18, ¿y ahora qué?

LICENCIA DE ADULTO Los 18 son un grado, un salto a otra etapa en la que puedes ponerte al volante, pedir una copa, votar o ir a un casino. A los 18 «lo ilegal empieza a ser legal», bromean ellos, que se han hecho adultos sin miedo, con ganas y objetivos. Apunta alto. Empieza la carrera de tu vida.


Los 18 son un salto, un gran salto, ante la ley. La mayoría de edad da sus primeros pasos «y puedes hacer locuras y hasta ir a la cárcel», dice con humor Elena, que se resiste a enseñarme su carné («¡Es que salgo fatal!»), con los 18 cumplidos estudia Publicidad y Relaciones Públicas, y sueña ya con un máster «en Madrid o Barcelona». «Cuando cumples 18 años, lo ilegal empieza a ser legal», se suma Inés, que estrenó su mayoría con una fiesta para 22 personas en el salón de su casa y se despidió de Coruña poniendo rumbo a Londres. Ahora vive en la City, donde estudia Ingeniería de Materiales. «Cumplir 18 a mí no me dio independencia, porque yo ya tenía independencia y libertad con mis padres, pero al irme a vivir a Londres sí sentí la responsabilidad. Es muy diferente. Si estás aquí tienes a tus padres, los sientes siempre ahí... pero te vas a vivir sola y es más difícil. Yo aprendí a cocinar, y a hacerlo todo, cuando me fui a Londres», comparte Inés.

A los 18 puedes ocupar, por lo legal, el asiento del conductor. «Yo fui el primero del grupo en sacarme el carné, era algo que me preocupaba bastante», dice Héctor. Y empezó Derecho en A Coruña siguiendo los pasos de un hermano mayor. «Tampoco hay muchos caminos que escoger si te quedas..., y yo me quedé para seguir en el Dépor», dice este chico «pegado a un balón» que juega en Juvenil A del Deportivo después de que le fichasen en el Ural.

VOZ Y VOTO

A los 18 puedes tomarte una copa con todas las de la ley, entrar en las discotecas con la frente alta y el carné en los dientes. «Cuando abrieron el Pelícano, yo tenía 16 años y me daba rabia no poder entrar... Al final hice amigos en la cola y una chica me dejó su carné», cuenta Elena, para la que la graduación (sin alcohol ;-) fue un momento crucial. «Ahí empezó otra etapa. Cuando me vi graduada, me emocioné. Segundo de bachillerato es un curso intenso, donde ya se ve a las personas cómo son», asegura esta apasionada de los musicales, el teatro y Operación Triunfo («Me encanta Ana Guerra») con predilección por el anuncio del Seat Ibiza y su pegadiza Máis que nada. «Es un coche que me gustaría tener. Rojo. Siempre quise un coche rojo», desliza. Elena se sacará el carné este verano, dice metiendo quinta en la conversación.

¿Cómo veis el mundo a los 18?, pregunto. ¿El mercado laboral? «Pues bastante mal», dice Inés. ¿Hay igualdad de oportunidades? No, coinciden los tres. «Pero se trabaja por mejorar. Y yo confío en que en el futuro sí haya igualdad», alienta Elena. «Con el tema del trabajo, sobre todo si eres mujer, la cosa se complica. A mí me gustaría tener un buen trabajo; no te digo ser una mujer exitosa, pero sí poder estar al cien por cien en mi trabajo. Y no parece que sea fácil con varios hijos», plantea Inés.

A los 18 es también edad de votar. ¿Cuál es hoy el gran problema social? «La política», asegura Héctor. Y Elena e Inés asienten, y matizan que en política cada cual mira su ombligo, y que «voluntad de diálogo y acuerdo hay poca».

Son jóvenes aunque sobradamente voluntarios (Elena e Inés hicieron voluntariado con personas mayores, y Héctor lo tiene en sus planes), siguen Black Mirror («un reflejo de hasta dónde pueden llevarnos las tecnologías sin control ético») y me recomiendan ver en Netflix el experimento social The Push. Se sienten conectados con el mundo y son felices, pero no todo el tiempo. Porque la vida real revienta el cristal de Instagram. Y es algo que a los 18 ellos ya saben. Que en la felicidad hay dolor aunque no quieras. Que ser mayor consiste también en saber perder.

 «Nos gustaría independizarnos pronto»

En un horizonte que parecía lejano y que ya puede tocar con los dedos ?cumplirá 18 en septiembre?, Andrea Núñez López, nacida con el cambio de siglo, se debate entre la anhelada mayoría de edad y el temor a alcanzar esa cifra que vende oportunidades y responsabilidades a partes iguales. «Durante mucho tiempo he deseado tenerlos ?reconoce?, por eso de hacerte mayor, pero también me da un poco de miedo». Mientras en otros países, los 15 marcan un antes y un después en la vida de las adolescentes ?una tradición latina que se celebra como si fuera una boda, con vestido cuasi nupcial, sesión de fotos y banquete? aquí el salto a la etapa adulta llega más tarde y de forma más discreta: «Me gustaría hacer dos fiestas, una comida con mi familia en un sitio tranquilo y luego cena y fiesta con mis amigos. Nada muy especial», cuenta Andrea. Estudia segundo de bachillerato en el instituto Rafael Dieste de A Coruña, junto a su inseparable amiga Belén Pérez González, que se acaba de estrenar como adulta ‘oficial’. Sopló dieciocho flamantes velas el pasado 18 de marzo: «Lo celebramos por partida doble. Mi familia me hizo una fiesta sorpresa, y luego organicé otra con mis compañeras». Planes a corto plazo no le faltan. «Quiero sacarme el carné de conducir cuanto antes, viajar con mis amigas y pasar un año en Londres para mejorar mi inglés, que es bastante pobre», enumera esta joven amante del surf con las ideas muy claras y a la que le gustaría hacer INEF: «Ya tengo aprobadas las pruebas físicas. Ahora solo me falta conseguir la nota para entrar».

EL SALTO A LA UNI

El sueño académico de Andrea, masticado desde bien pequeña, también tiene que ver con la educación. Estudiará para profesora de primaria. Como su amiga, quiere aprender algún idioma: «Siempre imaginé irme de Erasmus durante un curso». A ambas les gustaría hacer voluntariado en otros países ?lo de la solidaridad de las jóvenes generaciones no es un tópico?. Además, desean independizarse pronto «aunque lo veo complicado ?matiza Belén? porque hay poco trabajo y mal pagado para poder hacer frente a los gastos, una sensación agridulce que comparte Andrea: «Puede que al principio me cueste pero la idea está en mi cabeza y tarde o temprano tendré que planteármelo. Pero también hay que pensar en el dinero y en que no es fácil vivir solo sin trabajo ni estudios terminados, así que tendrán que pasar unos cuantos años para dejar el nido».

Preguntadas sobre si son muy distintos sus 18 de los de sus padres, contestan: «A ellos también les gustaba salir y divertirse pero tenían menos libertad», señala Belén. «Yo creo que la tecnología y las redes sociales lo han cambiado todo», sentencia Andrea. Y acaban con una conclusión que deja la balanza al 50%: «Se han ganado algunas cosas y se han perdido otras».

Las dos van a clases de baile dos días por semana. Pasos que, seguro, les ayudarán a moverse como pez en el agua en la nueva etapa de su vida.

 

«Por fin voy a ir a la Universidad» 

Muchos de los que tienen la mayoría de edad dicen que ser adulto fue el deseo más ridículo que tuvieron de niños. Opinión bien diferente la de los que están a las puertas de cumplir los 18 años, donde las ansias por «ser mayores» y de querer «comerse el mundo» son infinitas. María Gloria Queizán, de Lugo, es una de esas jóvenes que este año alcanzará la mayoría de edad. El 28 de diciembre cumplirá sus 18 años y le hace especialmente ilusión cumplirlos por el hecho de iniciar su etapa universitaria. Ni sacarse el carné (que lo hará), ni salir hasta las tantas de la madrugada, ni otros tópicos. Ella afronta esta nueva etapa con gran responsabilidad y pensando en su futuro laboral. «Por fin iré a la Universidad y podré prepararme para ser profesora de infantil o primaria. La educación es clave desde la base para el bien de la sociedad y para fomentar los valores básicos. No es solo por ganar dinero, que también es necesario, sino porque es un orgullo contribuir a hacer una sociedad mejor», considera esta joven, que no descarta, una vez acabado Magisterio, estudiar Psicología. Si la nota se lo permite, seguramente que sí puesto que su media actual es de sobresaliente, iniciará sus estudios de doble grado de Magisterio en Lugo, donde tan solo hay diez plazas. «Supone empezar un nuevo capítulo en mi vida y dar mi primer paso en la Universidad. Es lo primero que quiero hacer y es mi principal ilusión», indica María Gloria, que no quiere abandonar su ciudad natal, donde reside con su madre, sus abuelos y con su hermana de 4 años.

En ese sentido, esta joven no cambiará su rutina diaria, puesto que el instituto donde ahora cursa 2.º de bachillerato (el Femenino), está al lado de la Facultad de Magisterio, en la calle Ramón Ferreiro. «Aunque saque el carné, seguiré acudiendo a clases en autobús y viviendo en casa con mi familia. Todo será más o menos igual», manifiesta esta lucense para la que otro de sus sueños es ejercer de docente en Alemania durante unos años. «Me encantan los idiomas y se me dan bien. Estudio inglés y alemán y en 4.º de ESO estuve una semana en Francia haciendo un curso donde aprendí mucho. Me hice muy amiga de unos estudiantes alemanes, con los que sigo en contacto. Me encantaría pasar una etapa de mi vida trabajando en Alemania como profesora y después volver a Lugo», relata María Gloria, que no desea su mayoría de edad para independizarse, sino para empezar a sembrar su futuro. 

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