Estos locales son la caña

Aquí hay más de un grifo y no precisamente de agua. Tanto si eres de los indecisos como de la cerveza clásica, tienes donde elegir, porque estos locales se salen del mapa: ¿belga?, ¿sueca?, ¿gallega? Tienes «rubias» para dar y tomar

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¿A quién no le gusta tomarse una cervecita en su tiempo libre mientras se da una vuelta por el mundo? Pues en Taproom puedes elegir entre 20 grifos rotativos de diferentes lugares, como Japón, Irlanda, Bélgica o Canadá, entre otros.

 El cliente habitual, con edades comprendidas entre 30 a 50 años, tiene la oportunidad de probar un nuevo tipo de cerveza cada semana. Esta vez le tocó el turno a una belga tostada, y la siguiente es una sueca. Por supuesto, también hay Estrella Galicia para los clásicos. Pero si no te decides por ninguna, no te preocupes, porque tienen para los indecisos una tabla de diez cervezas variadas a muy buen precio.

El local era una antigua nave industrial de 400 metros cuadrados situada en el Polígono do Temple, en Cambre. Un nuevo concepto de bar ya instalado en ciudades como Madrid o Barcelona, con un espacio muy amplio pero a la vez acogedor, ya que han sabido organizar la estancia para que resulte muy atractiva y espaciosa, con una decoración un tanto minimalista donde destaca un impresionante fresco en negro que representa el skyline de la ciudad de A Coruña, pintado a mano alzada, algo que sorprende teniendo en cuenta la altura del local.

Y como espacio tienen de sobra, Manu Candal, el dueño del local, decidió plantar un naranjo y un limonero en el centro. «Cuando entra la luz del sol, se transforma en un ambiente muy especial y parece que estás en una terraza», asegura.

Si quieres acompañar la cerveza con algo de comer, tienen tapas y raciones donde elegir. Desde los platos más típicos como la empanada casera, fabada, tortilla de patatas o sus sabrosas alitas de pollo a la parrilla, hasta otros menos autóctonos como las fajitas mexicanas.

La música no podía faltar. Los viernes hay actuaciones en directo de grupos de rock y folk gallegos, y todos los sábados por la noche un DJ se encarga de crear un ambiente funky y relajado. El propietario apuesta por la cultura de las pintas que existe en ciudades como Londres o Dublín, pero sobre todo cuidar al cliente con buena cerveza. ¿No es la caña?

EN EL CASCO HISTÓRICO

Poseer un alma cervecera. Es lo único que necesita aquel que acuda al SoulBeer de Pontevedra. Una experiencia de lúpulo y espuma, particular y diferente cada vez. Esto último, conste, no es un mero adorno; es su principal virtud.

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En este bar situado en el centro del casco histórico pontevedrés no hay hueco para la cerveza industrial. Olvídate de las marcas habituales que siempre has bebido. Aquí los grifos y las botellas son exclusivos de lo que de un tiempo a esta parte se conoce como cerveza artesana. Y además, varía cada semana. Una pizarra marca el menú y las posibilidades. El cliente prueba, elige y bebe. En sus cinco meses de vida, solo han repetido un barril. Diversidad gallega y nacional en estado puro.

El local nace como un paso más en la vida laboral de Eneko y Anxo, ambos productores de cerveza artesana, al sentir la necesidad de montar un negocio en el que pudieran dar salida a sus marcas personales (Faxilda y Saramagal) de una manera directa. Lo hicieron, y ahora rebosa de gente. «La pizarra es la parte más llamativa. La posibilidad de beber nueve cañas diferentes y todas artesanas. Al principio algún cliente se sorprendía, pero muchos acaban descubriendo nuevos sabores. En parte es lo que queremos. Aconsejamos, hablamos y charlamos con ellos. ¿Que quieres probarla antes de pedir? Lo haces, sin problema», explica Eneko. Junto a su compañero logran revalorizar un producto tan desconocido hasta hace poco como la cerveza gallega no industrial. ¿Su sabor? Exquisito. «Un cliente nunca había probado estas marcas y, tras ello, volvió un día y nos dijo: ‘Me he enganchado’», se ríe el empresario.

Las paredes, cargadas de adornos musicales y recuerdos pasados, generan confort. Al fondo, una serie de cómodos sofás para relajarse. Por la televisión están sonando sempiternos hits de los 60 y los 70. Un paraíso cervecero y artesano.

VARIEDAD DE CERVEZAS

En pleno barrio lucense de A Milagrosa, caracterizado por sus locales para disfrutar del tapeo con unos vinos y cañas, se encuentra la cervecería Tabla De Flandes. El establecimiento lo regenta desde el año 2001 Manuel Arias López y destaca por su amplia variedad de cervezas. «Ahora mismo tenemos unas 60 cervezas de referencia y todas son rotativas. Cuando una variedad se acaba, se cambia por otra, pero nunca se repite», explica Manuel, que a mayores dispone de un grifo de cerveza local y dos de artesana.

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La cervecería abre sus puertas a las tres de la tarde y echa la llave sobre la una de la madrugada. Los domingos permanece cerrada por descanso. «El producto lo marca el mercado. Los turistas suelen apostar por cervezas locales pero sin embargo los autóctonos buscan lo distinto», cuenta este hostelero, que indica que lo raro es lo que llama la atención.

El precio de la cerveza varía, pero se pueden degustar por un precio de dos euros la botella y con un grado de alcohol que oscila entre los tres hasta los 15 grados. «Las negras procedentes de Dinamarca son las que más grados tienen», explica Manuel, que invita a todos los amantes de la cerveza a entrar en su establecimiento y probar una de las diferentes birras con las que cuenta.

CERVEZA EN LA ZONA DE VINOS

O bandullo do Lambón es un pequeño oasis cervecero en el medio de la zona de vinos compostelana. Esta tienda-bar sería la tentación de cualquiera que quisiera venderle pulpo y empanada a los turistas, pero Héctor Suela ha optado por dar rienda suelta a su pasión por las rubias, y en especial por las artesanas, porque sabe que «el que es de vino, es de vino, y con el pulpo no voy competir». El negocio lo abrió cinco años atrás, y desde hace tres se ha especializado con la cerveza. Y sabe que va contracorriente, porque a los de fuera les gusta probar las bebidas locales, como es menester, y los gallegos se han vuelto «muy especiales» con las marcas industriales. Cambiar cuesta cada vez más, por las agresivas campañas publicitarias y su fuerte competencia, pero en este local esa es precisamente la gracia, innovar, ya que hay más de trescientas referencias en rotación, seis grifos con artesanas y cuatro neveras hasta los topes entre las que Héctor siempre sabe sacar un ejemplar que se adapte a las características. «Podemos no tener la marca exacta que le gusta a alguien y que probó en un lugar remoto, pero si me dan alguna pista siempre encuentro algo que se pueda parecer y recomendarlo. Ahí empieza mi trabajo», reivindica.

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Los ingleses, asegura, son los que más disfrutan cuando comprueban la variedad de opciones que tienen para beber cerveza a dos pasos de la catedral. Y también alucinan con los precios, ya que en O Bandullo do Lambón es posible disfrutar de una artesana gallega desde dos euros, y si uno se pone estupendo, puede paladear auténticas maravillas de los países nórdicos o americanos por cinco euros.

En Santiago, la marea cervecera que ya está inundando las urbes del sur de Europa, se traduce en tres locales similares al de Héctor y una tienda especializada. ¿Competencia? «En realidad somos colegas, todos pasan por aquí para probar cosas nuevas y yo también voy por sus locales». Entre ellos van compartiendo conocimientos, catas y referencias, y van alimentando una afición creciente que recomiendan disfrutar responsablemente.

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