¡Esto sí que es una animalada de amor!

KIRA TIENE SEIS MESES, EL CEREBRO OPERADO ¡Y LADRA! Hasta una campaña de recaudación de fondos hizo su dueña, que acoge en su casa a otros 8 perros y 5 gatos, para someterla a una operación pionera en el Hospital 4 de Octubre de A Coruña

¡Esto sí que es una animalada de amor! Kira tiene seis meses, el cerebro operado ¡y ladra! Su dueña hizo hasta una campaña de recaudación de fondos para someterla a una operación pionera en el Hospital 4 de octubre de A Coruña

«La encontré en la calle, un perro le había mordido y dejado ciega de un ojo, ¿cómo no iba a recogerla?», pregunta Laura González. «Soy un caso perdido», añade quien no duda en describir su casa de Gondomar como «un zoológico». La pequeña Kira es solo la última (que non a derradeira) incorporación a una gran familia en la que conviven además otros ocho perros -«todos con alguna tara», apunta - y cinco gatas. Le ayuda su madre. «Sin ella no podría atender a tanto bicho», dice esta profe de inglés que confiesa que trabaja para los animales. «O para los veterinarios», tercia Isidro Mateo Pampliega, el neurólogo de la fauna, responsable de neurocirugía en la Universidad Alfonso X el Sabio de Madrid y socio del Hospital Veterinario 4 de Octubre de A Coruña.

Fue en este centro donde, de la mano de la anestesista y directora, Paloma González de Ramos, le cambiaron la vida a esta pequeña mestiza con una cirugía cerebral novedosa entre los de cuatro patas. Intuye el especialista que con el ataque se le deformó el cráneo, pero en las pruebas de imagen comprobaron que, junto a esas deformaciones, tenía malformaciones congénitas, visibles también en la mandíbula, que podían estar en la base de las convulsiones que la agitaban.

En lenguaje técnico «tenía un meningoencefalocele nasofrontal, le faltaba el hueso que impide la comunicación entre la cavidad nasal y la craneal», explica. Su cerebro estaba en contacto con el aire que respiraba. Tres horas tardaron en operarla el 8 de marzo para acceder al tejido herniado, cortarlo y reconstruir la cavidad con dos placas de titanio. «Le pusimos un sustitutivo de la duramadre, una membrana sintética», añade.

Por lo pronto «más contenta no puede estar», dice Laura mientras la perrita juguetea con una pelota. Con unos y otros, Kira ha pasado de vagabunda a dama. «Es la princesa de la casa», resume su dueña, activa colaboradora de múltiples protectoras y que no dudó en pedir ayuda para darle una oportunidad a la cachorrita. «Hice un llamamiento a través de redes sociales, y el Hospital 4 de Octubre me descontó muchísimo, yo no podía asumir el coste de la operación». «Siempre procuramos tener una atención especial con los animales desamparados», explica la directora, que no dudó en apostar por una cirugía complicada que, aunque en humanos se suele realizar, no es común en los animales. De hecho, la experiencia formará parte de la primera publicación sobre el tema, que Isidro Mateo presentará en un congreso.

Ahora Kira, que calculan ronda los seis meses, se comporta como cualquier cachorro. Nada que ver con su aspecto cuando Laura la recogió herida el 17 de diciembre y tiempo después empezó a sufrir convulsiones. La llevó a su veterinario de cabecera, en Tui, porque notó que algo pasaba: se bababa, no retenía esfínteres, se quedaba atontada... por no hablar de los epilépticos movimientos de cada crisis. «Enseguida me dijo que aquello no pintaba bien, y nos derivó a Fauna, en Pontevedra», recuerda Laura. Allí le hicieron un TAC porque desconfiaban de que el mordisco le había provocado más lesiones que la del ojo y ya contactaron con Isidro, y con el 4 de Octubre. «Fue un shock», resume. 

AYUDA PARA COSTEARLO

A través de Facebook y con ayuda de protectoras como Villa Peixiño, de Coruxo, Bai.senpulgas, de Baiona, y Sen Fronteiras, de Tui, reunió los algo más de 2.000 euros necesarios. «Me busqué la vida como pude, sorteé una cesta, y la gente respondió de maravilla. Para mí era imposible, ¡si el fondo que intento tener para emergencias ya se fue casi en el primer TAC!», recalca Laura.

Pero la aventura hospitalaria no se quedó ahí. Tras la operación, tuvo una recaída por la meningitis, lo que supuso una semana más de ingreso. «Lo único que puedo decir de este hospital es que no es de 10, sino de 12. Es muy importante darle el reconocimiento que se merecen. De 12 en trato, en cuidados, en todo... ¡Si cuando la vine a buscar no se quería ir!», añade atropelladamente Laura.

«Si no se la hubiese operado, lo más probable es que la meningitis se le complicase y la epilepsia sería muy difícil de controlar. Su calidad de vida, desde luego, sería mala», resume el cirujano. Ahora, el equipo mantendrá un tiempo los antibióticos y los anticonvulsivos antes de comenzar a retirarlos y comprobar si las crisis continúan. Salvo la acusada «mimitis» que le achaca su dueña, «no tiene secuelas -dice Isidro mientras comprueba cómo camina-, después de la cirugía desarrolló debilidad en las patas de atrás, pero ya la ha superado». Tanto que Kira es de las consentidas de la casa y salta para dormir al sofá. «¡Pero si tengo que pedirle permiso para sentarme!», bromea Laura sin disimular cariño alguno: «¡Mira que es fea, pero es especial. Yo la amo!». Y tanto.

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