica Casal, que añade que como consecuencia de esta tendencia, los más jóvenes están creciendo sin apenas conocerla. Otro factor a tener en cuenta es el del pago por tarjeta y por móvil, que nos lleva a la pérdida del manejo de dinero en efectivo. «Hace unos años, al pagar generalmente en efectivo, ya dejabas el cambio. Ahora muchos servicios ya los hemos pagado previamente, como la pizza que pedimos por Internet o la compra del súper, y ya no hay tanto pie a darle efectivo al que nos la trae», comenta la experta. Mar Castro es más optimista. «Yo sigo viendo muchas propinas a los empleados de las peluquerías y a los repartidores, y hay aplicaciones móviles que ya las incluyen cuando pagamos con tarjeta. Somos personas, y por eso también nos fijamos en la persona que nos está prestando el servicio. Muchas veces piensas: ‘Mira qué mayor, qué tarde es y sigue trabajando o cómo se mojó con la que está cayendo’. Lo cierto es que apreciamos eso y se siguen dando propinas, y está bien», apunta la profesional, que añade que «es un acto voluntario. Si sirve para ayudar a ambas partes, al que lo da porque le hace sentirse mejor y al que lo recibe porque ve incrementados sus ingresos, mejor, ¿no?».
Ahora bien, ¿cuánto y cómo hay que dar la propina? «Es horroroso eso de andar rebuscando en el bolsillo. Hay que tener clase para todo, y también para esto. Yo si se la voy a dejar al chico de la mudanza, o al que me está pintando la casa, no le digo: ‘¡Toma, una propina!’. Le diré: ‘Tómense algo ahí abajo que hace mucho calor’. Ya sabemos la forma, así que vamos al cuánto. «Lo del 10 % es un mito, una leyenda urbana, y créeme que he estado en muchos países pero, salvo en EE. UU., no lo he visto en ningún sitio. Hay que dejar lo que uno considere», opina Casal. Castro hace otro matiz: «No hay que dejar siempre la misma cantidad en todas partes, porque cambia mucho la calidad y la atención según el sitio en el que estés». Pues eso, que como acto voluntario que es, deja lo que te apetezca cuando lo consideres. Desde luego, te lo agradecerán.
REPARTIDOR DEL SÚPER: Existe la costumbre de dársela, «pero como ya no hay transacción, porque la compra está pagada, se va perdiendo», dice Casal, que insiste en que si el servicio es excelente podemos dejarla, pero que no pasa nada si no lo hacemos.
BOTONES: Aquí el sí es rotundo. «Es una costumbre internacional y eterna. En cualquier sitio se les deja», observa Casal. No obstante, esta profesión está en vías de extinción y ya cuesta encontrarse con uno de estos empleados a la antigua usanza.
MENSAJERO: Rotundamente, no. «No procede, y me extrañaría que las políticas corporativas de las empresas de mensajería no incluyan la prohibición de que los repartidores reciban efectivo, a no ser que sean reembolsos», afirma la experta.
CAMARER@ Sí, pero siempre y cuando el servicio haya sido excelente. «Ahora el rasgo de calidad ya no se pide, se exige. Lo que se premia es la excelencia», asegura Olga Casal, que reconoce que a estos profesionales se les suele dejar.
TAXISTA En principio, no procede. Otra cosa es que nos den un plus y nos pregunten lo que queremos escuchar en la radio o si la temperatura es la adecuada, o que nos ayuden a encontrar ese sitio al que necesitamos llegar.
PELUQUER@S No procede. «Yo creo que se ha perdido también este hábito, a no ser que sean personas mayores o peluquerías de esas de toda la vida. Antes había un bote para la propina y ahora ya no los veo, y menos en las de cierto nivel», aprecia Casal. Castro, sin embargo, sí que sigue apreciando esta costumbre, «pero solo se les da a los empleados, al dueño no», matiza.
MUDANZAS Tampoco procede por el servicio en sí. Otra cosa es que veas que son impecables, que te han dejado todo perfecto y que, aún encima, están trabajando a 40 grados a la sombra. De nuevo, que su atención trascienda a su trabajo.
PIZZER@S: Si quieres tener esa atención, la tienes, pero con el encargo por Internet ya se da menos propina. Las dos expertas coinciden en que otra cosa es que sea la noche de Navidad, que te la traigan tardísimo, que llueva a cántaros y te apetezca premiarle.