¡Ponme 327 gramos de polenta!

O DE ARROZ INTEGRAL, o de sal rosa del Himalaya? Porque ahora la compra se hace en gramos. A granel, como la vida misma. Olvídate de las bolsas de plástico: lo sano, solidario y respetuoso con el medio ambiente, y con el bolsillo, es llevar tus propios botes a la compra.


En las cocinas de Pinterest todo es perfecto. Las estanterías están llenas de botes transparentes rellenos de semillas, granola y macarrones vegetales de colores. Tan fotogénicos como prácticos. Aquí los alimentos se guardan sin aire y pueden aguantar meses. Pues ahora esos mismos botes te servirán para ir a la compra. Olvídate de las bolsas de plástico: lo último es llevar tus propios envases de casa y rellenarlos de todos los alimentos imaginables. De lentejas, garbanzos, frutos secos, cereales, arroz, especias, sal, galletas… Es el regreso de la venta a granel, la única que solo conocían nuestros tataratatarabuelos. Ya lo decían Alfred y Roi en la academia: «¿Cómo nos gusta la vida? ¡A granel!».

«Es una moda, pero también una realidad: poco a poco la gente se va concienciando y eso es bueno». Lara Prendes dejó su trabajo como diseñadora de moda para cumplir con sus principios y dar rienda suelta a una de sus pasiones: la comida. Y así fue como montó Despensa 77 en A Coruña, un espacio libre de plásticos donde vende más de cien referencias a granel. Desde legumbres, hasta arroces, pastas o especias. Todo al peso, como antes. A su tienda puede acudir todo el que quiera con sus botes de casa y rellenarlos. «Los pesamos antes, cuando están vacíos, y una vez los llenan los volvemos a pesar para calcular el precio y el peso». Los que acuden con su vajilla de casa tienen premio: hay descuento para todos ellos.

«Animamos a que vengan con lo que tengan a mano, a dar una segunda vida a lo que ya tienen por casa, como bolsas que no usan», apunta Lara. Entre su clientela: gente mayor del barrio a la que le encanta comprar como hacían antiguamente y mucho foodie lover. «Tengo un padre que viene todos los sábados con su hija y me encanta», confiesa Lara.

ADIÓS PLÁSTICO

«Hay gente que me comenta que en casa guarda los alimentos en botecitos y yo les explico que los pueden traer ya directamente y rellenarlos aquí, y se quedan sorprendidos». Más ventajas: el granel permite llevar solo lo que uno sea capaz de consumir. «No hace falta comprar cantidades enormes si eres una persona sola. Así puedes llevar solo lo que necesites», apunta Lara. Su tienda es una mezcla de colores que entran por la vista, cáctus y muchos botecitos que invitan a soñar con un lugar exótico. En una esquina cuelga una bolsa de diseño de Lara: «Fuck fashion, we want food». «Es un guiño a mi pasado relacionado con la moda y lo mucho que me gusta la comida», cuenta esta emprendedora, que viajó un año por Sudamérica y se empapó de alimentos (y superalimentos) antes de lanzarse al mundo del granel. Entre sus próximos proyectos: lanzar unas bolsitas de tela reciclables (y muy cuquis) y cursos de cocina para sacarle todo el partido a los productos a granel. «Me encanta que la gente venga aquí y me cuente sus recetas y aprender de los clientes».

«Es cierto que hay una corriente muy fuerte del regreso del granel. Quizá en España no sea tan habitual, pero en otros países de Europa sí hace tiempo que existen. Sin duda, se van dando pasitos para reducir el packaging excesivo». El ejemplo más claro está en Ámsterdam, donde acaban de inaugurar el primer supermercado sin plástico. El granel no solo cuenta para las lentejas. En Ecotienda, también en A Coruña, venden hasta detergente al peso. «La gente puede traer sus propios envases de casa o reciclar los que tenemos aquí», apunta Iván, el responsable de este negocio eco. «Tenemos detergente para ropa, suavizante, lavavajillas y limpiador multiusos». Todo al peso, como antes.

A veces por conciencia ecológica y otras por recuperar tradiciones. En Vigo, en La Despensa de Clara, su objetivo es volver a lo de antes. «Es cierto que la venta a granel es una moda, pero nosotros queremos que no sea algo pasajero: tratamos de recuperar el ultramarinos de toda la vida». Desde su despensa llevan cuatro años fomentando la filosofía slow. «Todo está pensado en grandes cantidades. Siempre hago la misma comparación: es como si quisieses comprar un chorizo y tuvieses que comprar un cerdo entero. A veces no necesitamos tantas cantidades, y el granel permite llevar solo lo que se necesita», asegura Ana, de Las Hierbas a Granel, en Lugo. A ella llegan treintañeros buscando unos gramos de orégano que llevarse a su cocina. Aquí todo pasa por la báscula. Sin trampa, ni cartón, ni plásticos.

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