¿Cuál fue tu primer disco?

NUESTROS MEJORES recuerdos aún se cuentan por vinilos, aunque pronto lo haremos por playlists de Spotify. Y es que la generación que se estrenó con los discos de «Enrique y Ana» o de «Mecano» ya casi consumen música solo a través de Internet


El consumo de música ha experimentado tantos cambios en los últimos años que casi sorprende la unanimidad que existe hoy en torno al streaming. Generaciones enteras con su propio formato (casete, disco, CD, Blue-Ray, DVD...) comparten, en la actualidad, usos y costumbres.

Antes éramos capaces de pasarnos semanas ahorrando la paga del domingo para comprarnos un ansiado vinilo y ahora, en cambio, hacemos lo mismo que nuestros hijos para disfrutar de los temas favoritos: Spotify, YouTube, iTunes, Amazon… Hasta que llegó el CD, -que en paz descanse-, casetes y vinilos dominaban la escena musical de cada hogar. Los más afortunados tenían un tocadiscos o un radiocasete con doble pletina -eso ya era lo más- y guardaban los singles de los Beatles en maletines de cuadros. Aquel espacio tan importante que todos teníamos reservado para la música en la salita de estar o en la habitación ha quedado reducido a nuestro teléfono móvil.

¡Cuántas cintas grabadas de la radio para escuchar una y otra vez a nuestro antojo! ¡Cuántas horas de larga espera con los deditos preparados en el Play y el Rec para no perder de grabar un solo compás! Si teníamos mala suerte y se colaba la voz del locutor en algún momento, esa frase, esa palabra, ese chiste quedaba sellado en la letra de aquella canción de por vida. Aún, hoy en día, te sorprendes cuando escuchas la versión original sin el Tú y yo lo sabíamos de Joaquín Luqui por encima. ¡Hola, hola, holaaaa!, saludaba siempre.

Además, si no había cintas regrabables por casa (¿os acordáis de las TDK?), se tapaba el agujerito de abajo en una original y listo. ¡A borrar un tema con otro!, que material prescindible había siempre bastante. ¿En qué casa no pululaba un Los mejores chistes de Eugenio, el Dançando Lambada o la tabla de multiplicar de Enrique y Ana? ¿Y a que pronto pasaron a ser carne de cañón para dar entrada a los hits del momento? Sin escrúpulos de ningún tipo. Lo único malo es cuando a tus padres les apetecía volver a escuchar la cinta del Dúo Dinámico y se topaban con que ya no sonaba Manolo y Ramón, sino el Everywhere de Fleetwood Mac.

La mayor de las alegrías que te podías llevar cuando comprabas un disco eran los extras. Por ejemplo, si no traían las letras, el disgusto era capital. Así lo piensa Carlos Bau, cantautor coruñés, conocido por sus homenajes a Los Secretos y a Hombres G, que se estrenó con el Descanso Dominical de Mecano (con el que posa en la foto es anterior, el primero de la formación musical) y su segunda apuesta fue Luz Casal. Loca por teneeeer ganas de volveeeer... Sentarte a disfrutar del giradiscos con las paginitas de las letras de las canciones sobre tus piernas es algo tan típico de los ochenta como los chicles Cheiw, el Vicks-Vaporub o el pelo pincho de Limahl. Ahora las tienes todas a golpe de click, así que nos hemos convertido en hombres y mujeres multipantalla.

La manera en la que uno se estrena en el mundo de la música es significativa, pero no definitiva. Hay gente cuyo primer single fue uno de aquellos discos-sorpresa de Manolo Escobar, Mari Trini o Karina que regalaban con el coñac Fundador y que hoy en día son auténticos fans de Led Zeppelin. ¿Y qué me dicen de los treintañeros que se compraron el Boom 6 en el 88 y ahora flipan con la música indie? Y eso que algunos temas de aquel recopilatorio dolían mucho eh, como las Cosas de la edad de Modestia Aparte o el Si Bastasen un par de canciones de Eros Ramazzotti. Otros apostaron a caballo ganador, léase Michael Jackson, Queen o U2.

La farmacéutica Marta Viguera ha visto a los irlandeses en directo unas veinte veces y hasta compartió ascensor con Bono «pero no fui capaz de decirle nada», confiesa. One es su canción y el Joshua Tree, su disco. También puede ser que no tuvieras la suerte de contar con un hermano que te fuese abriendo camino hacia aquellas músicas que te acabaron volviendo loco con el paso del tiempo. Por su parte, la abogada coruñesa y secretaria local del PSOE Eva Martínez Acón reconoce haber tenido un pasado a los Jennifer Rush. «Yo era como los de Europe, pero en chica».

 «CANTABA COMO LOCO LAS DE ENRIQUE Y ANA»

Luis Latorre Real (Lugo, 1975) conserva todos los discos que fue adquiriendo desde los tiempos del Pulgarcito. Aunque sus gustos de ahora son bien distintos y el formato vinilo se le quedó bien atrás, al presidente de la Asociación Lugo Monumental le resulta fácil hacer memoria: «Mi hermana Cristina y yo teníamos la suerte de contar con un tocadiscos para nosotros, así que a nuestra casa venían varios niños del vecindario. Recuerdo que cantábamos como locos las canciones de Enrique y Ana, los Payasos de la Tele, Parchís y demás glorias. Era la forma que teníamos ella y yo de pasar las tardes de lluvia, cuando no podíamos bajar a jugar a la calle».

Cuando le preguntamos dónde los tiene -con el fin de retratarlo para este reportaje con esos tesoros sonoros-, responde: «Juraría que están todos en casa de mis padres». En efecto. Así es y así puede al fin posar con ellos para este YES. «Curiosamente, aunque éramos muy pequeños, los tratábamos con un cuidado exquisito y por eso hoy están en perfecto estado», añade.

LOS SUPERVENTAS

Explica este funcionario lucense que el primer disco que le compraron sus padres fue uno de los Payasos de la Tele: Gabi, Fofó, Miliki y Milikito. El segundo «debió ser uno de Enrique y Ana», -el Cocouaua-Cocouaua-Cocococouá o el Amigo Félix fueron auténticos superventas en los años ochenta- y también tenía los de Discolandia, con las canciones de los dibujos animados que salían en la tele: Los Pitufos, El Osito Misha y la Abeja Maya.

Otra cosa bien distinta fue el primer disco que se compró con sus propios ahorros y que fue «La Flauta Mágica, en la versión perfecta de Solti. Siempre me gustó esa ópera. Desde muy pequeño». Aun así, le tiene un cariño enorme a todas las joyas que disfrutó en su infancia y por eso conserva la colección. «Sí, es cierto que ya no usamos los vinilos, porque hay medios más cómodos para escuchar música. Pero ahí están en recuerdo de una niñez feliz y despreocupada».

«LE PONÍA FIXO A LOS CASETES PARA REGRABARLOS»

El periodista ferrolano Luis Fraga (46 años) aún recuerda cómo le ponía fixo por debajo a los casetes para pisar el contenido de las cintas originales y así regrabar lo que le apeteciera de la Frecuencia Modulada: «O compraba una TDK, la más conocida de las cintas vírgenes, o aprovechaba una original que no me gustase». Vamos, que piratear música es tan antiguo como las cabinas de teléfono en la calle. Pero el caso de Luis es peculiar, ya que él empezó tan jovencito a trabajar en la radio que pronto se convirtió en ese locutor de voz aterciopelada que da paso a tu tema favorito y al que adoras. Di tú que su voz era y es tan bonita como las canciones más bonitas, así que a Luis le podías dejar que sonase por encima del tema sin ningún problema.

Cuando llegaron los vinilos a su vida, Fraga escogió uno de Objetivo Birmania -las Bananarama españolas- para estrenarse. Eran los tiempos en los que la televisiva Lola Baldrich todavía no se había incorporado a la formación, pero ya cantaban Desidia «al borde del mar». «Creo que me llegó a través de una revista que se llamaba Discoplay. ¡Recibir un paquete postal ya de por sí hacía mucha ilusión!», rememora. «Otros de mis primeros vinilos fueron de Rick Astley, Los Toreros Muertos o una colección de discos de Police que gané en un concurso de DJ de la Ser. Pero el disco que más me ha gustado es un maxi single de The Blue Monkeys. La canción It Doesnt Have to Be This Way la he escuchado muchísimo».

Este eterno amante de la radio triunfó en Antena 3 como presentador de televisión y, en la actualidad, es consultor de comunicación corporativa y docente de Atresmedia Formación, universidades y escuelas de negocios. Para este reportaje, le hemos hecho bucear entre unos recuerdos y un material que hacía unos veinte años que no veía; y es que sus primeros vinilos permanecen en la casa familiar de Ferrol. «Tuve también casetes, pero más que comprar, que también, lo que hacía era grabar de la radio poniéndoles fixo. Ahora me suscribo de vez en cuando a Spotify, pero no soy muy fiel. Depende de si voy al gimnasio o no».

«MI PRIMERA PLAY-LIST FUE UNA DE KINGS OF LEON»

María Villaverde tiene 21 años y estudia cuarto de Farmacia en Santiago. Podríamos decir que pertenece a esa generación que ya no compra discos, que es capaz de ir a un concierto sin dominar el repertorio de un artista o que está enganchada desde la adolescencia a la aplicación Musical.Ly para hacer verdaderas virguerías de videoclips con solo quince segundos de canción. Pero no es así exactamente, porque María empezó a estudiar música a los 7 años en el Conservatorio Histórico de Santiago y luego se graduó en guitarra.

«Desde pequeñita, la música siempre ha sido algo muy importante en la vida. Me aporta relajación y desconexión», explica. A esta residente en Bertamiráns (Ames) le gusta ir a todos los conciertos que puede porque disfruta con la música en directo. Cuenta que su primer vinilo fue uno de Bon Jovi. Se lo compró con sus ahorros a los 17 años, porque ese es uno de los estilos musicales con los que más disfruta.

Al tocadiscos de su casa todavía se acerca de vez en cuando, sobre todo cuando tiene tiempo y le apetece escuchar un artista en concreto, pero confiesa claramente que ahora es más de oír la música en streaming. Es decir, como cualquier joven de su edad, utiliza Spotify todo lo que puede y más. «Incluso para estudiar. Es que en mi carrera hay algunas asignaturas con las que tengo que centrarme bien con el fin de retener los textos, pero luego tengo otras que son mucho más de resolver problemas o numéricas. Y es en estas con las que me pongo música. Aun así, suelo escoger play-lists que son instrumentales o acústicas y temas tranquilos. Nunca me pongo canciones cuya letra me conozco, claro está, porque me desconcentraría», asegura.

CLÁSICA Y MODERNA

María Villaverde es una rara avis entre sus compañeros, ya que compagina los antiguos formatos con los modernos. «Utilizo mucho Spotify pero también escucho vinilos. Youtube, para oír o ver música, reconozco que yo no lo uso». Así como se agarra a Jon Bon Jovi para confesar cuál fue su estreno en el mundo de los vinilos, también recuerda que su primera play-list fue una del grupo Kings of Leon. «Creo que esa fue la primera que hice». Y aún la tiene por debajo de las otras listas en su biblioteca digital sonora de la plataforma. Puestos a elegir la mejor canción de su discografía favorita, esa que nunca te cansarás de escuchar mientras vivas, la estudiante compostelana manifiesta su clara preferencia por el Purple Rain de Prince. «Me gusta un montón. También diría el Sultans of Swing, de los Dire Straits. Ese tema podría escucharlo en bucle». Son estribillos que María Villaverde podría oír toda su vida, dice, sin cansarse. De otras canciones, en cambio, se acabó aburriendo de tanto escucharlas.

Ella es la esperanza blanca de los musiqueros viejunos. A ver si no, cuántos veinteañeros son capaces de colocar a Prince en un pedestal (o de saber quién es siquiera). Es igual. Los reguetoneros también tendrán derecho a redimirse con el paso del tiempo.

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