¿Y tú qué tipo de madre eres?

APISONADORA, TIGRE, NEGLIGENTE O DEMOCRÁTICA Hurgamos en la herida abierta de la maternidad... mientras esperamos por el Club de los Malospadres (que llegará por la vía del humor cuando la mayoría dé el callo en casa). Yo soy un poco cada una de estas madres y un mucho ninguna. ¿En cuál de los 4 tipos te reconoces?

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Madres hay más de una. Y dentro de una tantas como hijos y momentos. Es este un título de novela con el que Paula Daly nos perturbó hace años, y que lanzamos al aire con ánimo de incordiar: ¿Y tú qué clase de madre eres? ¿Apisonadora, tigre, negligente o democrática? Los cuatro grandes perfiles maternales, que ha considerado la psicóloga Olga Castanyer en su clasificación para el libro Voy a ser asertiva, nos piden cuentas.

En función de mis comportamientos, del día, del ánimo, de la alerta naranja en casa o las tormentas externas, me siento negligente, depredadora, más o menos helicóptero o más o menos democrática (este es el modelo al que deberíamos tender). Inquieta que el dedo acusador nos apunte a nosotras. ¿Estos tipos de madres podrían serlo de padres? «Por supuesto, madres o padres, solo que el libro en que se incluye la clasificación está centrado en las mujeres, por eso hablo de madres -explica Olga Castanyer-. La mamá tigre [el modelo que propugna Amy Chua, con el lema «hay que exigir la perfección a los hijos porque pueden alcanzarla»] sí es una mujer concienciada de que educar a los hijos es tarea solo materna».

Más allá del modelo Chua, el demoledor de Madre tigre, hijos leones, que según Castanyer genera hijos que se convierten en adultos exitosos con grandes déficit de autoestima, madres y padres deberían sentirse aludidos por igual en la educación de sus hijos. «Pero ojo, hay una inercia de las madres de ‘El niño es mío’ -repara la psicóloga-, sobre todo cuando caemos en conductas sobreprotectoras». Y es una actitud que encaja con ese padre que se escaquea en casa con el comodín de «Como soy un desastre, ya lo haces tú».

EL MODELO AL QUE TENDER

¿Haces los deberes con él porque «no puede» solo? ¿Vas a buscar a tu hijo adolescente a la salida de la discoteca a las tres de la mañana? ¿Le pides listado de sobres y notables, lo «publicas» y le comparas con otros? ¿Presumes de sus calificaciones, su nivel en piano o sus medallas de yudo? ¿Siempre prefieres estar con otros que atender a tu niño? «¿No te has fijado en que algunas madres parecen tener miedo de sus hijos? Es como si no supiesen estar con ellos, o cómo entretenerles... Es un ‘Ay, como no sé que hacer con él le llevo a esta actividad y ya está’ -plantea Olga Castanyer-. Estas son las madres, o padres, negligentes. Son las personas que suelen delegar en otros el cuidado de sus hijos. Es algo que hoy se ve bastante...». ¿Encaja en el modelo negligente la que se olvida del bocata del recreo? «Solo si hay un olvido sistemático de las necesidades del hijo, que puede deberse a problemas graves como adicciones en casa, pero no me refiero a una madre trabajadora despistada; me refiero a una negligencia de tipo afectivo. Al modelo frívolo. A no sentir la necesidad de ocuparse del niño, de estar presente, de atenderlo». En el polo opuesto a la maternidad fantasma, vuela la paternidad helicóptero. La ejercen «los padres y madres que sobrevuelan al niño constantemente -explica Olga-, le impiden soltarse y hacer las cosas por sí solo por el miedo tremendo que tienen a que sufra, ya sea física o emocionalmente». A priori, parece una intención más humana que la que mueve a las madres tigre, que quieren fabricar hijos perfectos para lucirlos en un mundo de fieras.

«Los hijos de la madre tigre basan su valía en su rendimiento. Yo he tenido pacientes así, altos directivos de éxito con la autoestima por el suelo -cuenta la experta-. Pero no te engañes, es igual de egoísta ser una madre helicóptero que una madre tigre. Porque en ambas hay un problema de fondo, el que tienen también las negligentes: la necesidad de estas madres de compensar una carencia a través de sus hijos».

El objetivo, la maternidad democrática. ¿Cómo se ejerce? «Poniendo límites pero sin minar la autoestima del niño, haciéndole sentir ‘Te quiero por lo que eres, incondicionalmente’». ¿Cómo se reconoce? «En los hijos. Son niños con personalidad. Suelen tener autoestima. Y un niño que crece con sana autoestima no tiene ninguna necesidad especial. Siente que están todas cubiertas».

Estos son los cuatro tipos

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1. Apisonadora

La madre helicóptero, la que sobrevuela al niño. «Son educaciones que se basan en un miedo tremendo a que al niño le pase algo. Son madres que están por encima del niño para evitar que sufra», explica la psicóloga Olga Castanyer. ¿La intención de la madre apisonadora es buena, pero no el resultado? «El error ayuda a aprender. La madre apisonadora crea debilidad e inseguridad en el niño, le transmite que no puede afrontar él solo las cosas». ¿Son los padres que ayudan a hacer los deberes o los que van a buscar al cole un abrigo que perdió el niño? «Sí, y los que van a recoger a sus hijos adolescentes a la discoteca de madrugada», añade.

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